¿Que es un Cuento?. 8. Monica Maud.

Literatura.

Cronista
Titulo: De Cuento
     Cuentos y cuentos

     Iracundia

     Camino solo entre las tinieblas del callejón. El humo de los desagües fastidia mi garganta, una y otra vez.

     El silbido atravesó mi cuerpo y quedé inmóvil. Me volví y él, imponente apareció.

     - ¿Cómo te atreves a cruzar por el desierto del perdón, insolente? – Lanzó.

     Entre confusos rugidos y fieros manotazos, me cegó su pecado. Que advertí por primera vez dentro de mí, enclavado en mis entrañas. Intenté escapar, no sería yo, corrí hasta el final de la calle.

     La luz apareció piadosa y me mostró el camino. Se acobardó mi corazón y sentí el agotamiento en el centro de las vísceras. Di la espalda, regresé hacia la oscuridad.

     Él me esperaba con una sonrisa irónica; del triunfo.

     - No podrás huir de ti – Me dijo y en un movimiento de fuego, me extendió una pezuña.

     Me dejé conducir hacia sitios extraños. En cada rincón encontré a hombres quisquillosos que gritaban en sus lamentos los amaneceres perdidos y también, los olvidados.

     El gran gemido se hizo escuchar al final del trayecto. Un aullido infecundo. Busqué hacia los lados. No pude volver. El alarido se oía con mayor claridad; a mi lado. Mas, no pude ver de dónde emergía. Y mientras más me alejaba, más sonoro, el grito.

     La bestia me incitó señalando con el índice hacia arriba. Alcé la mirada. Ella, la pequeña manchada de mi sangre, yacía dentro del féretro. Ella, mi amada, maldecía la ira de mi postrer expiración.

     Miré desesperado a la bestia, que asentía la visión. Tomó un leño cercano, encendió mis vestiduras y rió a carcajadas. Ya envuelto en llamas, escuché:

     - No podrás huir de ti, ni siquiera ahora que te has convertido en la sombra de tu propio espíritu.

     Fue cremado mi cadáver, para olvidarme. El cuerpecito de la niña se honró para no olvidarme. Beatriz me perdonó para olvidarme. Por momentos, su piel roza mis mejillas abrasadas, pero la alimaña se ocupa de que no me alcance. Y el aullido iracundo escapa de mis labios.


© 2005 de los textos, Mónica Maud *



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