Declaración de 19 monumentos Mudéjares como Bienes de Interés Cultural de Aragón.
Aragón es así

Declaración de 19 monumentos Mudéjares como Bienes de Interés Cultural de Aragón. Aragón.

Autor: Francisco Javier Mendivil Navarro Fecha: 7 de enero de 2022 última revisión



Fecha de Publicación: 28/02/2001

Resolución de 21 de febrero de 2001, de la Dirección General de Patrimonio Cultural, por la que se continúa el procedimiento iniciado a 19 monumentos mudéjares para proceder a su declaración como Bienes de Interés Cultural del Patrimonio Cultural Aragonés.

El arte mudéjar es un estilo que España ha aportado al patrimonio artístico universal y que es el crisol de tres culturas: la cristiana, la musulmana y la judía.

El arte mudéjar aragonés es, entre todos los focos mudéjares hispánicos, el de más poderosa singularidad y personalidad artística debido básicamente a dos causas:
1.--Al uso exhaustivo del ladrillo en sus monumentos, no sólo como material constructivo sino ornamental.
2.--Al uso profuso de la cerámica vidriada aplicada a la arquitectura en los exteriores.

Ya el 28 de noviembre de 1986 se inscribió en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO como Bien Cultural la arquitectura mudéjar de la ciudad de Teruel, esto es, la torre, el cimborrio y la techumbre de la catedral de Santa María de Mediavilla y las torres de las Iglesias de San Martín, San Pedro y San Salvador así como el ábside de la Iglesia de San Pedro.

Recientemente, se ha realizado una propuesta de ampliación de la inscripción del arte mudéjar aragonés en el Patrimonio Mundial y por ello, como primera medida de protección, el Departamento de Cultura y Turismo, a través del Director General de Patrimonio Cultural, el 27 de junio de 2000, inició el procedimiento para la inclusión de 91 bienes del arte mudéjar aragonés en el Catálogo del Patrimonio Cultural Aragonés.

La ley 3/1999, de 10 de marzo, del Patrimonio Cultural Aragonés, establece en su artículo 11, la clasificación de los bienes que integran este patrimonio como Bienes de Interés Cultural, Bienes Catalogados y Bienes Inventariados. Los bienes más relevantes, materiales o inmateriales, de este Patrimonio se declararán Bienes de Interés Cultural.

Por ello, dada la entidad y relevancia de los bienes relacionados en el apartado primero, su significación dentro del arte mudéjar y las recomendaciones de la UNESCO, se hace más conveniente reforzar el procedimiento iniciado para su catalogación, continuándolo con un procedimiento para la declaración de Bienes de Interés Cultural con el fin de otorgarles la máxima protección de nuestro ordenamiento.

Lógicamente, la declaración requiere la previa tramitación del expediente administrativo que ahora se inicia y que se ha de resolver en un plazo máximo de 18 meses a partir de la publicación de esta incoación. Su caducidad puede ser solicitada por cualquier interesado una vez transcurrido dicho plazo y se producirá si dentro de los tres meses siguientes a esa petición la Administración no dicta resolución (artículo 20 de la ley 3/1999, de 10 de marzo, del Patrimonio Cultural Aragonés). Por todo ello, el Director General de Patrimonio Cultural, a propuesta del Jefe de Servicio de Patrimonio Histórico Artístico,
ACUERDA:

Primero, Iniciar expedientes para la declaración como Bienes de Interés Cultural de los contemplados en la ley 3/1999, de 10 de marzo, del Patrimonio Cultural Aragonés, en la categoría de Monumentos, de los bienes que a continuación se relacionan, de acuerdo con las descripciones, delimitaciones y planos provisionales que se publican como anexos uno y dos a la presente Resolución.

Expediente Localidad Denominación principal
MU-001/2001 Alagón Torre e Iglesia parroquial de San Pedro Apóstol.

