De La Estrecha Senda Inexcusable
 

Crea el alma montañas confortables
donde no tiene entrada el sufrimiento.

Teje el deseo mágicos tapices
para escapar al tedio,
para huir del vacío insoportable
de las tardes sin nadie.

Pero el tiempo en su avance inexorable
consigue disipar la frágil telaraña
coloreando todo en tonos tormentosos,
llenando de tristeza las paredes desnudas.
 
¡Todo es un olor agrio!
¡Todo un sabor amargo, una añoranza
de sombras intangibles y lejanas!
 
Luego nos desbocamos con rumbo a la locura.
El dolor nos aboca a siniestros torbellinos,
nos empuja a la búsqueda incesante
de una voraz e inconsciente autodestrucción
y una aun más trágica quietud,
como un océano de flores espantosamente ennegrecidas,
como un tropel de trenes angustiosamente detenidos.
 
Queda en el pecho un latido que se apaga,
una nostalgia que se extingue,
un terrible silencio que no puede ignorarse.

   

De El Rostro Prohibido
 

La vida tiene espuelas, aguijones
que incitan al olvido, a la distancia.
 
Tiene cánceres negros que horrorizan capullos,
indoloros venenos que van sembrando ausencias,
hermosas alboradas que se ahogan en sombras.
 
Hiere siempre certera las zonas más sensibles.
Sobrecoge su empuje de tormenta implacable.
 
Tiene espuelas la vida y las clava en los costados
con frenesí de fiera, con disimulo de ángel.
 
Tiene aguijones suaves y cuchillos de almíbar
y sobre todo, fuego, fuego que quema el alma.
 
¡Pero es tan dulce a veces el fragor de las llamas!

  

De Metropolicromía

Tan sólo queda el cielo gris de las ciudades
cayendo sobre masas
sin rostro y sin pasado.
 
Sólo los mares sumergiendo arenas
de innumerables playas atestadas.
 
Sólo los pasos del poeta entre las calles
buscando con los ojos un rostro que no existe.
 
Sólo la multitud, sólo el derrumbe
de ese sol machacando las aceras.
 
Y un corazón que se desgarra
gritando nombres que no están
que jamás estuvieron
sobre el mapa incorrecto de las plazas desiertas.

  

De Itinerarios hacia ti
 

Si tan sólo la tarde pudiera reunirnos
bajo la lluvia triste en cualquier estación
viendo pasar los trenes, viendo huir los minutos,
viendo correr las gentes sobre el mojado andén.
 
Si tan sólo existiera un tiempo y un lugar para nosotros,
la intimidad de un bar semivacío,
las tardes del otoño entre las calles,
la ternura de un parque abandonado.
 
Si tan sólo tuviera tu pelo entre mis dedos
y en mis cansados labios se apoyara tu piel
y un ángel candoroso velase nuestro sueño
bajo las tenues luces de una playa lejana.
 
Si tan sólo pudiese mirarte mientras duermes,
contemplar en silencio tu silencio tranquilo
y olvidarme de todo y desnudarme de todo
y arrojar al olvido todo cuanto es ajeno
al color de tus ojos, al sabor de tus labios
y a la dulce cadencia de tu voz al hablarme.

  

De El Horizonte traicionado
 

En el censo azul del horizonte,
vencedor y vencido son un solo cadáver.
 
El campo de batalla no reconoce dignidades;
no hace distinciones ni permutas.
 
La sangre accidental del derrotado
y la sangre del héroe victorioso
se buscan bajo tierra
hasta descubrir que no son tan distintas;
se mezclan bajo tierra
y encuentran las raíces
del árbol poderoso
que nacerá mañana,
y allí, entre los ramajes,
vencedor y vencido son una misma savia.
 
Toda batalla entraña
infinitas derrotas
y una sola victoria,
efímera como la ola
que apenas rompe se retira
para no volver más.

  

De Viñetas y recuerdos

MENTIRAS

A Ana, que salvó la vida de Thomas de Quincey
y a Monelle y a todas sus hermanas.


Podría mentirte, decirte la verdad,
contarte por ejemplo
que soy un escritor que se conforma
con un humilde puesto de trabajo.
 
