Estos
cuadros pertenecen a una serie de pinturas en las que he
pretendido reproducir la sensación visual que la naturaleza
me produce a través de las estaciones, tamizada por una
percepción subjetiva de las formas y subordinada al color,
que se convierte en lo esencial: el verde azucarado de la
primavera apenas visible entre las flores amarillas, rojas, rosas,
violetas, blancas
; los rojos, morados y amarillos de los
frutos del verano; los cálidos anaranjados, tierras, y
ocres amarillos de las hojas del otoño; y los colores grisáceos
y fríos de los árboles en el invierno, con sus ramas
desnudas, que ya esconden en su interior el estallido de la próxima
primavera
María Fustero, marzo 2003

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