MU-002/2001 Alfajarín Torre e Iglesia parroquial de San Miguel Arcángel.

MU-003/2001 La Almunia de Doña Godina Torre de la Iglesia parroquial de la Asunción de Nuestra Señora.

MU-004/2001 Azuara Iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Piedad.

MU-005/2001 Báguena Torre de la Iglesia parroquial de la Asunción de Nuestra Señora.

MU-006/2001 Belchite Viejo (Belchite) Torre del Reloj.

MU-007/2001 Belchite Viejo (Belchite) Torre e Iglesia parroquial de San Martín.

MU-008/2001 Belmonte de Gracián Abside y torre de la Iglesia parroquial de San Miguel.

MU-009/2001 Borja Casa de la Estanca.

MU-010/2001 Daroca Abside de la Iglesia de San Juan de la Cuesta.

MU-011/2001 Híjar Iglesia de Santa María la Mayor.

MU-012/2001 Maluenda Techumbre, torre y torre antigua de la Iglesia parroquial de la Asunción.

MU-013/2001 Moyuela Torre de la Iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Piedad.

MU-014/2001 Paniza Torre e Iglesia parroquial de Nuestra Señora de los Angeles.

MU-015/2001 Peñaflor (Zaragoza) Torre e Iglesia parroquial de Nuestra Señora de los Angeles.

MU-016/2001 La Puebla de Alfindén Torre de la Iglesia parroquial de la Asunción de Nuestra Señora.

MU-017/2001 Romanos Torre de la Iglesia parroquial de San Pedro Apóstol.

MU-018/2001 Tarazona Torre y techumbre de la Iglesia parroquial de Santa María Magdalena.

MU-019/2001 Villamayor (Zaragoza) Torre de la Iglesia parroquial de la Asunción de Nuestra Señora.

La iniciación de este expediente conlleva la aplicación inmediata y provisional del régimen de protección establecido legalmente para los Bienes de Interés Cultural así como la suspensión de las licencias municipales relativas a todo tipo de obras o actividades en la zona afectada. El Director General de Patrimonio Cultural, previo informe de la Comisión Provincial de Patrimonio que corresponda, puede levantar esta suspensión total o parcialmente cuando sea manifiesto que estas obras o actividades no perjudican a los valores culturales del bien o de su entorno.

Para la emisión de dicho Informe será competente la Comisión Provincial de Patrimonio de Zaragoza, respecto de los bienes situados en la Provincia de Zaragoza, y la Comisión Provincial de Patrimonio de Teruel, para los de la Provincia de Teruel.

Segundo: Publicar en el "Boletín Oficial de Aragón" la incoación de los expedientes y notificarlo a los interesados y a los Ayuntamientos correspondientes.

Tercero: Abrir un período de información pública durante un mes, a contar desde el día siguiente al de la publicación de esta Resolución en el "Boletín Oficial de Aragón", para que cualquier persona física o jurídica pueda examinar dichos procedimientos en las oficinas de la Dirección General de Patrimonio Cultural (Edificio Pignatelli, paseo María Agustín, 36, de Zaragoza), de lunes a viernes, de 10 a 14 horas. Igualmente dentro de dicho plazo, pueden formularse las alegaciones que se estimen oportunas.

Zaragoza, 21 de febrero de 2001.

El Director General de Patrimonio Cultural, ANTONIO MOSTALAC CARRILLO
ANEXO UNO DESCRIPCION DE LOS BIENES

MU-001/2001. Alagón. Zaragoza.

Torre e Iglesia parroquial de San Pedro Apóstol.

La fábrica mudéjar de la Iglesia presenta un ábside, semicircular al interior, aunque poligonal de cinco lados al exterior, una nave de dos tramos y una torre octogonal a los pies del templo.

El muro del ábside al exterior se distribuye en pequeñas bandas decorativas superpuestas; en las que se suceden fajas de esquinillas, series de zig-zag y bandas de cruces en hueco.

