Cronista

Monólogo de Quien no sabe decir basta

Tus labios sedientos: velas blancas
sobre mi cuerpo de aguas transitadas.
Junto a las azoteas duerme el cielo.
Es temprano y la calle
está desierta. Pero yo (dulce esfuerzo)
te he buscado toda la noche
llena de rumores.
Toda la noche
sola en la ventana, clavada
en el cemento de los patios
he lamentado los gestos ciegos
que discurren entre la inercia lujuriosa
de los automóviles y el verso
grave de la Eneida preso en los portales
olorosos de abril.

Amor es una palabra demasiado breve,
un minúsculo gozo y un beso olvidadizo
mientras
los pájaros de la alameda tiritan
somnolientos.
Quiero quietud al tiempo que despierta
la lluvia dejando trigo
(fuego) entre las sábanas. Quiero
sobre mi rostro y mis rodillas
-cuando los cuerpos llenan de sombras
los salones,- el vuelo de tus labios
de arena vieja y sabia.
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