LOS GIGANTES DEL PIRINEO: ¿UNA RAZA DE VISITANTES?

Conferencia pronunciada en el Congreso "Sci-Fi. Entre lo científico y lo fantástico. Homenaje a Stanley Kubrick".

Huesca, 27-10-2000

 

Dos de los mitos que con más fuerza permanecen aún en nuestros días tienen que ver con los gigantes. Nos referimos al Yeti, u Hombre de las Nieves del Himalaya, y al BigFoot, o Piesgrandes. Separados por las aguas de los oceános y por las propias sociedades, Asia y el subcontinente Norteamericano encierran en sus más altas cordilleras los misterios de dos razas míticas, unidas por características comunes: su altura y corpulencia, su largo y abundante pelo, su fuerza descomunal, son estas las características más conocidas (aunque hay otras: diferentes números de dedos en las huellas, hablar como en murmullos, el mal olor, los saltos enormes...). Sin embargo, las descripciones que nos llegan, incluso muy cercanas en el tiempo, de personas que aseguran haberlos visto, nos decepcionan por la carga de "animalidad" que se desprende de ellas. No parece que yetis ni piesgrandes tengan cerebros desarrollados, no parece que se acerquen a la mente humana más que los chimpancés o que los gorilas.

Los indios del Canadá los llaman Sasquatch, y en Estados Unidos existe un Registro de gigantes piesgrandes que contiene unas 1000 observaciones de los últimos 150 años, aunque según las estimaciones de los estudiosos, sólo se comunica una de cada diez observaciones. Existe incluso una película de 16 milímetros ( nueve metros de cinta) grabada en octubre de 1967 en los bosques de California, en la que se ve un ser cubierto de pelo y muy alto, que se vuelve un momento hacia Roger Patterson, el dueño de la cámara, antes de huir entre los árboles.(D. W. Grieve, especialista en biomecánica del Hospital Royal Free de Londres, y tres científicos rusos, Bayanev, Burtsev y Donskov, examinan la película, y señalan que no han encontrado ningún trucaje en su realización.) El Hombre de las Nieves del Himalaya también se ha dejado ver recientemente: en 1974 una pastora nepalesa asegura que ella y su rebaño fueron atacados por un Yeti, y unos años después, en 1978, una expedición inglesa organizado por el matrimonio Hunt ve y fotografía grandes huellas en la nieve alrededor de su campamento, lo mismo que hace una expedición militar un año después. Por la parte de China escasean las noticias, pero alguna llega, como los informes de un jefe de comuna llamado Pan Gensheng que tiene un encuentro con un yeti de algo más de dos metros en 1977, informes que fueron estudiados y dados a conocer por el Instituto de paleoantropología y paleontología vertebrada de la Academia China de Ciencias. Por si esto fuera poco, también en Rusia comienzan a aparecer testimonios que hablan de un ser parecido al yeti al que llaman Alma, en el que indagan el profesor Porchnev y la doctora María Juana Koffman, quienes consiguen incluso moldes de huellas, pelos y excrementos. El teniente coronel Karapetyan asegura que en 1941 vió a uno de estos alma en la región de Buinaksk, en el Cáucaso, y que llegó a capturarlo.

Indaguemos en su hábitat: cumbres nevadas, frío intenso, hielo, glaciares, simas y grietas, bosques impenetrables, rocas... El mismo ecosistema sirve para los dos arquetipos de gigantes contemporáneos. ¿No podríamos pensar que en similares circunstancias podrían hallarse nuevas especies de gigantes? ¿No podría ser el macizo pirenaico morada de yetis autóctonos?

Los Pirineos albergan los glaciares cuaternarios situados más al sur de Europa, nieves permanentes, tresmiles, y aunque cada vez más escasos, aún quedan parajes todavía no pisados por el hombre.Sin embargo, la cultura pirenaica es una de las mas antiguas del mundo, a juzgar por el rico legado arqueológico hallado, por su folklore, por su mitología, por sus tradiciones. En el siglo pasado circuló el rumor de la existencia de un Hombre de las Nieves de los Pirineos. Parece que fue visto un gigante cubierto de pelo blanco en zonas del Ripollés y Cerdaña. En el Pirineo oriental permanece una leyenda, la del Nonell de la Neu, un gigante blanco que vaga por las montañas después de ser convertido en un anciano por la maldición de una muchacha.

Pues bien, en nuestros días, en una pequeña aldea situada en los Pirineos de Aragón, Lafortunada, vive una mujer que asegura que en su juventud, siendo pastora, vió un gigante enorme, cubierto de pelo, quizá, decía ella, un extraño animal, una especie de gorila escapado de un zoológico.

