Marcial 4.

cronista

      A esta situación personal, insegura aunque muy apañada, había llegado tras los primeros dieciséis años en Roma de penurias y anonimato, en los que sus ocupaciones no debieron ser de las más recomendables (parece conocer bastante bien el ambiente de la alcahuetería y la prostitución) ni valoradas socialmente (debió ejercer como histrión para algún que otro patrón.)

      Marco Valerio Marcial había llegado a Roma en el verano del año 64, contando algo más de 20 de edad y después de haber pasado por Cádiz, cuando se produce el pavoroso incendio de la ciudad que siempre se asociará al mandato del inestable Nerón. Su primer conocimiento de la capital del imperio le enseñó de golpe el caos, el desorden, pero también el gran espíritu romano de sobrevivencia y superación que había sostenido a Roma tantos siglos y con el que se reconstruyó y modernizó la ciudad rápidamente, incluyendo el nuevo palacio neroniano de la Domus Aurea. Le mostró también enseguida la fragilidad de la fortuna y de la vida en los aledaños del poder, puesto que sus seguramente primeros protectores, los Anneos hispanos, Séneca y su sobrino el poeta Lucano, caen al año siguiente en desgracia, arrastrados por el descubrimiento de una conjura contra el emperador y para restaurar la República, y han de suicidarse. Será la viuda de Lucano, Pola Argentaria, quien siga ayudándole. Lo mismo que otros amigos y, a menudo también patrocinadores y curadores: Liciniano, paisano de Bilbilis y abogado; o Sura, hispano, cónsul

     "Varón digno de ser celebrado por las gentes de Celtiberia, gloria de nuestra España, vas a ver, Liciniano, la alta Bilbilis, ilustre por sus caballos y sus armas… Que otro haga méritos para un largo y frenético ¡bravo! ; tú compadécete de la gente feliz, y disfruta con sencillez de los goces verdaderos, mientras consigue aplausos tu amigo Sura…(Libro 1, XLIX.)

      Canio, poeta gaditano y amigo

     "Dime, Musa, qué hace mi amigo Rufo. ¿Confía a páginas inmortales los acontecimientos de la época de los Claudios, o bien los que un escritor falsario atribuye a Nerón? … ¿O habiendo marchado ya a la veraniega Bayas, se pasea perezosamente en barca en el lago Lucrino? - ¿Quieres saber lo que hace tu amigo Canio? Se ríe de todo"(Libro 3, XX.)

     Julio Marcial

     "Te envío mi sexto libro, Marcial, que te cuentas entre mis amigos más queridos: si lo corriges con oído atento, osará presentarse con menos ansiedad y temor ante las poderosas manos de César" (Libro 6, I.)

     "Unas pocas yugadas de Julio Marcial, más fecundas que los jardines de las Hespérides se extienden a lo largo de la cresta del Janículo. Amplios bancales se van deslizando en los collados y una explanada en lo alto del pequeño alcor goza de un cielo más despejado y, con la neblina cubriendo las hondonadas de los valles, brilla con una luz especial: las delicadas techumbres de una elevada villa se alzan suavemente hacia las brillantes estrellas… Vosotros, los que ahora todo lo encontráis pequeño, domeñad al fresco Tíbur o a Preneste con cien legiones y entregad Setia, colgada de su colina, a un solo colono, con tal que, a juicio mío, prefieran a todo eso las pocas yugadas de Julio Marcial (Libro 4, LXIV.)I.)

      Marcial valora especialmente la amistad en todo lo que tiene de apoyo recíproco y generosidad

     "Si te queda un hueco para amigos nuevos/ - ya que tienes, por todas partes, tantos -,/ te lo pido, Fusco: tú no me rechaces/ por ser nuevo, que tus amigos viejos/ también debieron serlo en otro tiempo./ Que lo que hay que mirar es sólo eso:/ si el nuevo amigo llegará a ser viejo." (Libro 1, LIV.)

      "Junto al fiel Fabricio descansa Aquino, que se goza de haber sido el primero de los dos en bajar a las moradas Elíseas. Su doble ara da testimonio de su grado de centurión primipilo; pero lo más valioso es lo que se lee en su breve epitafio: Unidos los dos por el sagrado vínculo de una vida gloriosa, y lo que rara vez conoce la fama, ¡eran amigos!" (Libro 1, XCIII.)

      mientras que detesta el ambiente, por lo general malintencionado y entrometido, de los escritores

      "Aunque no publicas tus poemas, criticas lo míos, Lelio. O deja de criticar los míos o publica los tuyos" (Libro 1, XCI.)


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