Número XIII MMIII

Gabriel Bermúdez: Mi afición a la CiFi (ElfoSci-Fi)
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"Mi afición a la Ciencia Ficción"
Gabriel Bermúdez Castillo


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Luego escribí algunos cuentos sueltos, y en 1971 inicié una ambiciosa novela que se llamaba Proceso de curación y para la que hice una expedición a diferentes sitios: Retascón, Cerveruela, Vistabella, Aladrén y Paniza, por una carretera tan estrecha que mi coche a punto estuvo de salirse en varias ocasiones. Luego fui a la Sierra de Algairen, para documentarme en escenarios naturales para la novela, y fue el lugar elegido por fin. Y cometí dos pecados que fueron los que impidieron que se terminase. El primero es que quise aprovechar todas, absolutamente todas las notas que había tomado para documentar la novela. Supongamos que para escribir una novela tomo doscientos cincuenta apuntes sobre escenas y otros tantos sobre personajes. Y la obra se desbordó. Aprendí la lección: no se puede utilizar todo lo que tengas programado, hay que establecer un sistema de selección. Y el segundo error fue el siguiente: a mi amigo Javier Guajardo le hice escuchar parte de la novela antes de terminarla por completo. Y entonces me sucedió que ya no la pude continuar, no pude seguir. Desde entonces se me quedó una especie de superstición en mi corazón, y nunca digo nada de lo que estoy escribiendo. Cada vez que he hablado, explicado o leído algo de lo que preparaba, o digo siquiera el título, malo, se me va a gafar, no la termino, se ha ido al foso.

En 1976 escribí una novela con todo lo que quería y me apetecía, porque pensaba que nadie me la iba a publicar y así, por lo menos me divertiría. Saqué incluso algún personaje de la desguazada Proceso de curación, un personaje que luego ha tenido mucha aceptación: un buhonero con un carromato extraño, mezcla de bicicleta y máquina de vapor, y que se llamaba Serapio Marcilla, alias El Manchurri. El título que recibió inicialmente fue El visitante de las estrellas. Llamé a Acervo y me atreví a decirles que no habían publicado nada de autores españoles. Aceptaron leer mi novela. Su lector era Domingo Santos, Pedro Domingo Mutiñó, del cual he terminado siendo un gran amigo. Hablé con él. Me recomendó que cambiase un capítulo, reconocí que tenía razón y lo hice. Me dijo que el título era un mal título y que había que buscarle otro. No se me ocurría ninguno ni a mí ni a mis amigos, hasta que él mismo eligió Viaje a un planeta Wu Wei. El Wu Wei es un principio chino de serenidad, de estabilidad, que constituye una base importante de la novela. Entonces no me daba cuenta de lo que había escrito pero luego, según he podido comprobar, tuvo una gran influencia en la Ciencia Ficción española. (Ver citas)

En 1977 comienzo a escribir Mano de Galaxia, obra de envergadura que de momento no es publicada por ningún editor. En 1978, me despierto un día después de soñar con extraños carromatos que circulan por carreteras, tripulados por caballeros medievales, armados con lanzas y con cascos, con coselete y rodilleras de acero... soñé esta historia casi completa. Luego me documenté sobre heráldica y armaduras... En una semana tengo escrita la novela: El señor de la rueda. Casualmente, Domingo Santos me llama para anunciarme que se ha creado una nueva editorial de Ciencia Ficción, Albia Ficción, dependiente de Espasa Calpe, en Madrid, y me pide si tengo algo. Le mando El señor de la rueda, se publica y parece que se ha convertido en obra de culto.

Por aquel entonces necesitaba para un cuento desacreditar a algún personaje histórico reconocido, por necesidades del guión, hablé con Castillo Genzor, académico de derecho nobiliario, y me facilitó una serie de informaciones sobre Cisneros, desvirtuando la noción histórica que se tiene del personaje. Escribí La última lección sobre Cisneros, en donde una maestra que vive en un lugar paradisíaco de donde se obtienen materias primas para una España empobrecida,da unas lecciones sobre Cisneros diciendo la verdad sobre él y no lo que comúnmente se cree, y entonces la administración anula ese lugar paradisíaco y se lleva a toda la gente que lo poblaba, trayéndolo de vuelta a través del tiempo al Madrid empobrecido del futuro.

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