Podría decirte la verdad, mentirte,
confesarte que soy un simple obrero
que a ratos se atarea en los papeles
ansiando componer un verso hermoso
o elaborar un cuento.
 
También podría descubrirme,
decirte que no soy más que un farsante
que finge ser una de esas dos cosas,
un actor secundario en pleno acto.
 
Pero no diré nada de eso.

Simplemente

te dedicaré un par de adjetivos galantes
y yaceré contigo entre las sábanas
para olvidar tu nombre en una esquina
cuando las primeras luces estremezcan
los adoquines húmedos.

  

De Despertar en el Zaguán
 

Si termina el amor
el agua es más espesa en los estanques
y un ángel de cristal se muerde el labio;
puede darse un revuelo de gaviotas
mar adentro
y en el pecho la daga de una ausencia infinita
se abre paso cual proa entre las olas
y el consuelo del sueño nunca llega.
Nunca, el sueño nunca, nunca llega.
 
Si termina el amor
nubes negras se apoderan de los cielos
lanzándose a una loca carrera delirante
cuyo único destino es la certeza
de lo perdido, sí, de lo perdido.
 
Si termina el amor se llena el alba
de funestos ladridos sin consuelo
y un ruiseñor cansado se asesina
contra el pétalo fugaz de una amapola.
 
Si termina el amor lloran los parques
y una estrella fenece en cualquier parte,
y repican las fúnebres campanas
un coro de gemidos germinados,
una salva de gritos apagados
que hacia adentro resuenan y resuenan.
 
Si el amor se termina...
 
Los porches que solían cobijarnos,
la estación del ayer que nos prestaba
sus callados andenes de férrea complacencia;
la quietud temerosa de los templos,
el generoso amparo de las calles...
¿A qué otra causa han de servir? Decidme.
 
Y la noche... la noche, la noche protectora
si el amor se termina...
¿de qué sirve la noche si el amor se termina?

  

De Extrañamientos y rescates
 

La noche anula todos los espejos
y amamanta dudas
que la mañana no ha de despejar.
 
La noche oculta míseros rincones
y apresura los ojos
de los indiferentes viandantes.
 
La oscuridad hace romas las esquinas
donde el sexo barato se agazapa
en las noches de frío solitario.
 
Bulle la vida entre las calles de neón;
las copas ignoran el destino del hombre
y los hombres van recuperando la inconsciencia
tras la segunda copa.
(Queda el olor, el olor imborrable,
la constancia precisa de las calles sin nombre)
 
Inevitable, la mañana
asesina las sombras y siembra resacas.
Mas nunca alivia el pecho del sediento.

  

De Destierro
 

Porque me duele el verbo
y se me incendia de amargura el pecho,
quisiera estar borracho,
borracho hasta matar contra los muros
esta masa de carne que me agota,
este cuerpo falaz que me contiene.
 
Porque la noche me escupe cara a cara
y no es posible el abrigo de unos ojos,
quisiera estar tirado en el asfalto
bajo el árbol fatal de la inconsciencia.
 
Dame la inconsistencia de la bruma.
Dame el sabor oscuro de la sangre.
Dame la nada, la nada redentora
y clava en mis entrañas tu veneno
como una garra atroz que me desgarre.
 
Quisiera estar borracho de tu aliento,
voraz amante que a nadie discriminas,
borracho de tus pérfidos licores
y de la negra miel de tus temidos labios.
 
Hoy quiero padecer la herida de tu sello,
el silencio feroz de tus dominios.

  

De Mariela
 

Quiero que se me concedan las palabras,
todas las palabras,
para hacerte con ellas un camino.
 
Quiero una pala y un camión de tierra
para construir una utopía
que tus pies reconozcan.
 
Quiero un bosque magnífico, una brújula,
una navaja y un poco de mi sangre
para sembrar los hitos del sendero
que te lleve al mañana.
 
Quiero un arco y unas flechas mágicas
que atraviesen los mares y las horas
para tender un puente hacia tus manos
y en ti desembarcar.

Ser la planicie

que tus pasos conduzca hacia la aurora,
y el agua de las fuentes que te sacien
y el canto que te oriente entre la niebla.
 
Quiero ser tu ribera
¡oh, impetuoso río que me estrechas
con el caudal inmenso de tus venas
ciñéndose a mi casco enamorado!