titulo facultad
Facultad de Medicina y Ciencias y Puerta de Santa Engracia

Texto elaborado por Luisa Miñana, a partir de la bibliografía reseñada

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     El primer día de la primavera de 1887 las más señeras autoridades de la ciudad de Zaragoza y el público en general asistieron con júbilo a la colocación de la primera piedra del nuevo y esperado edificio de la Facultad de Medicina y Ciencias, hoy preservada como Paraninfo de la Universidad, y que albergó entonces un hospital anejo y el Depósito de Cadáveres. Este último, ampliado con el Instituto Anatómico-Forense, ha seguido ubicado allí hasta tiempos recientes. El proyecto y obra habían sido encargados al arquitecto Ricardo Magdalena, que la entregó en julio de 1892, lista para ser equipada y ocupada con el curso académico de 1893-1894. El propio ministro de Fomento y diputado a Cortes por Zaragoza, Segismundo Moret, acudió a una vistosísima ceremonia de inauguración el 18 de octubre de 1893. La ciudadanía celebró con tanto entusiasmo la apertura de "la Facultad" que el equipo rectoral hubo de organizar visitas en los días siguientes, y se cuenta que sólo el domingo, 22 de octubre, acudieron más de diez mil personas.

     Zaragoza, que había vivido la mayor parte del siglo XIX entre convaleciente y un tanto acobardada, tras la cruel destrucción sufrida durante los hechos de la Guerra de la Independencia, parece encarar el final de la centuria con mejor ánimo y creciente prosperidad. Por fin se acomete la renovación urbanística pendiente, de la que, entre otros, será protagonista ejecutor Ricardo Magdalena desde su responsabilidad de arquitecto municipal. La Facultad de Medicina y Ciencias se levantará en un espacio conocido como "Campo de Lezcano", pasada ya la Puerta de Santa Engracia, iniciando de forma pionera la expansión de la ciudad hacia el sur. También desde la perspectiva de la comunidad universitaria, la nueva Facultad personifica la introducción de un nuevo impulso, al permitir una profunda puesta al día de los equipamientos científicos. Sólo hay que asomarse a la memoria de Santiago Ramón y Cajal, formado en la predecesora Escuela de Medicina de Zaragoza, para comprender las profundas carencias que ésta sufría tanto en dotación como en espacio disponible, ubicada como estaba en unas escuetas dependencias del Hospital Provincial de Nuestra Señora de Gracia.

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