La presencia de los gigantes y los hombres salvajes de los bosques es muy abundante en las leyendas del Pirineo. Esta figura mítica recibe muchos nombres. En mi diccionario de Seres Mitológicos, Fantásticos y Misteriosos de Aragón aparece una docena de denominaciones para estos seres: Ome Granizo, Chigán, Bigán o Gigant... todas estas denominaciones utilizadas en el territorio aragonés hacen referencia a su altura. El nombre de Crepazero, hace referencia a su hábitat: las grietas y placas de hielo, las crepas. El de Brinzoner, quizá haga referencia a su cuerpo velludo, teniendo en cuenta que los brinzones son plantas de apretadas hojas punzantes que tapizan laderas de los montes aragoneses, y el mito dice que a veces no son plantas, si no la espalda de una determinada especie de gigantes que se mimetizan de esa manera. La presencia misteriosa de O Biello, el Viejo, un ser inconcreto que puede aparecer en cualquier momento en la montaña, dotado de autoridad y antigüedad. También el Bosnerau o Basajarau, el mito paralelo aragonés del Basajaun vasco, gigante poderoso y velludo, que ayuda a los pastores y rige la vida de los bosques. Algunas narraciones hablan de Genios de las Nieves y de Espíritus de las Montañas, seres incorpóreos ocultos en las montañas. Por último, se habla de los moros para referirse a una raza de grandes y extraños poderes, moras llaman a las fadas o hadas, y moros son los constructores de dólmenes.

parecen dotados de un cierto aire de divinidad que los hace distintos de las descripciones de yetis y piesgrandes. De hecho, las altas montañas, que muy probablemente recibieron algún tipo de adoración, han sido personificadas en protagonistas de leyendas, grandes gigantes dotados de los mismos sentimientos de los humanos: Gratal, un gigante enamorado de Gabardiella, pero que se encuentra con la oposición radical de su padre, Gabardón, que no permite que el gigante corteje a su hija. Para solucionar los amores, Gabardón acude a buscar ayuda de su amigo, Guara, de fuerza inmensa. Guara, con su gran poder, crea un abismo en la tierra, una grieta entre las montañas, separando para siempre a Gratal de la tierra de Gabardiella. Pero las cosas no quedarán así. Gratal planea con tiempo su venganza, sabiendo que el poder de Guara es superior al suyo. Espera una noche en la que el gigante duerme recostado, con la mirada hacia el cielo. Gratal avanza desde fuera de su campo visual. No hay arma capaz de dar muerte a Guara, sólo es posible con un arma de gigante, la propia cima del monte Gratal, el afilado picacho. Gratal clava de un solo golpe la lanza de roca en el pecho del gigante dormido, que muere inmediatamente convirtiéndose en montaña, y de la herida caen piedras en lugar de sangre.

Nos encontramos en esta leyenda con dos aspectos que es preciso destacar. En primer lugar, la poderosa fuerza de esta especie, unida a unos ciertos poderes capaces de influir en la naturaleza, como lo hace Guara al modificar la orografía con una construcción ciclópea, dos enormes mallos que hoy se conocen con el nombre de Salto del Roldán, entre cuyo cortado serpentea el río Flumen. Fuerza y conocimientos para construir con piedras.

El segundo elemento en el que nos fijamos es el interés de un gigante por su enamorada, Gabardiella, que en este caso recibe también el nombre de otra montaña aragonesa, aunque mucho más baja que Gratal. Y nos preguntamos si la leyenda en realidad no estará hablando de que la especie de los gigantes va en busca de mujeres para perpetuar su descendencia, y quizá mujeres de otra raza. Este es también el argumento de otra leyenda de gigantes muy conocida: la del gigante Silbán.

Lo Silbán es un gigante conocido por los humanos, que habita en una cueva en lo alto de una montaña de Tella, y que, además de robar ganado, periódicamente rapta a mujeres humanas que desaparecen, hasta que se enamora de una de ellas, llamada Marieta, que consigue engañarlo y los habitantes del poblado lo matan envenenando su comida preferida, la leche.

En el fondo de otra leyenda, la leyenda de las Tres Serols, podría hallarse también el mismo problema, pues las tres hermanas condenadas lo son por unirse a hombres de otra raza, y el espíritu de su padre las condena a convertirse precisamente en gigantes, en gigantes con forma de montañas.

