Sijena 2

cronista

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Texto elaborado por Luisa Miñana, a partir de la bibliografía reseñada

lminana @ able.es

© 2003, de las fotografías, Miguel Angel Latorre


     En siglo XII, la reconquista cristiana frente al poder musulmán ha alcanzado ya las tierras del Ebro y se hace preciso colonizar el territorio y asentar población. Entre los ríos Cinca y Alcanadre y los Monegros se extiende una zona que escapaba a la influencia de los monasterios del norte y de los asentamientos monásticos al este y al oeste. Con esta necesidad colonizadora y repobladora tiene que ver el interés de la corona, manifestado en la persona de la reina doña Sancha, siempre apoyada por su esposo, el rey Alfonso II, en la fundación del Monasterio de Santa María Reina, en la villa de Sijena.

Monasterio de Sijena (Huesca)

     Emplazado en una vega pródiga, asomado a las sierras que limitan los secarrales monegrinos, próximo a una pequeña laguna hasta la que, según la leyenda que sirvió de excusa y motivación popular, se venía la Virgen una y otra vez desde la ermita de Sijena, el Monasterio fue fundado y habitado en 1188, contándose su inauguración el 23 de abril de ese año, si bien la construcción de los nuevos edificios monacales llevaría bastante más tiempo. El conjunto conventual se levantará sobre la misma laguna de la leyenda, y la antigua villa de Sijena desaparece, creándose una nueva población muy próxima, la de la actual Villanueva de Sijena.

     La fundación no costó pocos esfuerzos y negociaciones a la reina Sancha. Sijena era entonces feudataria de la Orden de San Juan de Jerusalén, existiendo ya una casa de frailes desde la época de Ramón Berenguer IV. Para conseguir el territorio necesario para el asentamiento monástico, la reina pidió a los de Jerusalén las villas de Sena, Sijena y Urgelet. A cambio les promete que el nuevo monasterio acogerá religiosas de la Orden de San Juan y les entrega el castillo y villa de Santa Lecina y el Pueyo de Santa Cruz. En el fondo, el trato interesaba a ambas partes, así como también a la nobleza aragonesa, que proporcionó un buen número de las "dueñas" que habitaron el recinto conventual, sobre todo en los dos primeros siglos. El monasterio mantendría siempre su vinculación con la Corona de Aragón, al tiempo que su obediencia a la Castellanía de Amposta, rectora de la orden hospitalaria en los territorios de la corona aragonesa, hasta que en el siglo XIII se materialice la ruptura con ésta última, incurriendo la institución sijenense en pena de excomunión.


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