La torre campanario presenta planta octogonal y estructura interna de alminar almohade. Al exterior, la torre presenta una división en tres cuerpos, separados entre sí por una imposta de ladrillo en saledizo. El primer cuerpo funciona como un sólido basamento, con los muros de su mitad inferior en talud, para una mejor estabilidad. Todos las caras del segundo cuerpo reciben el mismo tratamiento ornamental, como si de un tapiz decorativo se tratara, distribuyéndose en tres zonas, separadas por frisos de esquinillas, en las que se suceden paños decorativos de arcos mixtilíneos entrecruzados, rombos y medios rombos configurando almenas escalonadas. El tercer cuerpo es el que más reformas ha sufrido por su condición de piso de campanas.

MU-002/2001. Alfajarín. Zaragoza.

Torre e Iglesia parroquial de San Miguel Arcángel.

De la profunda reforma barroca, solamente se salvó de la fábrica mudéjar el hastial occidental -- oculto en buena parte por el atrio dieciochesco--, algo de la tribuna y la espléndida torre campanario.

La Iglesia, construida con ladrillo y yeso, contaría con una nave única con capillas entre los contrafuertes y una tribuna sobre éstas. Lo más notable lo encontramos en su hastial occidental, parcialmente oculto por el pórtico, decorado con paños de sebka de rombos mixtilíneos.

La torre campanario de esta parroquial inaugura el modelo de torres mixtas: campanarios formados por un cuerpo bajo de planta cuadrada al que se superpone un cuerpo octogonal, resolviéndose el paso entre los cuerpos mediante torreoncillos de ángulo. Al interior presenta estructura de alminar hispanomusulmán, mientras al exterior, se observa una decoración basada en grandes paños de sebka, separados por frisos de esquinillas, simples y a tresbolillo.

MU-003/2001. La Almunia de Doña Godina. Zaragoza.

Torre de la Iglesia parroquial de la Asunción de Nuestra Señora.

Torre campanario levantada a mediados del siglo XIV; es de planta cuadrada y al interior presenta estructura de alminar hispanomusulmán, machón central macizo, en origen hueco, de planta cuadrada en torno al cual ascienden las escaleras cubiertas por bóveda de ladrillo por aproximación de hiladas. Al exterior los paramentos se articularon mediante la disposición de un copiosa decoración a base de esquinillas, zig-zags y cruces de múltiples brazos formando rombos siguiendo la tradición ornamental imperante en ese periodo. En la parte alta de la torre se dispuso el cuerpo de campanas que abría al exterior mediante dos arcos apuntados por cada lado, resultado del entrecruzamiento de dos arcos de medio punto flanqueados por decoración de ladrillo en forma de rombos. La profunda transformación de la torre durante la segunda mitad del siglo XVI no supuso tan solo un recrecimiento en altura sino que se produjeron una serie de cambios importantes en cuanto a su estructura y decoración en general. Hacia 1575 se dispone un cuerpo octogonal cuya parte inferior presenta estructura de alminar y las dos superiores, que contienen las campanas, estructura hueca. Se cegaron los huecos del antiguo cuerpo de campanas y se decoró con cerámica.

MU-004/2001. Azuara. Zaragoza.

Iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Piedad.

Iglesia de una nave de dos tramos, con ábside recto; los tramos se cubren con crucería sencilla, quedando separados por estrechas bóvedas de cañón apuntado que apean en tres torres-contrafuerte a cada lado de la nave. Una tribuna abierta al exterior mediante series de cuatro arcos apuntados por cada tramo recorre perimetralmente la Iglesia por encima de las capillas laterales y el muro del ábside. La decoración de los muros es austera, a base de fajas de esquinillas y de zig-zag, e impostas de ménsulas de ladrillo en voladizo; destaca sobre la tribuna el motivo de cruz flordelisada recruzada.

MU-005/2001. Báguena. Teruel.