Esta característica común es importante, pues parece existir una necesidad de unirse los gigantes con la especie humana en muchas leyendas, y esa circunstancia la encontramos también en la biblia. En la biblia encontramos que (Génesis, 6,1 y 2):"Cuando comenzaron a multiplicarse los hombres sobre la tierra y tuvieron hijas, viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas, tomaron de entre ellas por mujeres a las que quisieron". Esos llamados Hijos de Dios van a ser, según un inexplicable versículo de la Biblia, los padres de los gigantes, si no los gigantes mismos. Así, en Génesis, 6, 4: "En aquel tiempo había gigantes sobre la tierra; porque después que los hijos de Dios se juntaron con las hijas de los hombres y ellas concibieron, salieron a la luz estos valientes del tiempo antiguo, jayanes (gigantes) de nombradía". (Cfr. Nueva Edición Guadalupana. Traducida por Felix Torres Amat, de la RAE).

A lo largo de los textos sagrados aparecen continuas referencias a los gigantes, enfrentados en ocasiones a los hombres. Fueron llamados por los hebreos nefilim, pero «Los 'Nefilim' ("los Caídos") tenían otros muchos nombres tribales, como 'Emim' ("Terrores), 'Repha'im' ("Debilitadores"), 'Gibborim' ("Héroes gigantes"), 'Zamzummin' ("Realizadores"), 'Anakim'("Cuellilargos" o "Portadores de collares"), 'Awwim' ("Devastadores" o "Serpientes").» (Cfr. Graves y Patai _Los mitos hebreos_, p. 95)

Se repite en muchas otras culturas primitivas la historia de la muchacha raptada por gigantes, e incluso es posible que esa otra raza sea la culpable de los changelins o niños cambiados por las hadas.

Algunos científicos, antropólogos y escritores han creído encontrar en estas citas bíblicas y tradiciones, la explicación a la existencia de los gigantes. Los gigantes serían, según esta teoría, el recuerdo de una raza de primates inteligentes anterior en el tiempo al hombre de Cromagnon, se trataría de la raza Neandhertal, desaparecida con las glaciaciones, y quizá los avistamientos de esos extraños seres de las montañas se explicarían en la pervivencia de restos de esa especie evolucionada. En todo caso, estaríamos ante un Gigantopithecus, un primate de especie desconocida.

Pero a mí me parece que las descripciones de los gigantes en las leyendas nos hacen pensar en seres muy alejados de los hombres, tanto en su aspecto exterior como en sus conocimientos muy avanzados. Como acabamos de ver, en la misma Biblia, el nombre dado a los gigantes es "hijos de Dios", seres superiores. Sus moradas son inmensas, grandes como montañas, cuando no las montañas mismas. Ciudades con murallas que se elevan hasta los cielos, se dice en la Biblia. En el pirineo, son responsables de las construcciones megalíticas: dólmenes y cromlech construidos por la gigantesca raza de los moros, o de gigantes que transportan las piedras sobre sus cabezas. En el País Vasco los llaman Mairiak, y a los dólmenes, MairiEtxe. La Losa Mora, en la Sierra de Guara está también construida por una giganta que lleva la piedra grande sobre la cabeza. La morada de Lo Silbán está en lo alto de una cueva a la que sólo puede llegarse por unas escaleras que son troncos enteros clavados en la roca y separados muchos metros unos de otros. Hay gigantes capaces de subir en dos zancadas, casi como volando, a la cima del monte Turbón, y lanzar desde allí hacia los hombres que habitan en el valle dos enormes rocas para destruirlos. Nos detenemos aquí:

Esta es la leyenda del Ome Granizo del Turbón, un gigante molestado por las continuas reuniones de los pobladores del Valle al pie de su montaña, que decide acabar con todos ellos, y para ello les lanza desde la cima del monte donde habita las dos rocas. El gigante no está sólo. Un pastor está contemplándolo todo, escondido en unas matas. Ve cómo el gigante levanta cada roca con una sóla mano. Primero arroja una, luego otra detrás. Vuelan las unda que ya no hace falta que de en el blanco porque la primera ya ha provocado la destrucción prevista. ¿cuento fantástico o naves espaciales?

Vamos a permitirnos un pequeño giro en el punto de vista de la narración del mito. O sea, vamos a hacer una pequeña pirueta de Ciencia Ficción.

El Turbón ha sido elegido por la flota de exploración como una de las bases terrestres principales. El terreno está despoblado. Las investigaciones pueden hacerse con comodidad y sigilo. Los exploradores han sido modificados genéticamente para que su constitución pueda soportar las bajas temperaturas de la atmósfera terrestre. De sus cuerpos albinos ha crecido suficiente tejido capilar como para cumplir el objetivo, además de ayudarles en la mimetización. No contaban con ser vistos. Pero allí mismo, al pie del Turbón se está reuniendo una gran cantidad de humanos. Se detectectan señales de posible violencia. El explorador avanzado en el valle, por la cánula auditiva de transmisión, recibe la orden de abandonar la base inmediatamente, y de realizar una acción ofensiva. Activa el sistema anti gravedad y en tres impulsos supera los 2.492 metros de desnivel. Una vez arriba, activa los dos misiles de lanzamiento manual, equipados con sensores inteligentes. El primero da en el objetivo y transmite al segundo la orden de detenerse. Es el momento de volver al espacio exterior, desde la base situada en el Turbón.

