Sijena 3

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Monasterio de Sijena (Huesca)


     El monasterio se rigió en un principio por la regla de San Agustín, propia del Hospital. Aunque pronto, el obispo oscense Ricardo creó para él una nueva regla, aprobada por Roma. Esta se observará hasta que el paso del tiempo y los muchos avatares que acumula el cenobio hacen necesario su puesta al día en 1588 cuando se aprueba la "Tercera Regla". La dirección del convento, tanto en su rama femenina como en la masculina, estuvo siempre en manos de la priora. La organización interna del claustro femenino, el de mayor peso e importancia, estructuraba tres estamentos diferentes: el de las dueñas o sorores, las puellae o niñas confiadas en su educación al monasterio, y las sirvientas u obedenciales, al servicio de las anteriores. En cuanto a los diferentes cargos de las monjas sijenenses, estaban el de subpriorisa, sacrista (encargada del cuidado de las lámparas, incensarios y del toque de la campanilla), magistra (que imparte la educación cultural y religiosa), cantrix o paraphonista (dirige los cantos y rezos del coro), refectoraria (dirige el comedor); cellararia o clavera (controla las llaves de todas las estancias), dormitaria, helemosinaria, etc.

     El carácter cortesano-religioso de Sijena convierte en inevitable que el monasterio acabe sometido al acontecer político, que marcará de cerca sus períodos de esplendor y de decadencia, muy bien expuestos por el profesor Agustín Ubieto.

     Sijena tiene una ubicación estratégica, que lo convierte en piedra angular de un amplio territorio, muy poco poblado y expuesto todavía, en torno a las fechas de fundación del convento, a los enfrentamientos de musulmanes y cristianos. La misión fundamental que la monarquía encomienda al monasterio será pues la de repoblación, concediéndole sucesivos territorios y atrayendo a ellos pobladores mediante la adjudicación de treudos y cartas de población a villas de señorío.

     Hasta mediados del siglo XIII, Sijena crece territorialmente de forma continúa gracias a las donaciones reales y de la nobleza. A las primeras aportaciones de la reina Sancha, siguieron las de su esposo, Alfonso II, que cedió Ontiñena y sus posesiones en Alcubierre; posteriormente, Pedro II entregó Candasnos, Lanaja y Ballobar, y Jaime I hizo lo mismo con los castillos y villas de Sariñena, Bujaraloz y Peñalba. Igualmente las familias nobles, muchas de las que, como hemos dicho, entregaron a sus hijas al monasterio, entregaron posesiones muchas veces como dote, de tal manera que éste acumuló un gran número de núcleos de población en lugares como Huesca, Barbastro, Lérida, Tortosa, Montroig, Calamocha. El monasterio recibe también muchos donativos de particulares, y realiza además una política de compra de bienes, aunque ésta última representará siempre un porcentaje muy pequeño respecto a las donaciones acumuladas.

Monasterio de Sijena (Huesca)

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