tIEMPO para el amor y la contemplación
El día ha ido creciendo
cálido y adormilado entre las cosas
y tu cuerpo, amigo mío, 
mis manos sobrevuelan la sombra
de las horas, el agridulce cauce
estival de la avenida.
Yo estaba
en la frontera del asfalto y el cielo:
el mar se deslizaba de noche en los jardines.
Tanto tiempo esperando,
pero el amor brincaba por los ojos callados
del silencio constante.
Tú viniste
despacio como una enredadera
antigua que desmiente
viejas formas del sueño, y aprendimos
a amarnos incrédulos y solos,
mientras el tiempo ahogaba
tantos remordimientos.
Déjame que descanse,
déjame que me tienda bajo la incierta
luna menguada de tus párpados:
la luz apenas roza mis dedos suplicantes.
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