La cima de este monte, aún hoy rodeada de misterios y hábitat de duendes y hadas, fue considerada fábrica de chispas para hacer los relámpagos, se dice que había allí un yunque, una como fragua de Vulcano, construida en tiempos del Diluvio universal, en el que se hacian esas chispas, o a donde iban a parar todas las chispas eléctricas cuando hay tormenta. También está extendida la creencia de que allí mismo se originan las tormentas (Cuan viene boira en el Turbón, habrá tormenta en Aragón). Además de las chispas, desde el Turbón caen piedras de rayo, "aerolitos compañeros de los metoros ígneos", de aspecto ferruginoso. Escribía esto el clérigo Joaquín Manuel de Moner en 1878. Pero aún hoy, hablando con casi todas las personas que ahí viven, te cuentan que han oído decir que siempre se ven luces aquí y allá, luces que han seguido a algunos caminantes.

Y otra leyenda nos dice que en el Aneto habita un gigante del mismo nombre que lanza rayos, como el dios Júpiter o como Thor, y en su momento uno de los rayos fue a matar a Atland, un misterioso encantador que habitaba en las cumbres, y que construyó un extraño palacio flotante sobre el Monte Perdido, adonde solo podía subirse montado en un caballo alado. Como se ve, cualquiera pude imaginar con poco esfuerzo la relación entre estos gigantes y otros seres venidos de los cielos entre espectáculos de luces, fuegos y estruendo.

De una manera más discreta, la presencia de señales de otros mundos se perpetúa en las creaciones de los artesanos y los pastores aragoneses, sin que ellos mismos sean conscientes. Todos los antropólogos y los investigadores de las tradiciones montañesas han encontrado un motivo ornamental que se repite indefectiblemente en todas las creaciones artesanales, y lo han llamado "hexafolia pirenaica". Hexafolia, seis hojas, por tratarse del dibujo de una especie de flor de seis hojas; y pirenaica, por ser este espacio en el que se produce el motivo, y más concretamente en el área central del Pirineo. Los pastores tallan y han tallado desde antaño hexafolias en la madera de las cañablas, los collarones que se cuelgan de los cuellos de los bucos y los animales guía de los rebaños de vacas y ovejas. Pero fuera del ámbito pastoril, las flores míticas también adornan -¿protegen?- algunos dinteles de piedra de las puertas de las casas. Pero también nos encontramos con que hay una flor que llaman "yerba de ras bruxas", o hierba de las brujas, tambien "cardo santo" y "cardincha", y a la que se le reconoce propiedades sobrenaturales, como amuleto o talisman contra los maleficios y los seres malignos. Es la carlina acaulis, una flor espinosa que se coloca también sobre las puertas de casas y mallatas con una función protectora y que, curiosamente, en el País Vasco, llaman "Eguzki lore" o flor de sol. Es decir, nos encontramos frente a una simbología solar, con todas las virtudes sobrenaturales que rodea a un antiguo culto solar, representada por una flor natural y su recreación artística, un motivo que se ha ido transmitiendo de padres a hijos en el subconsciente colectivo de todo el pueblo montañés.

Si la simbología solar o celeste terminara aquí, quizá solo sería una anécdota, pero la cosa se complica cuando nos encontramos con los petroglifos, o piedras talladas. Aquí y allá aparecen piedras con marcas grabadas en ellas. En algunas, son como vasos o pocillos, unidos o no por canales, en otras, agujeros esféricos colocados de manera más o menos simétrica, lo que ha llevado a encontrar explicaciones legendarias del tipo huellas de caballos fantásticos, de santos y de gigantes. Y también algunas ermitas, iglesias, castillos e incluso casas, esconden entre sus piedras sillares grabados líticos de difícil explicación. La mayoría de los símbolos son líneas, líneas curvas, acaso representaciones de serpientes laberínticas. Allí quedan, para la contemplación o la duda: ¿símbolos protectores, mensajes grabados para las generaciones posteriores, claves astrológicas o astronómicas?

¿La sabiduría antigua de los gigantes de los Pirineos, visitantes de nuestros antepasados venidos de otros mundos?

©2000 Chema Gutiérrez Lera