Lo que no está escrito 1/10

Relato de Santiago Gascon.

Cronista

Lo que no está escrito
Santiago Gascón

página 1/10

A Benito Aladrén, que por entonces aún no era conocido como El Cubano, ni se había convertido en el visionario avejentado que yo traté, le bastó escuchar una confidencia a Paulina Marco durante una boda, para descarrilar los renglones de su vida. Fue apenas un susurro: ella sólo iría al altar - le confesó a su prima - del brazo de un hombre que vistiera capa del mejor paño y fuera capaz de regalarle un mantón idéntico al de esa novia.

No le hizo falta más a Benito, para grabar en su memoria aquel laberinto de pájaros enredados que adornaban la prenda, hasta no ver otra imagen cuando cerraba los ojos y jurar allí mismo que iba a enterarse en dónde vendían esos chales y que hasta sería capaz de matar con tal de juntar los duros que costara.

 

Nadie en Valdesarrón conoció los verdaderos motivos que le arrastraron a La Habana. Por el privilegio de haberle atendido en sus últimos días, por haber escuchado sus confidencias y delirios y, sobre todo, gracias a las hebras sueltas, que el tiempo fue juntado, aquí y allá, creo que podré confeccionar esta historia, confiando en que los agujeros que en ella surjan no sean más extensos que los de este mantón que la inspiran.

 

Sin más familia de quien despedirse, Benito comunicó su partida a Victorino Lobera, el ciego a quien cuidaba las ovejas y mantenía la casa. ¿Ya sabes tú lo lejos que han puesto Cuba y lo que puede marear un barco? - preguntó al entregarle los atrasos de tres meses -. Lobera había dejado sus ojos en la Guerra de África, y afirmaba que la tierra y, más aún, los mares, son infinitos; pero Benito Aladrén desconocía que pudiera mediar un océano entre él y sus propósitos, tan sólo había oído hablar de la facilidad con la que allí se hacía fortuna y de que hasta aquella isla llegaban los mejores bordados procedentes de Cantón, de Hong Kong y de Manila.

volver a la presentación del relato ir a la página siguiente

Volver a la portada de El Cronista

Pulsa en el icono para ir a portada

©2000 El Cronista de la red