Mistica por Marisa Lamarca 4

letra Zen 1

mística
por Marisa Lamarca

Ya he dicho que, dejando aparte las peculiaridades de cada religión, las coincidencias son palmarias. En unos y otros el proselitismo no existe, se mantienen a la espera de los que se sienten sofocar, de los que tienen conciencia de las limitaciones y del carácter precario de la condición humana y experimentan una secreta nostalgia. Son éstos los que voluntariamente entran en un entrenamiento hacia su total transformación.

letra Zen 2

Los métodos que utilizan los maestros zen son comparables en dureza al que propugna Teresa de Ávila en sus Moradas: la disciplina de un monasterio zen es la regla de obediencia carmelita; la atención con miras a la meditación japonesa que exige la capacidad de concentrarse durante horas, días, semanas en un solo y único objeto, es la práctica de la oración de día y de noche impuesto por los místicos europeos. En ambas se insiste en el conocimiento de uno mismo y la importancia que para ello tiene el silencio interior. Y, en ambas, toda manifestación paranormal, es rechazada enérgicamente, obligando al practicante a mantenerse en el "aquí y ahora". Es como si el místico tuviera que llevar una fase previa en la que ha alcanzado una profunda reorganización de la personalidad al enfrentarse con sus problemas y ganar una mayor introspección en ellos. Así, al desprenderse de los criterios y convicciones a los que tan férreamente nos agarramos y que tanto nos fosilizan, propicia el cambio.

 

La iluminación asalta bruscamente al hombre y ejerce los efectos de una verdadera catástrofe espiritual: todos los iluminados coinciden en este punto. Su sentido de la responsabilidad y su razón, sus virtudes y su conciencia, sus convicciones, los criterios y los juicios de valor sobre los cuales se fundaba su vida, de improviso, no sirven ya de nada. El cambio se ha producido.

ir a la página anterior ir a la página siguiente

Volver a la portada de El Cronista

Pulsa en el icono para ir a portada

©2000 El Cronista de la red