Número VII MMII Marzo-Abril

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relato

Ixaya
Por Fabiola Alvarez
ayalga @ avantel.net

Cuando Guillermo llegó a casa, todos notaron en su semblante que algo le había sucedido. El no quiso responder a las insistentes preguntas, ya que con toda seguridad pensarían que estaba alucinando o se había vuelto loco.

Esa noche, en sueños, volvió al bosque. Escuchaba una voz encantadora, cantando en un lenguaje que ignoraba, pero que hechizaba sus oídos. Sus pies se dirigían a la fuente de ese extraño embrujo. Allí se encontraba ese ser al que le había parecido distinguir entre la espesura aquella tarde. Bailaba una danza cautivadora, emitiendo una luz de plata. Su vestimenta parecía hecha de bruma que seguía cada uno de sus movimientos. Su pelo era una cascada con pequeñas flores envueltas en el torrente. El espectáculo que se ofrecía ante él era tal, que no podía apartar su vista. De pronto el ser se percató de su presencia y desapareció en el acto. Guillermo despertó sobresaltado. Jamás habían contemplado sus ojos tanta belleza, ni sus oídos escuchando algo similar. Sin duda una bruja le había hecho un encantamiento y estaba obsesionado con encontrar a este ser. Si no lo hacía, enloquecería sin duda.

-¿ Qué extraño embrujo pesaba sobre él? -El deseo de encontrar la raíz de su obsesión y, a la vez, el temor a hacerlo. -¿Y, si no es realidad? Es posible que sea un engaño de mi mente hechizada -pensó Guillermo.

Había una fuerza poderosa que le empujaba a ir todos los días hacia el mismo sitio donde, por vez primera, tuviera la maravillosa visión.

 

Ixaya estaba confundida.

-¿Qué me sucede? No entiendo esta mezcla de tristeza, temor y alegría. Nunca lo había sentido antes. ¿Qué poder tiene este ser para provocarme esto? -Decidió volver al mismo lugar donde aquél día sus ojos se encontraron con los del humano durante un breve instante.

Allí estaba... pero su aspecto era diferente, más vulnerable, tal vez. Parecía buscar algo desesperadamente. Sus ojos volvieron a encontrarse y una fuerza luchaba por reunirlos como si no fuesen dueños ya de sus actos.

De la boca del humano brotaban palabras que no entendía, pero el tono era suave y dulce. Muy levemente, Ixaya acercó su mano al rostro del chico.

- ¡Qué sensación tan extraña! -Pensó. Era tibio y húmedo.

Guillermo sintió como una brisa helada que recorría su rostro. Ahora estaba seguro de que se encontraba bajo un encantamiento.

-¿Qué eres? -preguntó Guillermo a esa extraña aparición. Ixaya sólo fue capaz de dejar escapar su nombre en un susurro:

-"Ixaya..." -y se marchó.

Guillermo quedó largo rato de pie, con esa palabra sonando una y otra vez.

-Ixaya, Ixaya...

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