El 7 de Julio iba a ser otro día de la semana en Londres, nublado a ratos, un poco de lluvia y a veces un rayito de sol para engañar. Como el día pintaba no muy luminoso teníamos planificado una visita al Museo de Cera de Madame Thousard atracción típica que recomiendan todas las guías de visitas a Londres.
Sobre las 8 (hora local) salimos del hotel para poder estar antes de las 10 en el museo (hora de apertura según la guía) y evitarnos algunas colas de entrada.
A las 8,48 llegaba el tren de la línea circular a la Estación de Gloucerter Road, que nos permitiría estar en la estación de Baker Street (la de Serlock Holmes) con media hora de sobra.
Haciendo planes de a que dedicaríamos la media hora que nos sobraba, viajamos hasta la próxima estación (High Street Kesington), y después de esta siguió el viaje.
De repente el tren se detuvo en mitad de un túnel, las luces siguieron encendidas y nadie ni se inmuto, como si que el metro se parara en mitad de dos estaciones fuera lo más natural del mundo. Algunos pasajeros sacaron su libro de sus bolsos o mochilas, otros siguieron leyendo el periódico (uno que se llama metro y que reparten gratuitamente para los madrugadores). Todavía no eran ni las 9.
Paso media hora sin que nadie dijera nada, se nos evaporo el tiempo sobrante, hasta que la megafonía repitió un escueto mensaje de que había una avería en la próxima estación.
Otra media hora de espera, de silencio (solo sonó un mobil en todo el metro en esta otra media hora), de calma total, sin una sola conversación, cosa realmente extraña para los que veníamos de fuera, hasta que la voz de megafonía nos aconsejo que abriéramos las ventanillas de los vagones para que circulara el aire.
Otra media hora después la megafonía anuncio que saldríamos andando por la vía en grupos pequeños hasta la próxima estación. Esto causo el primer movimiento significativo entre los pasajeros, como si ya tocara hacer algo tras hora y media parados.
Un rato después un pasajero de los extremos del vagón, tras arduos esfuerzos consiguió abrir la puerta de comunicación entre los vagones y una corriente vivificadora atravesó el tren siendo de agradecer, sobre todo, para quienes no tenemos costumbre de ir en metro, ni de que este se detenga en mitad de ningún sitio, como la cosa más normal del mundo.
Finalmente en ordenada fila, fuimos avanzando a través de tres vagones hasta bajar por un extremo mediante una escalera de madera, hasta el suelo del túnel.

Unos solícitos empleados nos dieron la mano para llegar al suelo sin problemas.
Recorrimos la vía entre el balasto y los raíles hasta la próxima estación (Baywater), que no estaba incluida en nuestros planes, que tenia un convoy parado por lo que subimos por una rampa de madera por uno de sus laterales. Finalmente mas de dos horas después de la parada vimos por fin la luz de la calle.

En la estación nadie pidió explicaciones y desapareció suponemos que caminos de sus respectivas ocupaciones. Cuando preguntamos por la causa de la avería se nos contesto que todo el sistema de metro de Londres estaba parado por la misma avería. Cuando preguntamos por los autobuses, nos indicaron muy amablemente que también estaban parados.
La circulación presentaba también una extraña calma con muchos menos coches, taxis incluidos, de lo habitual. Como somos aragoneses e íbamos a ver un museo nos pusimos a andar.
Un mensaje mensaje que llego al mobil nos lleno de preocupación
¿Estáis bien?
¿Por que no íbamos a estarlo? Pero pronto descubrimos que algo no estaba bien.
Demasiada policía, para la costumbre hasta hacia pocas horas, bien visible con sus gorros y sus chalecos reflectantes, muy distinta de las postales para turistas. La estación de Paddington cerrada, la entrada al metro con verjas y policía en la puerta, el hospital St. Mary acordonado con cinta de la policía y acceso restringido. Sirenas de ambulancias continuamente, calles cortadas.

