"La marea del despertar" Roberto Malo. Hegemon. 2007.


     Dice la contracubierta de "La marea del despertar", el último libro de Roberto Malo:

     "Jesús, un joven músico, descubre para su sorpresa que tiene la facultad de, al dormirse, ir al mundo de los sueños con las mismas ropas, o falta de ellas, con las que se ha acostado en la realidad. De semejante modo, pronto se dará cuenta de que si se adormece en nuestro mundo con cualquier tipo de objeto, el mismo irá con él al universo onírico; e incluso, una vez allí, puede traerse de vuelta algo del ensueño…"

     Roberto Malo, de tanto contar y contar, - es además de escritor, cuentacuentos y animador cultural- debe andar hace tiempo ya del otro lado, o por lo menos con la mitad arlequiniana de su personalidad permanentemente atrapada en la parte onírica del espejo. Por eso ha escrito una novela trágico-divertida, que es una forma de ser que me parece muy propia de este siglo 21.

     Es una novela fantástica, digamos que en grado sumo en atención al derroche de imaginación elegantísima ejercido por el autor, y a través del cual los sueños del protagonista se manifiestan en sucesión de planos que se abren y se cierran, con una estética que recuerda el ritmo imposible de los video-juegos, pero también la visión deformada y delatora de la literatura de fantasía, si por ella entendemos obras monumentales como "Alicia en el país de las maravillas" o "Los viajes de Gulliver". Aunque la novela de Roberto Malo se acerca mejor a los parámetros del absurdo, con momentos realmente magníficos en este sentido, como el de la ninfómana o el acoso al protagonista por parte de unos terroristas.

     Es una novela de lenguaje directo, efectivo, y lleno de humor y de ironía, de gran frescura. De lectura relampagueante. Yo diría que en línea con el humor inteligente y no exento de ternura de la mejor tradición española, representada en sus más altos exponentes por Gómez de la Serna o Mihura, y en la que Malo parece nadar muy bien.

     Pero también es una novela calderoniana. De doble vía entre la realidad y el sueño. Porque el humor no es sino un forma de digerir lo trágico. Y "La marea del despertar" parece un formidable atrezzo donde desaparecer y no saber, un impecable truco de prestidigitación, que entraña tremendos riesgos en ese recorrido de ida y vuelta:

     "Entonces sentí la ropa que envolvía mi cuerpo, los zapatos que rodeaban mis pies, la habitación que me observaba con curiosidad; seguramente sus mudas paredes pensarían: ¿Y éste por qué se acuesta vestido?

     ¿Y por qué se acuesta con una cámara fotográfica?", seguí pensando mientras me liberaba de ella, sacando la correa por encima de mi cabeza; al hacerlo sentí en el cuello una ligera rozadura.

     La tomé en mis manos, encendí la luz de la habitación y observé el contador, el pequeño círculo indicador del número de fotos tiradas. Había un 5. Cinco fotos. Cinco fotos hechas en sueños. Más o menos, recordaba haberlas hecho. ¿Saldrían al revelarlas?"

     En fin, ¿quién no ha querido alguna vez quedarse para siempre dentro de uno de sus sueños? ¿Y quién no ha temido que sucediera?

La marea del despertar

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Versión 16.0- Enero 2008