Londres
¿ Qué tal por Londres?.-2-


     La segunda, la naturaleza. Es como salir al campo, como ir de excursión. He visto más flores, árboles y bichos que un fin de semana en el Pirineo -ese Pirineo que nos lo están destrozando a marchas forzadas. Y me dan envidia, muchísima envidia (otras cosas también). Y ¡qué parques!, ¡dios mío!, ¡qué parques…!

     En St. James`s en pleno centro, al lado de Green Park, uno descubre el silencio, los mirlos, el graznido de los cuervos, las ardillas que se acercan a comer, los árboles inmensos y todo lleno de flores. Cercana está la zona de Belgravia, donde uno espera encontrar a W. Allen rodando con Scarlelt Johansson y Rhys Meyers (creo fueron los actores y el fondo los que le dan el punto a la película).

     Puedes continuar por Hyde Park, en el que todavía hay manifestaciones. Nosotros presenciamos una de musulmanes, vestidos de negro de la cabeza a los pies, y que contrastaban con los jinetes a caballo paseando tranquilamente. Subir hacia Regent´s Park, tan armonioso y ordenado, sin nada que nos desasosiegue, esperando encontrarte a los personajes de Evelyn Waugh, Jane Austen, o Forster, sentados en la hierba, como los de la pintora, Mao Wen Biao en Holand House. En este parque de Holland Park, con sus zonas salvajes, acebos, camelias y pavos, al lado de un jardín japonés, quizás nos crucemos con los personajes de Nancy Mitfor o Wilkie Collins. Pensando en ellos me perdí a la salida del parque.

     Al otro lado de la ciudad, en barco por el río o en autobús con la línea 15, un poco más lejos, pasando por un barrio, donde las mujeres no dejan ver sus mejillas, una vez que dejamos atrás la City y los puertos de Dickens (imprescindible coger la línea DLR), llegamos a Greenwich, con esas vista maravillosas que han sido declaradas patrimonio de la humanidad.

     Otro parque al norte, cruzando la ciudad, un lugar con amplitud desde donde se divisa todo Londres: Hamptead. Hasta puedes ir a pescar, además de visitar la tumba de Marx. Es como si estuvieras en una película del siglo pasado. Pero yo acudí allí por ver un cuadro de Veermer, y podría llegar al fin del mundo por él.

     Viajamos con los libros a cuestas, con los personajes, con las películas, con las telas desdibujadas de las pinturas que vemos en álbumes gastados de tanto hojear, con el miedo a los personajes de Shakespeare, con los actores, con las imágenes (dejamos para otro día a Mi hermosa lavandería, la Woolf, Zidie Smith, Frears o Loach, ya que no están en nuestro camino). Desde luego, pocas ciudades tan literarias como Londres y, si además, nos abandonamos, la retina se desborda.

Londres 2

© texto 2008 Rosalía Calvo

© fotografías 2008 Rosalía Calvo y Miguel Vicente

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Versión 17.0- Junio 2008