Cronista


Domingo Horcas

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Durante siete años estudié y aprendí todo lo que mi maestro de armas pudo enseñarme. Mientras mi hermano administraba el patrimonio familiar yo me hice cargo de otras obligaciones. Practiqué día y noche con la espada, la ballesta y la lanza, y no hubo diana en la que no viese una coraza del color del bronce. En el mutismo de los muñecos de paja que me servían como blanco escuchaba otro silencio. Otros siete años cabalgué detrás de rumores y leyendas. Voy allá donde se ha oído hablar de un caballero que lucha en silencio, sin que medie provocación. Y siempre es igual: jamás habla ni se queja. Lucha, amaga, golpea sin un gemido, sin un jadeo, sin un juramento. No insulta, no provoca. Y no perdona. Si lo encontráis, evitadlo. Es mejor volver la grupa, clavar las espuelas y galopar, no importa donde os lleven los caballos si os alejan de él.

"¿Y un caballero cristiano como tú jamás tiene miedo?" preguntó Yusuf con una media sonrisa torciendo sus labios.

¾ Hay ocasiones en que el valor de poco sirve. A más arrojo y gallardía demostrados por el rival, más fuerte y despiadado es el brazo del Caballero Silencioso. Y sólo los locos carecen de miedo, pero incluso en los corazones más cristianos hay fuegos que arden con más calor que la hoguera del miedo.

Yusuf Ibn Fadl se levantó de su lugar en la mesa y dijo:

¾ Entre los de mi pueblo es costumbre ofrecer un regalo a quien nos conmueve con una historia. Sólo dos cosas poseo: Mi espada ¾ y mostró un alfanje de cuyo filo, tan afilado como las lenguas de las comadres charlando de brujería junto al fuego, parecía gotear la sangre invisible de cientos de enemigos¾ y mi caballo. De Al-Janîar aún no puedo prescindir ¾ añadió palmeando la empuñadura de su arma mientras una mirada torva oscurecía aún más sus ojos negros¾ , de modo que mi caballo es tuyo. Sé que es una advertencia innecesaria, pero he de decirlo de todos modos: sólo puede ser montado por alguien de noble corazón. Ahora está cansado, pero si le permites un par de días de descanso comprobarás que Al-Amra es un animal magnífico.

Inclinó el turbante insinuando una reverencia y se sentó de nuevo. Tras unos instantes, quien se levantó fue Olaf Wolfson.

¾ Entre mi gente no se acostumbra a ofrecer regalos a los buenos narradores, pero tal vez en adelante yo instaure tradición tan acertada ¾ dijo haciendo oscilar sus trenzas rubias con una vigorosa afirmación¾ . Yo sólo poseo una piel de oso blanco, innecesaria en estas latitudes, el hacha que el abuelo de mi abuelo entregó a su hijo y que yo debo legar algún día a mi primogénito, y esta maza, que no es Mjollnir, el martillo de Thor, pero que fue forjada con hierro extraído de las entrañas de la Montaña Sagrada.

Mostró un enorme mazo con mango de madera oscura y una tira de piel en la empuñadura. La cabeza metálica tenía un brillo especial, como si no reflejara la luz de las lámparas de aceite de la posada y luciera con un fuego interno.

¾ El Martillo del Trueno es un arma poderosa aunque muy pesado, pero en tu brazo observo el vigor necesario para empuñarlo. Sin embargo debo advertir que sólo puede ser blandido contra los enemigos. Tuyo es desde hoy.

Se sentó empujando el Martillo en dirección a sir Gareth y vació de un trago la jarra de cerveza que espumaba sobre la mesa.

T’sabeka tomó la palabra.

¾ A diferencia de mis compañeros transporto en los baúles y alforjas de mi caravana riquezas que muchos no pueden ni siquiera imaginar: oro, piedras preciosas, ébano, perfumes desconocidos. Puedes elegir lo que gustes o a cualquiera de mis esclavas. Son dulces y cariñosas, capaces de hacer olvidar a un hombre la sed del camino, el fuego de la guerra y el frío de las noches solitarias. Sin embargo, yo te ofrezco esto.

Se quitó del cuello un fino cordón de piel curtida del que pendía un objeto marfileño: un colmillo grande y curvo.

¾ Los dioses de la selva me fueron propicios y quisieron que fuese yo quien capturase al leopardo que, allá por los años de mi juventud, asoló el país donde nací. Este colmillo mordió la carne de muchos hombres y mi sangre fue la última que saboreó. Desde entonces me acompaña como recuerdo de vidas que se fueron y dioses que permanecen. Deseo que te ayude a encontrar aquello que buscas.

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