Torre de la Iglesia parroquial de la Asunción de Nuestra Señora.

La torre está adosada a los pies del templo parroquial, en el lado de la Epístola. Su cuerpo superior (de estilo mudéjar) es de planta ochavada e interior hueco --siguiendo la estructura de las torres tardías. Al exterior presenta dos pisos y remate de poca altura. Se articula mediante pilastras en los ángulos y entablamentos que separan los pisos. En los dos pisos se abren vanos de medio punto y óculos.

Lo más interesante de esta torre es su sistema decorativo en el que se conjugan los elementos mudéjares tradicionales, como esquinillas, cruces de múltiples brazos formando rombos que albergan cruces internas, lacerías o arquillos, con otros que responden a una tímida renovación del vocabulario decorativo mudéjar con motivos como líneas verticales en ladrillo resaltado con los extremos matados, medallones o la inclusión de símbolos cristianos.

MU-006/2001. Belchite Viejo (Belchite). Zaragoza.

Torre del Reloj.

No obstante la mutilación del cuerpo superior de campanas y del remate en chapitel piramidal, se aprecia aún una construcción en ladrillo y estilo mudéjar, que presenta una planta cuadrada y estructura de alminar hispanomusulmán con la torre envolviendo el machón central, cuadrado y hueco, y alojando, entre ambos, las escaleras cubiertas por bovedillas en arco rampante.

La zona inferior carece de decoración, concentrándose esta en su parte superior en la que aparecen dos series de cruces de múltiples brazos formando rombos- de las que la más baja presenta el ladrillo en resalte- enmarcadas por tres fajas de esquinillas a tresbolillo. Sobre el segundo friso de rombos se dispone una faja de dientes de sierra, sobre el que se colocaría el cuerpo de campanas y el remate piramidal, desaparecidos en la actualidad.

MU-007/2001. Belchite Viejo (Belchite). Zaragoza.

Torre e Iglesia parroquial de San Martín.

Aún se mantienen en pie los muros de la Iglesia y su magnífica torre. La Iglesia es de nave única, cuatro tramos y ábside poligonal; una galería superior de arcos de medio punto doblados recorría todo el perímetro de la Iglesia. La decoración exterior de la Iglesia presenta una banda de rombos en doble plano, enmarcada por series de esquinillas a tresbolillo. La torre, a los pies, es de tipo alminar, con escalera interna cubierta por aproximación de hiladas; tiene planta cuadrada, tres cuerpos y chapitel piramidal de planta octogonal.

La torre separa sus tres cuerpos por medio de impostas de ménsulas en saledizo; el segundo cuerpo hay decoración de zig-zag enmarcada por esquinillas, paños de rombos y una doble cinta anudada en círculos; el tercer cuerpo tiene arcos apuntados ciegos, cobijados por arco de medio punto enmarcado y rodeado por decoración de rombos.

MU-008/2001. Belmonte de Gracián. Zaragoza.

Abside y torre de la Iglesia parroquial de San Miguel.

Abside poligonal, realizado en ladrillo (lo que contrasta con el resto de la fábrica de la Iglesia, construida en piedra sillar y mampostería), de cinco lados, que exteriormente carece de contrafuertes, y presenta, en sus dos tercios superiores, una decoración a base de paños de ladrillo resaltado que configuran una retícula de rombos y cruces, separados por frisos de esquinillas.

La torre, exenta, se halla situada en el costado sur de la Iglesia, presenta estructura de alminar hispanomusulmán y decoración de platos y fustes cerámicos de color melado, frisos de esquinillas y espigas, así como dos paños de arcos apuntados entrecruzados.

MU-009/2001. Borja. Zaragoza.

Casa de la Estanca.

Edificio de planta casi cuadrada, de tres pisos, cuyas fachadas presentan tratamiento de tradición mudéjar, a base de tres paños: el inferior en sillar, el central a base de un paño de cruces de múltiples brazos en ladrillo a cara vista, enmarcado por sendos frisos de esquinillas, y el superior con galería de arquillos de medio punto doblados, también en ladrillo, la mayoría cegados.

