Cronista

JOHN KEATS

Oda a la Indolencia

  "No trabajan ni tampoco hilan"

Una mañana vi ante mí tres figuras
de perfil, inclinadas  y unidas las manos.
Y una detrás de la otra caminaban serenas
con cómodas sandalias y túnicas graciosas.
Pasaron cual relieves de una urna de mármol
que giras para ver la otra cara;
y volvieron de nuevo, como cuando se gira
la urna otra vez y tornan las figuras primeras.
Y me parecieron extrañas, como con los jarrones
sucede a un experto en el arte de Fidias.

¿Cómo es que yo no os conocía, Sombras,
y cubiertas vinisteis de tan secreta máscara?
¿Fue un silenciosa y oculta conjura
para escaparos y en mis días de ocio
dejarme sin tarea? Era la hora del sueño,
la indolencia estival como nube bendita,
me cerraba los ojos; débil era mi pulso,
no punzaba el dolor ni el placer florecía.
¿Por qué no os marchasteis dejando mis sentidos
sin ninguna obsesión salvo la nada?

Una tercera vez pasaron, y al pasar,
un instante volvieron hacia mí la cabeza.
Luego desvaneciéronse y para perseguirlas,
¡cómo anhelé unas alas! Pues conocí a las tres:
la primera muchacha era el Amor,
Ambición la segunda de pálidas mejillas
y ojos fatigados por su continua vela,
y en la más amada, sobre quien más la culpa
se amontona, reconocí, indómita
doncella, a mi Demonio y Poesía.

Ellas desvaneciéronse y quise tener alas.
¡Loco de mí! ¿Qué es el Amor? ¿Dónde está?
Y que por esta pobre Ambición- brota
del corazón del hombre en instante de fiebre -;
que por la Poesía- no siendo un deleite,
al menos para mí, tan dulce como días
soñolientos o tardes repletas de indolencia -;
¡que no pueda vivir al abrigo de enojos
y que nunca conozca cómo cambian las lunas,
ni oiga activa la voz del sentido común!

Y una vez más volvieron a pasar, ay, ¿por qué?
Mi sueño había sido un bordado de oscuros
sueños, mi alma un césped salpicado de flores,
sombras inquietas y confusas luces.
Estaba la mañana gris y, aunque no llovió,
colgaban de sus párpados las lágrimas de mayo;
la ventana oprimía la parra ya con hojas
abierta al calor y al canto del tordo.
¡Oh Sombras!, era tiempo de deciros adiós,
no cayeron en vuestras faldas lágrimas mías.

¡Así que adiós, Espectros! No podéis levantar
mi cabeza del fresco lecho de hierba florida,
porque no quedaría privado de elogios
¡un cordero mimado en lacrimosa farsa!
Salid pues, de mi vista y sed una vez más
enmascaradas formas de la urna soñada.
¡Adiós! Tengo de noche todavía otros sueños
y provisión de débiles imágenes de día.
Dejad, vanos Fantasmas, mi ánima ociosa,
perdeos en las nubes y no volváis jamás.
© 2000 de la traducción Rafael Lobarte
Anterior Siguiente

Volver a la portada de El Cronista 3

Pulsa en el icono para ir a portada

© 2000 El Cronista de la red 3.0

El Cronista de la Red es una revista interactiva creada con contribuciones voluntarias a traves de Internet desde el año 2000. Abarca literatura en todas sus versiones, ilustraciones y dibujos, musica y cualquier actividad considerada de interes.