Second Life 2

Second life

Second life -2


     Han sido meses en los que yo y la que yo era hemos intercambiado secretos y sabidurías para poder llegar al final de la transformación en buenas condiciones. La oruga ya conoce cómo será la mariposa, cuando teje su crisálida. Meses relativamente felices, a pesar de que el exmarido es un pesado de tomo y lomo. Es lo único de ella que todavía me acobarda y me paraliza. El exmarido es un bobo, insufrible pero inofensivo. Un sinsustancia. Aunque ejercita una venganza insoportable. Lo hace como los niños, haciéndose el niño, con llamadas y mensajitos machacantes que se hacen intolerables. Y está claro que no me dejará en paz. Ayer tuve la certeza. El pulsa las teclas del teléfono y se pone en marcha una corriente eléctrica que me paraliza. Como también lo hacía en ella su voz arrebolada. Siempre la misma entonación, dedicada a desarmarla. Me protege el espejo, pero el espejo es frágil. Y aunque yo ya no soy la que era, ella sigue habitando en mí. Por eso es él todavía poderoso, aunque yo le desprecie, aunque ni huella quede de su aliento en mi piel renovada, transformada.

     No hay, pues, más remedio. No elegí el camino de la transformación. Sucedió como en un cuento infantil, por suerte y por casualidad. Pero el guión exige ceñirse a la aventura y concluirla con valor, vencer el miedo y demostrar que siempre se camina hacia delante. Uno más uno, dos. No hay lugar para mirar atrás, bien cierto que es. No habrá más mensajes ni llamadas del dragón. Le hice un arreglito a mi cuerpo en el quirófano. Reuní la decisión de escribir a la dirección del cuaderno rojo. Ya sólo resta desconectar el teléfono fijo, cambiar de móvil, de correo electrónico y volar. Seré una mujer-pájaro y hablarán de mí todos los viejos conocidos con asombro. Es posible que en la dirección del cuaderno rojo no haya nadie. Lo sé. Y no es que importe mucho. Porque aunque palpo mi piel de veinticinco años, tampoco yo soy ya la que era. Al fin y al cabo tengo ya más de cien.

© texto 2007 Luisa Miñana

© ilustración 2007 Chema Lera

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©2007 El Cronista de la red

Versión 15.0- Septiembre 2007