Número XIV MMIII

La última lección sobre Cisneros. Gabriel Bermúdez (ElfoSci-Fi)
El espíritu de la metamorfosis.La escultura fantástica.
El arquitecto chino (leyenda)
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El espíritu de la metamorfosis
La escultura fantástica
Luisa Miñana


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De esta celebración triunfal puede considerarse también alusiva la presencia del patrono San Jorge, vencedor del dragón, en la base de la línea central del retablo que rubrica la victoria del bien sobre el mal. Hay que recordar que a raíz de la leyenda de la batalla de Alcoraz (Huesca), en la que el santo capadocio ayuda, con su milagrosa y heroica presencia, a los cristianos en su decisiva victoria sobre los sarracenos, San Jorge se convierte en protector y patrón de la monarquía aragonesa y de los nobles y caballeros, y por extensión del Reino de Aragón. En este retablo jacetano de San Miguel, la representación de San Jorge responde a la imagen que difundió la Leyenda Dorada, como personaje histórico que fue tribuno militar romano, y vencedor legendario del maléfico dragón que asolaba la ciudad de Silca. Debemos entender que la figura del dragón en la mitología cristiana es símbolo del mal, casi de cualquier mal (enfermedades, pecado, enemigos de la fe) También que esta idea enlaza con las cosmogonías orientales en las que el dragón representa al Gran Adversario (el dragón Kur derrotado por el héroe Enki en Sumeria), al caos primigenio (el monstruo Tiamat que habita en las aguas primordiales en la mitología babilónica, derrotado por Marduk, o el también monstruo Apofis de los egipcios, que vive al servicio del maligno Set y que es derrotado todos los días por Ra.) En la ortodoxia político-católica ese gran enemigo de la fe (la bestia del Apocalipsis) fue el Islam durante la época de las Cruzadas y de la Reconquista en la Península Ibérica, y es sin duda, en los años que nos ocupan, de nuevo el Islam (el Turco) pero sobre todo el Luteranismo y sus derivaciones, porque conmueve el mundo cristiano desde su centro.

Parece lógico entender que esta victoria político-religiosa es la que propicia "una comunidad del bien", en la que luego son posibles las victorias individuales de cada uno sobre el mal (o el demonio) y la salvación eterna, la unión con dios. San Miguel, que en Jaca derrota al demonio (en el que ya se ha transformado el dragón, según la visión apocalíptica), y que es además el santo psicopompo que pesa las almas y decide por tanto cuáles serán conducidas hacia el infierno o hacia el cielo, es la representación de esa idea salvadora. Otra acepción de este santo es sin embargo necesario tener en cuenta: la de su patronazgo sobre los mercaderes, profesión del encargante de la portada, Juan de Lasala. Ambas cualidades justifican que San Miguel sea el santo bajo cuya advocación se consagró la capilla.

Pero cómo interpretar entonces todos estos dragones fitomorfos, y delfines, y tritones, y mascarones, y águilas, y putti, y grifos, y esfinges, y carneros, etc.

Para empezar, deberíamos detenernos en los mascarones que hallamos en diversas ubicaciones tanto de la portada (basamento del paramento derecho, interior de las pilastras del arco de entrada) como del retablo (paneles de las enjutas en el banco, pilastras diversas.) Estos fantásticos mascarones, de formas vegetalizadas, son un elemento central del grutesco, ideogramas ellos mismos del concepto de metamorfosis, de la transformación, de una visión panica de la naturaleza. Además, los mascarones participarían tanto de la tradición mágica, teatral y religiosa de la máscara (transfiguración desde lo que se es a lo que se quiere ser), como del simbolismo que en las culturas orientales y europeas tienen las cabezas humanas cubiertas de follaje, referente al alma resucitada, y que alcanzaron gran desarrollo en el periodo gótico. Puede ser útil recordar que en latín la máscara teatral se denomina "larva", acepción que comparte con la de fantasma o espectro, incidiendo desde este punto de vista en el lado más sombrío de la transformación por la muerte, que sin embargo en este caso quedaría dulcificado al aparecer los mascarones reiteradamente acompañados por antorchas, representación del fuego, de la energía transformadora.

Componiendo una fórmula estética similar a la del mascarón con antorcha, hallamos en el paramento contrario una pareja de dragones, ligados entre sí y adosados, acompañados de antorchas y una flor de acanto. El dragón es sin duda el elemento simbólico más repetido en esta capilla de San Miguel. En la portada lo encontramos también en las pilastras interiores del arco de entrada, en el friso del entablamento del primer piso, y en pilastras y columnas en una versión de pequeñas cabecitas de dragón que surgen de roleos y otras formas vegetales. En el retablo se hallan distribuidas parejas de dragones unidos y adosados entre sí en las enjutas de los encasamientos del banco y en el friso del entablamento del segundo piso.

Estos dragones jacetanos parecen compartir una cierta polisemia, propia del contexto en el que se encuadran. Por un lado, ya hemos hablado del dragón como representación del mal y del pecado, inscrita en la tradición cristiana. Su derrota a manos del buen caballero convierte a éste último en héroe, tal y como sucede en gran parte de las mitologías europeas (Hércules vence al dragón que guarda el Jardín de las Hespérides, Perseo mata a la Medusa, Cadmo al dragón que guarda la fuente junto a la que fundará Tebas, Sigfrido triunfa sobre el dragón Fafner, Beowulf acaba con el monstruo Grendel y mata a un dragón que ocultaba enormes tesoros, etc) Sobre todo la figura del dragón sucumbido ante San Jorge sería aquí consecuente de esa amplia tradición, en honor seguramente de la figura del emperador Carlos, también heroizado, y bajo cuya protección se sitúa el encargante de la capilla, Juan de Lasala. La derrota de la "egoicidad" (a la que igualmente representa el dragón, no sólo en la doctrina cristiana, sino también en las teorías alquímicas) sería el segundo nivel de esta lectura acerca del mal y del pecado, ligada a la representación de San Miguel, que puede conducir el alma al paraíso, si ésta triunfa y reconoce la doctrina verdadera.

En relación con el mensaje "político-religioso", pero desde la perspectiva emblemática, cabe destacar el hecho de que el dragón conformaba la cimera de los reyes aragoneses, siendo por tanto imagen de su poder junto al "señal" real. También es larga y profusa la utilización del dragón como divisa militar y política: entre los persas, dacios, partos, indios, asirios, escitas, bretones, romanos… En los ejércitos romanos siempre figura un dragón en sus estandartes, y la misma imagen, en color púrpura, precedía la presencia del emperador cuando éste visitaba el campo de batalla.

Una última función simbólica del dragón en el entorno de la capilla jacetana sería la iniciática, la de intermediario con el mundo telúrico, en cuanto que el dragón es guardián de lo oculto y de los tesoros, también del umbral (no hay sino recordar entre otros el mito del Vellocino de Oro en la Leyenda de los Argonautas o el ya citado del Jardín de las Hespérides y el árbol de las manzanas de oro de Hera.) Sobre todo los dragones que figuran en la portada, tanto en la zona del basamento como en el primer piso cerrando el arco de entrada, podrían participar claramente de esta finalidad iniciática y de vigilancia de lo oculto propias de los lugares funerarios.

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