De La Estrecha Senda Inexcusable
Crea el alma montañas confortables
La vida tiene espuelas, aguijones
Tan sólo queda el cielo gris de las ciudades
Si tan sólo la tarde pudiera reunirnos
En el censo azul del horizonte,
MENTIRAS
A Ana, que salvó la vida de Thomas de Quincey
y a Monelle y a todas sus hermanas.
Simplemente
te dedicaré un par de adjetivos galantes
y yaceré contigo entre las sábanas
para olvidar tu nombre en una esquina
cuando las primeras luces estremezcan
los adoquines húmedos.
Si termina el amor
La noche anula todos los espejos
y amamanta dudas
que la mañana no ha de despejar.
La noche oculta míseros rincones
y apresura los ojos
de los indiferentes viandantes.
La oscuridad hace romas las esquinas
donde el sexo barato se agazapa
en las noches de frío solitario.
Bulle la vida entre las calles de neón;
las copas ignoran el destino del hombre
y los hombres van recuperando la inconsciencia
tras la segunda copa.
(Queda el olor, el olor imborrable,
la constancia precisa de las calles sin nombre)
Inevitable, la mañana
asesina las sombras y siembra resacas.
Mas nunca alivia el pecho del sediento.
Porque me duele el verbo
y se me incendia de amargura el pecho,
quisiera estar borracho,
borracho hasta matar contra los muros
esta masa de carne que me agota,
este cuerpo falaz que me contiene.
Porque la noche me escupe cara a cara
y no es posible el abrigo de unos ojos,
quisiera estar tirado en el asfalto
bajo el árbol fatal de la inconsciencia.
Dame la inconsistencia de la bruma.
Dame el sabor oscuro de la sangre.
Dame la nada, la nada redentora
y clava en mis entrañas tu veneno
como una garra atroz que me desgarre.
Quisiera estar borracho de tu aliento,
voraz amante que a nadie discriminas,
borracho de tus pérfidos licores
y de la negra miel de tus temidos labios.
Hoy quiero padecer la herida de tu sello,
el silencio feroz de tus dominios.
Q
Ser la planicie
que tus pasos conduzca hacia la aurora,
y el agua de las fuentes que te sacien
y el canto que te oriente entre la niebla.
Quiero ser tu ribera
¡oh, impetuoso río que me estrechas
con el caudal inmenso de tus venas
ciñéndose a mi casco enamorado!