>La última lección sobre Cisneros 1
Gabriel Bermúdez Castillo.
Número XIV MMIII

La última lección sobre Cisneros. Gabriel Bermúdez (ElfoSci-Fi)
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La última lección
sobre Cisneros

Gabriel Bermúdez Castillo

© Chema Lera Pulsar para ampliar-Escuchadme, hijos -respondió-. Hoy vamos a dejar la clase... ¿Sabéis? Será mejor que todo os lo explique fuera... Vamos, vamos, todos fuera. Podéis dejar los libros aquí; ya los recogeréis luego.

Cualquier otro día este anuncio de que terminaba la clase, cuando solamente eran algo más de las diez de la mañana, hubiera desatado un torrente de alegría entre los alumnos. Hoy no. Hoy todos siguieron a la señora Hidalgo silenciosamente, con los rostros llenos de preocupación.

Alrededor de la escuela se alzaba el pequeño bosquecillo de sigilarias y lepidodendros. Los más altos de esta especie de árboles llegaban a los treinta metros de altura. Sobre ellos el cielo, de un increíble e intenso azul, brillaba bajo los rayos deslumbradores del sol.

La maestra se apoyó en el grueso tronco de un lepidodendro y sintió bajo sus dedos las escamas romboidales de la corteza que ascendían en espirales hasta la primera bifurcación

Allá arriba el tronco se dividía en dos ramas, de un color leñoso, y cada una de estas en otras dos. A medida que eran más pequeñas tomaban un tono de un verde frutal intenso. Dirigió una mirada a su alrededor, contemplando la pequeña colina en que se alzaba el poblado Nueva España 3, construido en forma de círculo, con la escuela, los edificios administrativos, la Cúpula y los grandes almacenes para la transmisión automática situados en el centro. En la llanada, frente a la cúpula de aluminio plateado, había un grupo de un centenar de hombres, armados con rifles pesados y con algunos lanzallamas.

A lo lejos, más allá de los edificios y las murallas del poblado, se extendían infinitamente los campos de trigo y las hileras interminables de las viñas, rompiendo con su regularidad civilizada el caótico paisaje del Pérmico Medio. Nueva España 3 tenía un cultivo de una superficie aproximada a la vigésima parte de la España del Presente, es decir, unos veinticinco mil kilómetros cuadrados.

-Hace veintiséis años que vinimos aquí -dijo la maestra, mientras los niños la escuchaban-. Cuando se descubrió el transmisor temporal, las naciones del mundo del Presente se repartieron las diversas épocas... Era la única solución para poder cultivar cosas, alimentos, carne, y nutrir así un mundo superpoblado... como lo era entonces. Dios sabe cómo será ahora...

-Mi padre estuvo hace dos años y dice...

-¡Cállate! -gritaron los demás niños.

-En ese reparto, que se hizo en Zurich, y por eso se llamó el Tratado Intertemporal de Zurich, a España no le tocó nada demasiado bueno. No sé por qué, a la pobre España, en estas cosas internacionales, le toca siempre la peor parte. Le dieron diez millones de años del Pérmico Medio, desde el ciento cincuenta millones antes de Jesucristo hasta el año ciento cuarenta millones. Estados Unidos se llevó casi todo el Carbonífero, y Rusia parte del Devónico, el final del Carbonífero, y el Pérmico Inferior.

Todo esto lo sabían ya los niños; era casi lo primero que se les enseñaba en la escuela. Pero si querían oírlo de nuevo, en vez de escuchar nada sobre Cisneros... era asunto suyo. Y después de todo, hoy las clases no tenían mucha importancia.

Una bandada de meganeuras pasaba a lo lejos, sobre los campos de trigo. El vigilante de la primera torre no dio la alarma cuando los grandes insectos, de un metro de envergadura, con dos pares de alas transparentes, bajaron sobre las doradas espigas y comenzaron a masticar los granos. Seguramente estaba mirando con sus prismáticos hacia la plateada cúpula. Mientras tanto, las meganeuras se hartaban de trigo. No era eso lo que más molestaba a la señora Hidalgo, sino lo espantosamente mal que olían esos enormes insectos... ¿Qué paleobiólogo del Presente hubiera pensado que las meganeuras pudieran oler tan mal?

-Hubo otros países que lo pasaron peor -continuó la anciana maestra-. A Grecia sólo le dieron medio millón de años del Triásico, con todos sus dinosaurios carnívoros. Afortunadamente nosotros no tenemos dinosaurios... no han aparecido aún.

-Los turistas creen que sí -dijo una jovencita pelirroja. La primera sorpresa de los pocos turistas que tenían dinero suficiente para pagarse el viaje hasta el Tiempo Español era el no encontrar dinosaurios. Costaba un gran trabajo convencerles de que faltaban aún de treinta a cuarenta millones de años para que el primer reptil gigante apareciera sobre la Tierra.

-Los sabios estudiaron cómo podía dedicar cada estado su sección de tiempo al cultivo o a otras cosas sin alterar para nada el Presente. Como podéis imaginar, si se hiciera una alteración grande del pasado, entonces el Presente cambiaría... y llegaron a la conclusión de que veinticinco mil años era un período suficiente para que desapareciese cualquier rastro de actividad humana, y que ésta no debía extenderse por más de mil años. Así que, al principio del Tiempo Español, se fundó hace veintiséis años Nueva España 1, a los veinticinco mil años más Nueva España 2, a los otros veinticinco mil años Nueva España 3, donde estamos ahora...

-¿Cuántas hay?

-Solamente once... No necesitamos usar más... Estas once estaciones producen prácticamente todos los alimentos y cosas consumibles que España necesita. Como sabéis, no podemos extraer petróleo, ni minerales, pues eso cambiaría el Presente. Podemos, eso sí, cultivar trigo durante mil años, y cortar árboles, y beneficiar viñas para obtener alcohol como combustible. Incluso mandar carne de amonites y de peces de este tiempo... Eso no altera nada.

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