Lo maravilloso utopico

Alegato a favor de lo "maravilloso" utópico - 4-


     El excedente del imaginario que recupera la utopía tiene una significativa dimensión latinoamericana. Son los arquetipos "poéticamente activos", los que subyacen en las categorías de lo imaginario de las representaciones utópicas en buena parte de esta literatura. José Lezama Lima hace operar esta fuerza activa a partir del distingo entre imagen y posibilidad: el potens con que se inviste la palabra y la carga subversiva con que el imaginario se proyecta. De la tensión entre ambas surgen las posibilidades de la apuesta literaria en lo utópico, sobre la cual Lezama construye buena parte de su obra, tanto poética como narrativa. Paradiso, desde su propio título, es un buen ejemplo.

     Se trata, para todas estas obras, de incursionar en la esfera emancipadora del pensamiento y de abrirla al espacio de la imaginación, aunque parezca referida a contenidos irracionales de la esperanza o a arquetipos y mitos de resonancias arcaicas. Esta última tiene una poco estudiada representación americana, ya que la relación intensa que la utopía mantiene con el pasado, reanima los estereotipos arcaicos de la conciencia, lo cual puede conducir al utopismo que busca soluciones a los problemas actuales en modelos históricamente obsoletos. Más frecuente de lo que se imagina, los tópicos del utopismo fundado en el pasado surgen en los planteos revolucionarios y en los ecologistas e indigenistas que reivindican una presunta Edad de Oro prehispánica destruida con la llegada de los conquistadores.

     La idealización de la "condición primera" de los orígenes se refleja en la narrativa, a través de la representación de pueblos arcádicos, viviendo felices gracias al aislamiento (Macondo en la obra de Gabriel García Márquez, Rumí en El mundo es ancho y ajeno de Ciro Alegría) y a una mitificación de lo "primitivo", tiempo y espacio insularizado cuya destrucción proviene siempre de una agresión exterior. El acceso a esos "paraísos perdidos" se realiza a través de viajes iniciáticos y de revelación. Basta citar Los pasos perdidos de Alejo Carpentier para la selva, Crónica de San Gabriel de Julio Ramón Ribeyro para la sierra andina, Cuatro años a bordo de mi mismo de Eduardo Zalamea Borda para el desierto, Don Segundo Sombra de Ricardo Güiraldes para la pampa argentina.


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Utopía de Moro


     La búsqueda de la utopía es, en otros casos, sinónimo del mito de la tierra prometida. Los gauchos judíos de Alberto Gerchunoff, El inglés de los güesos de Benito Lynch, Canáán de Graça Aranha, Madre América de Max Dickmann, Puerto América de Luis María Albamonte, entre otros, construyen ese "espacio del anhelo".

     En el caso del Brasil esa búsqueda de la tierra prometida se inscribe en el futuro, en un progreso que no le teme ni a la máquina, ni a la técnica, ni a ese "tren fantasma" con que Francisco Foot Hardman simboliza el esfuerzo de modernización en la selva (5).Las utopías que la acompañan no hacen sino legitimar la vertiente literaria radical en que se expresan. Los ejemplos de Canáan de Graça de Aranha, Un paraíso perdido de Euclides da Cunha, la "parábola" La esclava que no es Isaura y la burlona alegoría de Macunaíma de Mario de Andrade, Marco Zero de Oswald de Andrade y la reciente parodia Utopía selvagem de Darcy Ribeiro, lo prueban con largueza.

     Utopía que puede reducirse a la dimensión individual en Don Casmurro de Machado de Assis donde se cuenta como un hombre enfermo reconstruye en sus mínimos detalles la casa de su infancia para reencontrar los seres que lo rodearon en el pasado. En esa reproducción exacta, espacio recreado en el que se incluyen las decoraciones de las paredes y cielos rasos, Don Casmurro intenta recuperar el tiempo perdido. En esta fundación, el hombre busca reconstruir los muros que protegieron su infancia y juventud. El nuevo espacio utópico creado lo securiza, envuelve la historia vivida y reenvía fácilmente a los recuerdos que emergen entonces sin dificultad.

      (5) Francisco Foot Hardman, Trem fantasma: a modernidade na selva, Compañía das Letras, Sao Paulo, 1991.

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© texto 2008 Fernando Aínsa

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Versión 16.0- Enero 2008