John Keats 1. Oda a Psique.

Cronista

Oda a Psique
Texto en Inglés
¡Diosa!, escucha estos versos discordes, arrancados
dulcemente a la fuerza de queridos recuerdos,
y perdona que sean tus secretos cantados
aun en tu propio oído de delicada concha.
¿Lo habré soñado hoy, o es que he visto
a la alada Psique con los ojos despiertos?
Vagaba con descuido por el bosque
y me he desmayado de sorpresa al ver
dos hermosas criaturas recostadas muy juntas
sobre el más espeso pasto, bajo el rumoroso
techo de hojas y trémulas flores por donde corre
un arroyuelo apenas advertido.

Entre fragantes, frescas y silenciosas flores,
argentinas, azules y capullos purpúreos,
respiraban tranquilos sobre el lecho de hierba,
enlazados brazos y alas, los labios no,
pues aún no se habían despedido;
tal si los separase el sueño y se aprestaran
a superar el número de los pasados besos
a la tierna alborada de una aurora de amor.
Reconocí al muchacho,
pero ¿quién eras tú, feliz, feliz paloma?
¡Su verdadera Psique!

¡Oh tú, la más amada y postrera visión
de la desvanecida estirpe del Olimpo,
más bella que el astro de Febo en las regiones
de zafiro, o el Véspero, luciérnaga amorosa;
más bella aunque no tengas ningún templo,
ni altar lleno de flores,
ni coro virginal que entone dulces quejas
hacia la medianoche,
ni voz, ni caramillo, laúd, ni dulce incienso
que surja de incensarios oscilantes,
ni oráculo, santuario, bosquecillo,
ni la ardorosa voz del soñador profeta.

¡Oh tú, la más brillante! Aunque ya sea tarde
para los viejos votos y la ferviente lira
de antaño cuando eran las ramas de los bosques
sagradas, sagrado el aire, el agua, el fuego;
con todo, en estos días que están tan apartados
de esos cultos felices, tus luminosas alas
palpitando entre pálidos olímpicos
veo y canto inspirado (por aquello que he visto).
Déjame ser tu coro y entonar una queja
hacia la medianoche,
tu voz, tu caramillo, laúd, tu dulce incienso
que surja de oscilantes incensarios,
tu oráculo, santuario, bosquecillo,
y la ardorosa voz del soñador profeta.

Seré tu sacerdote y levantaré un templo
en alguna región virginal de mi mente.
Pensamientos brotados entre goce y dolor
en lugar de los pinos murmurarán al viento.
Alrededor, muy lejos, esos oscuros árboles
cubrirán escarpadas y salvajes montañas,
y allí arroyos, céfiros, pájaros y abejas
arrullarán el sueño de las Dríades
sobre el musgo, y en medio de este vasto reposo
un rosado santuario con una espaldera
adornaré que trence mi cerebro
de capullos, estrellas sin nombre y campanillas,
y de la Fantasía todo posible brote,
jardinera de flores que son distintas siempre.
Y habrá para ti cualquier suave delicia
que el pensamiento oscuro alcanzar pueda,
una brillante antorcha y una ventana abierta
en la noche, por donde entre el cálido Amor. 
© 2000 de la traducción Rafael Lobarte
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