Lo que no está escrito 9/10

Relato de Santiago Gascon.

Cronista

Lo que no está escrito
Santiago Gascón

página 9/10

No tuvo herederos. Juana, la sobrina de Lobera, a la que nunca le había ocurrido nada en la vida porque estaba predispuesta al mal moral y a la melancolía, porque había pasado todos sus días y sus noches sin abrazar y aún sin hablar con nadie, acudió a amortajar a Benito cuando comuniqué su muerte. A ella le entregué los tesoros del difunto y me insistió en que me quedara con la capa, con la medalla y con aquel texto escrito en chino sobre papel de arroz, sin comprender que esos jeroglíficos explicaban el giro que iban a dar nuestras vidas. Porque fue al colocarse el mantón y verse en el espejo reflejada, cuando la vi sonreír por vez primera e iluminarse sus ojos con el mismo azul de la seda, y fue entonces cuando me di cuenta de todo lo que esa mujer encerraba dentro de sí, y de que yo estaba más falto de amor que ella, y nos perdimos en aquella maraña de flecos, lágrimas y besos.

Acudimos, dos meses más tarde, a la iglesia para jurarnos amor, sin más testigos que el ciego Lobera y mi patrona. Ni siquiera ellos comprendieron que nos casáramos, Juana con un mantón agujereado y yo con esa gruesa capa, en pleno agosto, ni que la novia fuera a depositar sus flores a la tumba de Benito Aladrén, por muy héroe de guerra que se tratara.

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