Volver a leyendasLA NUEIBUENA MÁGICA
Leyendas del Solsticio Invernal

Artículo de Chema Gutiérrez-Lera publicado en diciembre de 2000 en la cadena de periódicos comarcales de Aragón "La Crónica de..."

La Nueibuena, la Nochebuena, fue una época mágica en las antiguas costumbres aragonesas. Aunque la mayor concentración de ritos conservados en nuestra cultura coincide con la Sanchuanada estival, no olvidemos que nuestros antepasados concebían el tiempo de una manera distinta a cómo lo hacemos ahora. La vida no consistía en el paso de los años. Antiguamente se vivía una especie de único año circular que se repetía eternamente, de una estación a otra. Eso era así porque vivían pegados a la tierra donde tenían la Casa, entendida como algo más que piedras y tejas. La Casa era la estirpe y su heredad, lo único inamovible; la tierra nacía, crecía, moría y volvía a nacer, y las personas pasaban por la vida y se quedaban después de muertos en contacto con los vivos. El tiempo era continuo, aunque se abrían algunos momentos especiales en los que se producían cambios. Coincidían con el ciclo solar, que, a su vez, regía la vida de campos y animales. Uno de esos saltos en el tiempo era la Sanchuanada, el solsticio de verano, el día en el que el sol alumbra durante más horas. En el polo opuesto está la Nueibuena, el otro solsticio del año, conocido en astronomía como el solsticio hiemal, cuando el sol alumbra menos y reina la oscuridad.

En torno a la Nueibuena los aragoneses han celebrado ritos navideños cargados de ocultas y antiguas significaciones. Estas fechas han sido propicias para las leyendas. El mundo sobrenatural entra en contacto con el real, y desata la actividad de bruxas y fadas, de brujas y hadas.

Las culturas más antiguas creían que el solsticio invernal era el momento del renacimiento del dios Sol. A partir de esta noche, volvían a crecer las horas diurnas. El cristianismo hizo coincidir el nacimiento de Cristo con esa fecha ya celebrada por otras religiones, como en las Saturnalias. Y desde siempre el fuego, con su luz y su calor, igual que el sol, fue protagonista de las ceremonias.

El ritual del fuego

Tiempo de oscuridad y misterio: bruxas, fadas y o lupo

© 2000 Texto e ilustraciones Chema Gutiérrez Lera
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