Stig Larsson. 2.
Omar Rojas. Poesia Traducción Sweden Poesie

Cronista
Stig Larsson

vISTO Y VER

Sedd och se ---> leer


Visto y ver
¿La voluntad me verá?
Sólo ella
podría. Pero

si me viese, ven
al instante, tornedad.
Traje ligero de pliegues –como una mujer que transita por una habitación–

que visten aquellos que dicen “hablo verdad yo que hablo”, depuesto
a la espera de lo que será verdad. Nadie ha dicho
que yo, con este pensamiento, exista aquí.
Tengo nada respaldando mi presencia.
Pero siento… Sí, estas personas
excitan con su coloratura; yo debería

ver sus cualidades como al sexo femenino irisciente
dentro de una risa altiva o turbada que se distingue
en el susurro de los invitados sentados a la mesa. Ve cómo la voluntad
podría verme: ¡con todos los olores!


Si pudiese ver mi manera de ser durante un largo rato –
 (¿Puedo?
 listo; si
 puedo)

Si pudiese –a partir de la larga medida del tiempo de extinción de los seres–
verme
a mi mismo en cualquier sitio a la lejanía: acaso
           manos arriba,
acaso inclinado hacia el frente para levantar algo, no importa
cómo esté, sino que soy, puedo ser.
Y luego me veo,
puedo verme ser.
Rostro lírico. Pero
está equivocado –rostro equivocado, cuerpo equivocado, todo equivocado.


Con la cruz del nacimiento,
lágrimas nuevas,
siempre así.
Todos claros justo ésta,
y sólo ésta única niñez,
esta risa joven;
que uno puede ver a alguien lloroso, ronco, divertirse tanto,
este se
reúne,
ya no ríe, Silencio –

silencios diferentes. Cuando veo a alguien
tratando de sacarle un secreto a un amigo,
silencio de cierta viveza. Mi silencio – espera

ninguna respuesta.
La vida –qué joven sigo, por más que conozco la imagen del desinterés de los otros–
aún como nieve en el aire, la naturaleza pronto ausente,
adormecida.
Aquí no –
                      no estoy aquí.
Aquí: lo que no he captado.
       – un aura diminuta; casi redonda, más bien oval, blanca lunar,
       más o menos del doble del tamaño solar, de todos modos
       limitado, pequeño en comparación con las demás auras
Si pienso todo lo que pienso se vuelve algo
exterior.
Está (ahora)
desvaneciéndose. Yo la desvanezco todo el tiempo.
No la he
dejado
el tiempo suficiente
para poder captarla,
por lo cual se ha identificado con la impresión siguiente.
Sí a la luz ahí.
–pálida, finita
La pálida, finita.


Una excepción,
tan arbitraria como el momento de la fecundación
hacia todos los otros momentos a su alrededor, tan total,
franco: nadie puede dudar
de ese hombre
que estoy a punto de ver.

Veo a ese hombre
con el mismo derecho de fuego. Yo soy incineración,
tengo que dar tanto calor como muerte, toda luz
es así, voluntad asimismo. Yo puedo ahora –

y es como si a través de esto se me hubiese privado de
algo decisivo,
       puede ser la sensación de ser cubierto, igual a
       cuando uno de pequeño estaba finalmente en casa
       entre sus cosas, en un adormilamiento agradable
       y entonces con la neblina que siempre está en torno a uno
       en el adormilamiento,
       los colores sabios de la noche, la ausencia de colores claros –

con ayuda de éste que enfrenta mi mirada,
ahora puedo
decir
algo. Abro la boca, universo,
punta de lengua, todo.
Sol de Medianoche, Estocolmo

© 2005 de la imagen, Eugenia Nuñez

© 2005 de la traducción, Tigran Feiler y Omar Rojas

Stig Larsson: Un niño gritaSiguiente Página
Siguiente Página

Inicio


Ir a portada Cronista

©2005 El Cronista de la red