Cronista


Francisco Carrasquer

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     El afecto y la admiración por Francisco Carrasquer se me entreveró con la revisión de los originales, la corrección de pruebas, la búsqueda de ilustraciones, el cruce de mensajes para sacar las ediciones adelante, algunas visitas a Tárrega, donde vive, la presentación de los libros. Yo empecé a leer sus otros libros porque me empujó el cariño, y fui descubriendo en ellos su enorme talla intelectual. Barreiro se reía amistosamente de mí, de mi manera poco ortodoxa de acercarme a la producción literaria de un autor como Carrasquer, pero a mí me resultó tremendamente enriquecedora.

     Supe de sus extensos, documentados y acertados trabajos sobre Ramón J. Sender, incluida la edición crítica de sus obras; una antología de los escritos que Carrasquer ha dedicado a este gran autor oscense fue publicada por Javier Barreiro bajo el título Sender en su siglo (Huesca, 2001), pero sobre todos ellos prefiero el libro Ramón J. Sender, el escritor del siglo XX (Lleida, 2001) porque no se sujeta en él a los formalismos de las publicaciones académicas y es una obra de tono más personal, casi diría que más visceral, en su afán por reivindicar a Sender como el más grande autor del siglo XX y de situarlo "en su lugar y grado contra las tentativas de no pocos adversarios que han querido postergarlo, cuando no degradarlo".

     Supe también de su relación fecunda con Holanda, compendiada en su obra Holanda al español (Madrid, 1995), pues en este país vivió más de treinta años y ejerció como profesor en las Universidades de Groninga y Leiden. Allí desarrolló una fructífera labor de difusión de la cultura de este país, lo que le valió en 1980 la mayor distinción holandesa a sus intelectuales, la de Comendador de la Orden de Oranje-Nassau. Mereció también dos Premios Nacionales de Traducción, pues tradujo al español numerosos libros de literatura holandesa, entre ellos el Max Havelaar de Multatuli (1975).

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     Conocí su empeño por reivindicar a las figuras más señeras del anarquismo español, y muy especialmente las de origen aragonés, entre ellas Francisco Ascaso, Ángel Samblancat, Joaquín Maurín, Felipe Alaiz y Ramón Acín, a quienes dedicó su artículo Cinco oscenses en la punta de lanza de la prerrevolución española (Alazet, Huesca, 1993). Una mezcla de pudor y modestia muy suya le impidió, en un principio, incluir en esta nómina a su hermano Félix Carrasquer, magnífico pedagogo libertario, la edición de cuyas memorias aún está pendiente; sin embargo, en los últimos años ya se refiere a él resueltamente, y con razón, como uno de los hombres de mayor relevancia dentro del anarquismo. Francisco Carrasquer ha publicado también varios ensayos a modo de reflexión histórica o filosófica (o ambas cosas) sobre la causa libertaria, entre los que destacan los libros Nada más realista que el anarquismo (Madrid, 1991) y El grito del sentido común (Madrid, 1994), importante obra de referencia, este último, no sólo para los afines a los postulados anarquistas, sino para cualquier persona con gusto por reflexionar sensatamente sobre las cosas. O, también, por recoger envites para plantear debates, pues tendrá abundantes ocasiones para ello; aquí pongo una de ejemplo, y es cuando Carrasquer plantea la siguiente propuesta:

     En Geografía política podría ejemplificarse esta tendencia tratando de que los asuntos del municipio los plantee, procese y resuelva el municipio; que los negocios del campo se dejen a los campesinos y los de la industria y comercio a los empleados del sector, que sean los consumidores los que entiendan de la política de calidad de los productos para el consumo y que, en general, los empleados y subordinados debatan y zanjen sus diferencias y conflictos con sus empleadores y jefes directamente y sin intermediarios, propiciando el cara a cara y el mano a mano, y no sólo por economía, sino por dignidad. Que no hay nada tan sano, claro y ético como la acción directa.

     Supe también, y esta vez no tanto a través de sus escritos cuanto de su testimonio directo, del orgullo que siempre ha sentido por las experiencias de colectivismo revolucionario que en los años 30 se llevaron a cabo en España (y muy particularmente en varias zonas de Huesca, incluido su pueblo natal, Alcolea de Cinca), pese a que la historiografía apenas ha reparado en ellas. "Yo les hablaba de esto a mis alumnos en Holanda y me decían, admirados: '¿Pero eso ha sucedido en España?'. Y yo les respondía: 'Sí, pero nadie lo cuenta'. Y ellos no podían entender que semejante experiencia hubiese caído en el olvido, que no hubiera merecido la atención de los estudiosos".

Portada Ascaso y Zaragoza. Dos pérdidas: la pérdida

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© texto 2009 Mari Sancho Menjón

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Versión 18.0- Enero 2009