Dante, Purgatorio, Manfredo

Dante y el rey Manfredo- 2



     Pero entremos en materia:

     Dante y Virgilio, su guía en los dos primeros libros de la Comedia, tras de haber abandonado el Infierno, han alcanzado el Antepurgatorio. Allí se encuentran con un grupo de almas de excomulgados que se arrepintieron en el último instante. De entre ellas se destaca una que se dirige al poeta.



     I


E un di loro incominciò: "Chiunque 

tu se', così andando, volgi 'l viso: 	

pon mente se di là mi vedesti unque". 		105 



Io mi volsi ver' lui e guardail fiso: 

biondo era e bello e di gentile aspetto, 

ma l'un de' cigli un colpo avea diviso. 		108 



Quand' io mi fui umilmente disdetto 

d'averlo visto mai, el disse: "Or vedi"; 

e mostrommi una piaga a sommo 'l petto. 		111 




Y uno de aquéllos empezó: "Quienquiera que / tú seas, así andando, vuelve el rostro: / recuerda si allí me viste alguna vez" / Yo me volví hacia él y le miré fijamente: / rubio era y bello y de gentil aspecto, / mas a una de las cejas un golpe la había partido. / Cuando yo hube con humildad negado / haberle visto alguna vez, él dijo: "Ahora mira" / y mostrome una llaga en lo alto del pecho.


Purgatorio, Dante, Manfredo

Dibujo de Sandro Boticelli


     En el periplo dantesco por los tres mundos, el diálogo entre las almas y el poeta es uno de los recursos más habituales, así como el hecho de que éstas le realicen encargos para el mundo de los vivos. En este caso, la presentación del personaje se hace con gran destreza en etapas sucesivas. En primer lugar, se destaca su aspecto físico ("biondo era e bello e di gentile aspecto"), el cual le confiere además de una especial dignidad (el rey David también era rubio), un toque marcial por la mención de la ceja partida y la herida en el pecho. Dante no podía conocer al rey Manfredo, cuando éste murió el poeta no había alcanzado el año de edad.


     II


Poi sorridendo disse: "Io son Manfredi, 

nepote di Costanza imperadrice; 

ond' io ti priego che, quando tu riedi, 			114 



vadi a mia bella figlia, genitrice 

de l'onor di Cicilia e d'Aragona, 

e dichi 'l vero a lei, s'altro si dice. 			117




Luego sonriendo dijo: "Soy Manfredo: / nieto de la emperatriz Constanza; / por ello yo te ruego que, cuando regreses, / vayas a mi bella hija, madre / del honor de Sicilia y Aragón, / y dile la verdad, si de otro modo se dice.

     Manfredo fue un personaje digno de interés. Era hijo ilegítimo del emperador del Sacro Imperio Federico II, quizás la figura señera entre quienes a lo largo de la Edad Media lucharon por la supremacía política frente al papado. A la muerte de éste se convirtió en regente del reino de Sicilia, en tanto que su hermano Conrado IV heredó los demás títulos paternos. Muerto a su vez Conrado, se ciñó la corona de la isla sin respetar los derechos de su sobrino.


     En el principal acontecer político de la época, la disputa entre el emperador y el papa, la célebre lucha en tierras italianas entre gibelinos y güelfos, intervino en favor de aquellos ya que su corona fue ofrecida por el pontífice al francés Carlos de Anjou. Murió a los 34 años de edad en la batalla de Benevento, localidad de la Campania al noreste de Nápoles.

     De él destacan las crónicas su afición por la cultura, la poesía y la ciencia. No obstante, para apreciar mejor el halo que este personaje desprendía en su época, nada mejor que adjuntar un fragmento de su "leyenda negra" a cargo de Villani, un cronista de entonces: "Fu bello de corpo, e como el padre, e più, disoluto in ogni lussuria; sonatore e cantatore era, volontieri si vedea intorno giocolieri e uomini di corti e belle concubine, e sempre vestio di drappi verdi… ma tutta la sua vita fu epicurea, non curando quasi Iddio, né santi, se non a dilecto del corpo. Nimico di Santa Chiesa e de' chierici e de' religiosi…" (Cron, VI, 46). El caso es que fue excomulgado en repetidas ocasiones por razones, cómo no, más bien políticas.




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© texto 2008 Rafael Lobarte

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Versión 17.0- Junio 2008