Marcial 5.

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Marcial pequeño
Marcial titulo

     Roma le fascina y le abruma al mismo tiempo. La vida de Roma se convierte en fuente, motivo y excusa constante de su literatura, y prácticamente no hay ambiente ni comportamiento ni tipos sociales que no sean objeto de su aguda mirada y diseccione su acerada lengua. Y todo merece su juicio y opinión buena o mala. Marcial lo mira todo, oye todo, e intenta mantener su individualidad en una ciudad en la que nada hay blanco ni negro, en la que todos parecen tener algo que callar, y en la que abundan las corruptelas y traiciones, pero en la que también hay lugar para la ingenuidad, la integridad moral y la felicidad. Los borrachos, tacaños, sucios, maledicentes, parásitos sociales y embaucadores, vanidosos y pretenciosos sin sustancia se mezclan en la retina de Marcial y en sus versos con la dulzura de los niños inocentes, la valentía y heroísmo de los gladiadores, la felicidad nupcial de los jóvenes y la rectitud moral y serenidad de los matrimonios romanos, o la amistad agradecida. Como asevera el bilbilitano, no hay vino puro

     "Las uvas azotadas/ por tantos chaparrones/ están aguadas. Ahora, aunque quisieras,/ no puedes, tabernero, vender/ vino puro" (Libro 1, LVI.)

     Cualquier instante y aspecto de la vida y de las personas, cualquier detalle por rutinario y nimio que pueda ser, se hace con Marcial literatura: la hora de levantarse por la mañana, el barrio, el desarrollo de una cena, los alimentos que procura el campo, el ambiente de las tabernas, y las costumbres sexuales, por supuesto, que Marcial describe con tanta libertad de lenguaje y a menudo tan satíricamente. Marcial hace "poesía de la vida", huyendo siempre de la grandilocuencia retórica y de la tragedia; la vida es más bien siempre tragicomedia y el epigrama la forma poética más adecuada para expresarlo

     "No sabe, créeme, lo que son los epigramas, Flaco, quien los llama únicamente pasatiempos y juegos. Hace pasatiempos más bien el que describe el almuerzo del cruel Tereo o tu cena, indigesto Tiestes, o a Dédalo adaptando a su hijo las alas derretibles, o a Polifemo apacentando las ovejas sicilianas. Mis libros están exentos de toda hinchanzón y mi musa no se envanece con el ropaje de locos de los trágicos. - Sin embargo esas obras todos las elogian, las admiran, las veneran. - Lo admito: alaban eso, pero leen esto" (Libro 4, XLIX.)

     "Díme, por favor, Sexto, ¿qué placer encuentras en escribir páginas que a duras penas puede entender el mismo Modesto, y son un enigma para Clarano?. Tus libros necesitan no un lector, sino un Apolo. Según tu parecer Cinna fue mejor poeta que Virgilio. Que tus versos, Sexto, sean elogiados por esa condición, que los míos gusten a los gramáticos sin necesidad de que sean gramáticos" (Libro 10, XXI.)

     "Con mis versos de once pies y de once sílabas, con mucho humor, pero no malsano, yo soy aquel Marcial al que conocen todas las gentes y todos los pueblos. ¿Pero por qué me envidiáis? El caballo Andremón es más conocido que yo" (Libro 10, IX.)

     "Tengo libros que podría leer/ la mujer de Catón y las castísimas/ Sabinas. Pero éste/ quiero que sea divertido,/ que sea todo risa y el peor de todos/ los míos. Que esté/ como borracho de abundante vino,/ y que no se avergüence/ de andar ungido con aceites de Cosmo./ Que se divierta con los mancebos, que ame/ a las muchachas,/ que nombre sin rodeos ese miembro/ en el que está el origen de la vida/ del que todos nacemos, al que llamaba/ "méntula" el venerable Numa./ Pero, Apolinar, no olvides que estos versos/ son para celebrar las Saturnales;/ este libro no refleja mis costumbres". (Libro 11, XV).

     "Creo haber observado en mis libritos tal moderación, que no pueda quejarse de ellos quien tenga buen sentido de sí, porque busco la hilaridad conservando, incluso hacia las personas más humildes, un respeto del que carecieron los autores antiguos hasta el punto de que no sólo usaron los nombres reales, sino incluso los más conspicuos. - Que pueda yo adquirir la fama a menos precio, y que la cualidad suprema que en mí se reconozca sea el ingenio. - Lejos de la franqueza de mis gracejos un intérprete malicioso y no escriba epigramas míos: no obra honradamente quien se manifiesta ingenioso en el libro de otro. - El verismo lascivo de mis palabras, esto es, del lenguaje propio de los epigramas, yo lo excusaría si mi obra fuera el modelo; pero así escribe Catulo, así Marso, así Pedón, así Getúlico, así quienquiera que es muy leído. - Si hay alguien, no obstante, de una severidad tan afectada, que no resiste ni una sola página escrita en latín, puede darse por contento con esta epístola, o, mejor, con el título. - Los epigramas se escriben para los que suelen asistir a los Florales. Que Catón no entre en mi teatro o, si entrare, que mire. - Creo que no me saldré de mis derechos si cierro la epístola con unos versos:

Conociendo los dulces ritos de la jocosa Flora,
las chanzas festivas y la licencia del vulgo,
¿por qué has venido, severo Catón, al teatro?.
¿No habrás venido tan sólo para salirte? "(Libro 1, epístola)

Marcial(^sobrenombres)
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