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La voz del dragón
Muchos
relatos ponen en evidencia un rasgo peculiar de los dragones: el poder de su
voz. El dragón sabe hablar. Además, es capaz de dominar cualquier lengua.
Parece, sin embargo, que la preferida para dirigirse a los humanos es el latín.
Pero lo verdaderamente llamativo es la modulación y el tono de la voz de los dragones.
Cuando un dragón habla, el interlocutor escucha extasiado, y puede llegar a ser
encantado por esa voz que llega a sus oídos.
Al dragón parece gustarle la conversación con el humano que tiene la
oportunidad de descubrirlo, e incluso parece que se divierte aplazando la
suerte que vaya a correr el héroe, puesto que el dragón está convencido de que
le vencerá tarde o temprano. Muchas veces, el dragón da al ser humano una
opción para salvarse: le propone un torneo de adivinanzas, bien mediante
intercambio de cuestiones, bien mediante una sóla pregunta.
La mirada del dragón
El
dragón Oroel, que habitaba una cueva en la montaña del mismo nombre, situada en
el Pirineo aragonés, sucumbió gracias a una estratagema urdida por un caballero
que conocía uno de los secretos draconianos mejor guardados: la mirada de estos
seres puede llegar a hipnotizar a sus víctimas, al igual que ocurría con la
Medusa. El caballero, al parecer,
conocía también la leyenda de Perseo, así que pulió la superficie de su escudo
de combate hasta convertirlo en un espejo. Con él fue hasta la cueva donde
habitaba el dragón y cuando éste se vió reflejado en el escudo, acabó
hipnotizándose a sí mismo, momento que aprovechó el astuto caballero para
acabar con él. Esta antigua leyenda pone de manifiesto una característica del
dragón, asociada a su parentesco con la serpiente: como ella, no tiene
párpados, y por eso su mirada es inquietante.
La mirada de las serpientes está
presente también en el origen de la creencia celta según la cual, en el
equinoccio de primavera un grupo de serpientes unía sus ojos para crear un
huevo de cristal en forma de anillo. Era la Vía Láctea, que ha recibido muchos
nombres, como la Serpiente de la Tierra Media entre los pueblos nórdicos, el Río de la Serpiente según los acadios o
el Sendero de las Serpientes entre los hindúes.
Unas citas para terminar
“El
dragón es de naturaleza ruda y fiera, pero le gustan las gemas hermosas y la
Piedra de la Oscuridad, así como las golondrinas asadas. Tiene miedo al hierro,
a la planta wang, a los ciempiés, a las hojas del árbol lien y a los hilos de
seda de cinco colores”. (Li Shi-chen)
“Cuando
va a llover, los dragones gritan y sus voces son como el ruido que hacen los
barreños de cobre cuando se les golpea. Con su saliva se puede hacer todo tipo
de perfumes. Su aliento se convierte en nubes y ellos utilizan estas nubes para
cubrir sus cuerpos.
Actualmente,
en los ríos y en los lagos, puede verse a veces alguna de sus garras y el rabo,
pero la cabeza nunca queda a la vista. En verano, después del cuarto mes, los
dragones se reparten las regiones y cada uno de ellos tiene su propio
territorio”. (Wang Fu)
“El
combate fue terrible, se lanzaban sus largas colas, se golpeaban con sus alas,
hacían esfuerzos para desgarrarse con sus afiladas garras. El ruido que hacían
se oía a varias leguas a la redonda, finalmente después de veinticuatro horas
comenzaron a debilitarse, el dragón rojo cayó muerto al lado del blanco, quien
también había perdido sus fuerzas y no le sobrevivió mucho tiempo”. (“Le Roman de Merlin
l’Enchanteur”. Robert de Boron)
“Se
guardó de la sierpe el señor de los gautas,
al pie
de la peña, elevando su escudo.
Dispuesta
a la lucha se hallaba la fiera
de cola
enroscada. El bravo monarca
su
hierro empuñó, la pieza valiosa
de filo
potente. Miedo sintieron
el uno
del otro, los dos enemigos.
El rey
de su pueblo detrás del escudo
animoso
esperó cuando el torvo reptil
se
dispuso al ataque: equipado aguardaba.
La
feroz entre llamas reptando corrió
a
encontrar su destino...”
(“Beowulf”.
Edición y trad. Luis Lerate y Jesús Lerate. En “Beowulf y otros poemas
anglosajones”. Alianza Editorial. 1999. Madrid.)
© 2002 Chema G. Lera
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