José Luis Borau

JOSÉ LUIS BORAU, un hombre de cine -4


      Con el tiempo, la combinación de sus aficiones, el cine y la literatura, de la cual ha adquirido también el gusto y la costumbre de escribir sus propios relatos, encuentra un idóneo vehículo de expresión en el empleo que José Luis Borau consigue como crítico de cine para el periódico Heraldo de Aragón, lo que le permite, además de desarrollar su estilo de escritura, dar rienda suelta a un agudo espíritu crítico. José Luis apenas cuenta con veinticuatro años cuando se hace cargo de la crítica cinematográfica del diario (temblores y flojera de piernas entran ante la idea de que un joven hoy en día pudiera aspirar a esa edad a puesto tan relevante, y los imprevisibles resultados provenientes de la ausencia de referentes culturales que tal medida podría provocar, seguramente muy distintos a los certeros y rigurosos comentarios fílmicos de Borau durante esta etapa como crítico). Entre 1953 y 1956, Borau se dedica a desempeñar esta labor, firmando con su propio nombre o bien con el pseudónimo de David reseñas de los estrenos cinematográficos de la cartelera zaragozana, películas españolas que propagan los valores y principios del régimen o producciones americanas esperadísimas y que han pasado por el tamiz de la censura una vez abierta la mano por las autoridades o con los remiendos correspondientes para camuflar lo que no debía llegar al público (caso flagrante el de Mogambo, 1953, de John Ford, donde fue mucho peor el remedio que la enfermedad, convirtiendo una historia de adulterio en un incesto) pero también elaborando crónicas de festivales tan prestigiosos como Cannes o San Sebastián (donde ganará la Concha de Oro veinte años más tarde). De sus viajes de festival en festival, Borau recuerda la anécdota de cómo llegó a conocer a Pablo Picasso, quien recibió al futuro cineasta y a sus acompañantes, todos desconocidos para él, como un magnífico anfitrión. Un recuerdo un poco más amargo es su intento por conocer a Charles Chaplin aprovechando su paso por Vevey, la localidad suiza donde el cineasta inglés se había refugiado tras su exilio de Estados Unidos a causa de la persecución del Comité de Actividades Antiamericanas del senador McCarthy, que le acusaba de comunismo: tras acechar la casa del genio durante mucho rato y después de un intento infructuoso de ser recibido, tuvo que conformarse con ver a Chaplin, o al hombre que él tomó por Chaplin, a través de la ventanilla de un coche que se marchaba de la casa.


José Luis Borau

     Pero de momento el cine sigue siendo para Borau una pasión y un entretenimiento. Es preciso buscarse un futuro, y por ello, una vez finalizados sus estudios de Derecho, se presenta a unas oposiciones convocadas en el Instituto de la Vivienda, en las que obtiene plaza. Su nuevo puesto le obliga a cambiar Zaragoza por Madrid, aunque durante algún tiempo continúa escribiendo puntualmente sus crónicas cinematográficas. Sin embargo, la tentación es demasiado fuerte, y una vez en la capital no tarda en solicitar inmediatamente el ingreso en el Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas (antigua Escuela Oficial de Cinematografía) de Madrid, en el que obtiene el diploma en dirección en 1960, a los treinta y un años. Para la obtención del título es preceptiva la realización de un primer trabajo cinematográfico, y Borau cumple con nota con su ópera prima, En el río, que enseguida es recibida con el aplauso de la crítica y que le permite conseguir el premio fin de carrera del Instituto. Por otro lado, la película de Borau entusiasma e inquieta por igual a sus mentores, por la gran calidad de una cinta perteneciente a un estudiante, pero también por el "peligroso" tema de la cinta, un joven seminarista, ingenuo y apocado, y las impresiones que en él genera una pareja de turistas norteamericanos que van a parar al pueblo donde el joven pasa sus vacaciones, un pintoresco lugar deprimido, atrasado, tradicional, en el que nunca pasa nada, perdido al margen de la modernidad y los nuevos tiempos, donde Borau realiza un retrato nada conformista con la situación española frente a los valores que predominan en los países de nuestro entorno.

Furtivos
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© texto 2007 Alfredo Moreno
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Versión 15.0- Septiembre 2007