Guillermo Gudel, Berta Lombán

Guillermo Gúdel: testimonio

pOR bERTA LOMBÁN (*)

     Mi amiga Luisa me pregunta quién me parece que pueda escribir un artículo sobre Guillermo Gúdel para una revista que ella prepara. Pienso con quien no se podría mejorar y se lo digo. Pero yo, movida por mi cariño al amigo poeta y descargarme de una culpa que tengo dentro de mi también haré mi discursito.

     Hace ya mucho tiempo, en una tertulia literaria a la que pertenecíamos alguien me dio un libro para que eligiese dos o tres poemas. Se pensaba hacer un homenaje a Guillermo Gúdel, no conocía ni sus versos ni su persona, me pareció profundo, pero triste.

     Llegó el día del recital en el antiguo Ateneo de la ciudad, alguien me dijo, allí arriba está el poeta y me pareció oscuro. Creo que se lo leí horrible, pero él generoso me dijo que muy bien, y me regaló un libro firmado, un pequeño libro de tamaño, con una cinta amarilla de marcador. Había en la primera página el dibujo de dos peces superpuestos y las dos letras de su nombre, GM, muy artísticas, hasta con olas. La fecha, 1980. Había dos títulos en poesía "Las tristes noticias" y "Más tierras de España".

     A partir de ese día tuvimos la suerte de que fuera nuestro amigo, y muchas las confidencias de aquel niño que naciera en Coscojuela de Fantova, muy cerca de Barbastro, tierra de los escritores hermanos Argensola.

     Contaba que su niñez, escasa, había sido intensa correteando por aquellos montes de coscojos, conocía los pájaros, distinguía las cardelinas por el canto y sus colores, se subía a los árboles para ver sus nidos, nació poeta aprendiendo la música de las aves, creo que luego le sirvió para sus versos. La muerte de su padre truncó esa Arcadia feliz. De su madre, una levantina, acostumbrada a la luz y la caricia de su clima, decía que no pudo soportar su frágil cabeza, y caminó por los campos a solas y perdida.

     Guillermo y sus hermanos son arrancados de aquellos lugares silvestres de libertades y los encierran en un orfelinato en Huesca. La Residencia la llamaba.

     Con unas monedas que ganaba con su primer trabajó en una imprenta, empieza a comprar novelas por entregas, Víctor Hugo, Alejandro Dumas, "El conde de Montecristo, entre otras, a él le valían para aprender.

     Un día aparece una guerra, bombardean aquel edificio que acogía a tantos huérfanos y deciden repartirlos, al joven Guillermo lo trasladan a Zaragoza, el Hogar Pignatelli es su destino. En ese momento los hermanos se separan. Más tarde, cuando tiene que ir a la contienda no sabrá dónde está su hermano y conocerá otro trozo de Aragón, Teruel, devastado.

     Todo esto, creo, le hizo colocarse una coraza para no sufrir demasiado, pero tenía los ojos muy abiertos, captando todo para hacerse por sí solo un creador y humanista completo. A veces, cuando venía por casa traía sus collages que luego le servían de ilustraciones para sus libros, recortándolos de un diario, los mirábamos examinándolos y comentándolos, a mí me parecían muy buenos.

     El joven Guillermo, que ayudaba al cura a decir tantas misas en el orfanato de Huesca, a veces hasta tres diarias, aprendió de las Epístolas tan oídas, a ser algo sentencioso en sus poemas, yo tenía la desvergüenza de decírselo, pero no se enfadaba, se reía. Aquel hombre estoico que parecía no sufrir ni alterarse por nada tenía claros pensamientos sobre las cosas y las personas, sin ninguna acritud.

     Y aunque en muchos de sus versos hay mucho de filosófico también está en otros el amor, y nos sorprende con versos enormemente sensuales. En un fragmento del libro "Amor y desamor en claro oscuro", dice:

     Amor, amor constante/ nos volvimos, escándalo/ de los vecinos graves/ bajo las madrugadas/del beso interminable/ como los entendidos/ en amores totales

     Recuerdo una temporada, ya se había muerto su mujer hacía unos años, y sospeché que estaba algo enamorado e ilusionado, se arreglaba con esmero, yo lo quería sonsacar, pero me daba pocas pistas. Un día me cuenta que ya se había acabado todo, ella no había acudido a la cita concertada. Era una monja, me dijo, que había dejado los hábitos.

     Seguía publicando de su bolsillo con aquel cuidadoso esmero esos libros de colección en pequeño formato, a veces venían dos en un tomito.

     Su aprendizaje de adolescente en una imprenta fue otra cosa que lo marcó, y en ellas pasó parte de su vida. Como dice en un fragmento del prólogo de "Las tristes noticias" Ildefonso M. Gil:

     Guillermo Gúdel poeta aragonés, gana su pan montando y desmontando palabras.

     (*) Las fotografías que acompañan el texto han sido cedidas por la propia Berta Lombán

Guillermo Gúdel
Seguir leyendo: Guillermo Gúdel: testimonio Siguiente Página
Siguiente Página

© texto 2009 Berta Lombán

©2009 El Cronista de la red

Versión 19.0 - Septiembre 2009