Algo no iba bien.
Más mensajes 8 explosiones, muertos, heridos.
Nos amontonamos en los televisores de las tiendas, explosión en un autobús y en el metro.
Las explosiones fueron disminuyendo en las noticias, de 7 pasaron a 4, los muertos y heridos creciendo (2 Fatalities, 300 injuried). Dentro de lo que cabe no parecía tan grave como otros.
Por fin llegamos al museo y entramos, a pesar de llegar tardísimo, no había ninguna cola a la entrada.
El museo tiene tres partes, una dedicada al Londres tópico, otra a las torturas y asesinatos y otra a la inmensidad del Cosmos. Muy apropiada visita para día tan señalado.
El mundo no ha debido de cambiar mucho en los últimos 3500 millones de años.
Cumplida la tarea turística exigida, la próxima era más exigente, volver al hotel a través del centro de Londres utilizando el único medio de transporte existente en aquel momento "El San Fernando".
La ciudad iba despertando a la tragedia conforme avanzábamos.
Ambulancias constantes con sus sirenas, coches de policía a toda leche en grupos de tres o cuatro, una circulación de coches y autobuses suspendida con calles extrañamente vacías.
La embajada de Estados Unidos con acceso prohibido tanto a vehículos como a peatones, cuatro manzanas alrededor. La policía desaparecida los días de antes, se había materializados como por encanto en cada esquina, parada de metro, edificio oficial, etc.
Las tiendas exhibían carteles de cerrado por "el transporte". Los trabajadores ni siquiera podían acudir a sus puestos de trabajo. Coger un taxi resultaba una quimera.

El teléfono preguntaba sin cesar por la salud de los turistas (afortunadamente muy bien gracias, aunque más preocupados tras cada llamada).
Pero mientras se anda se piensa: ayer estuvimos en el Museo Británico, y fuimos en la línea Piccadilly en dirección Cockfoster y podrían estar allí (aun estaríamos allí).
La línea circular es la que había sufrido las explosiones dos paradas mas allá de donde se detuvo nuestro metro.
La estación de metro de Liverpool Street es la estación de tren de entrada a Londres desde el Aeropuerto ... otro día, otra hora y hubiéramos estado en el lugar inadecuado.
Pero seguimos andando hasta llegar al hotel y encendimos la televisión con la esperanza de que nos contaran desde fuera, que pasaba en la ciudad en que estabamos viviendo.
La BBC, Sky New y la CNN ofrecían una información y unas imágenes muy similares. Desde un principio el autobús abierto en canal en una calle cerrada, la web de Al Qaeda reclamando la autoría y los heridos que recibían atención medica. También incluían imágenes de la presencia de Inglaterra en Afganistán e Irak como posibles causas del atentado, y alguna referencia a que el modelo Madrid se repetía en Londres. Resultaba irónicamente macabro que la alegría y celebración por la designación de Londres como sede de los juegos olímpicos, fuera protagonista en la primera edición de la mañana, compartiera espacio periodístico al medio día y fuera desplazado al caer la tarde.
Paradójicamente Londres ganó por su "seguridad" y Madrid fue descartado días antes por su "riesgo de atentados".
Para quienes sufrimos el 11-M desde la televisión, resultaba chocante que las autoridades no aportaran un único culpable desde el principio, sino que se tomaran los avisos de Al Qaeda "Seriously", y su prioridad fuera buscar a sus autores sean quienes fueran.
También chocaba que fueran empleados con responsabilidad, no políticos, como diversos jefes y portavoces de la policía y hospitales quienes dieran explicaciones y fueran entrevistados. Solo el jefe del gobierno abandonó una reunión internacional para dar la cara en nombre de su país, y el alcalde de Londres para hablar en nombre de los sufridos ciudadanos.
Para alguien de fuera, sin embargo, lo que más chocaba es la absoluta tranquilidad de los ciudadanos frente a estos hechos, debe ser lo que llaman la flema inglesa, la recomendación de quedarse en casa y no acudir al trabajo debió de seguirse mayoritariamente pues trenes y metros a medio funcionar estaban mucho menos llenos al día siguiente, los grupos de niños y sus maestros desaparecieron de las calles y los que llenaban las calles parecían todos turistas, con una circulación de coches que era a todas luces mucho mas ligera.
Pero la vida sigue y el sábado ya abrían los museos y los restaurantes, tiendas y demás complementos y para algunos era hora de volver a casa.