Tanto tiempo esperando,
pero el amor brincaba por los ojos callados
del silencio constante.
Tú viniste
despacio como una enredadera
antigua que desmiente
viejas formas del sueño, y aprendimos
a amarnos incrédulos y solos,
mientras el tiempo ahogaba
tantos remordimientos.
Déjame que descanse,
déjame que me tienda bajo la incierta
luna menguada de tus párpados:
la luz apenas roza mis dedos suplicantes.
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