MU-010/2001. Daroca. Zaragoza.

Abside de la Iglesia de San Juan de la Cuesta.

El ábside presenta seis medias columnas adosadas a la mitad inferior del muro, en piedra, que se transforman en pilastras cuando se pasa de la fábrica de piedra a ladrillo. Tiene dos vanos aspillerados, doblados por un arco lobulado de siete lóbulos, uno en la parte central del ábside y otro en el tramo recto del presbiterio en el lado de la epístola.

MU-011/2001. Híjar. Teruel.

Iglesia de Santa María la Mayor.

La etapa mudéjar corresponde a la cabecera heptagonal, con contrafuertes en las aristas, y primer tramo de la nave, cuya superficie exterior presenta friso corrido por encima de los contrafuertes donde se concentra la decoración mudéjar con dos frisos de ladrillo en esquinillas que cobijan una gran franja de rombos en ladrillo resaltado. Sobre ella se dispone una cornisa de falsos modillones. El tramo añadido en el siglo XVI presenta la misma decoración exterior de friso de rombos entre bandas de esquinillas.

MU-012/2001. Maluenda. Zaragoza.

Techumbre, torre y torre antigua de la Iglesia parroquial de la Asunción Iglesia de nave única y ábside heptagonal. Lo más interesante se encuentra al exterior en las torres y la fachada protegida por el gran rafe de madera, y al interior en el magnífico alfarje que sostiene el coro y en la techumbre del antiguo pórtico lateral derecho. Adosada al lado sur, restos de la original torre cuadrada con restos de decoración en espiga. La torre actual se incorporó a la fachada configurando un curioso conjunto de torre-fachada cuyos lienzos fueron adosados. Al interior sus dos primeros cuerpos se corresponden con el espacio del coro y el sotocoro, los dos cuerpos siguientes son de planta cuadrada, alojando el cuerpo de campanas en el cuerpo superior. Al exterior presenta decoración de ladrillo resaltado siguiendo el modelo establecido durante la segunda mitad del siglo XVI. En el interior alfarje sobre el que se encuentra el coro, formado por cuatro jácenas y jaldetas formando cinco secciones, cada una con apeos de voladizo con canecillos aquillados. Desde el punto de vista decorativo presenta motivos de carácter vegetal y heráldico en rojo, verde y dorado.

MU-013/2001. Moyuela. Zaragoza.

Torre de la Iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Piedad.

Unico resto de la fábrica mudéjar, junto al hastial de la fachada, la torre se conserva en su lugar original adosada al lado derecho de la nave central. Presenta planta cuadrada y estructura cristiana, a base de estancias superpuestas, en origen de piso de madera y comunicadas por medio de escalera de mano. Al exterior presenta un primer cuerpo ciego, a modo de zócalo, de piedra sillar sobre el que se levanta un primer cuerpo de ladrillo cuyos paramentos se articularon a base de una profusa decoración de cruces de múltiples brazos formando rombos y esquinillas sobre los que se abren dos vanos de medio punto en tres de sus caras. Mediante una cornisa, dispuesta sobre ménsulas de ladrillo en voladizo, se pasa al cuerpo superior que sigue la misma decoración destacando la introducción de aplantillados a tresbolillo propios de las torres tardías.

MU-014/2001. Paniza. Zaragoza.

Torre e Iglesia parroquial de Nuestra Señora de los Angeles.

La fábrica mudéjar del templo presentaba un ábside recto al interior, aunque poligonal al exterior, (que actualmente queda a los pies del templo, ya que con la reforma barroca de 1685, la Iglesia sufre un cambio en su orientación). Contaba, además, con una nave única de cuatro tramos y capillas laterales entre los contrafuertes. Todo cubierto por bóvedas de crucería estrellada.

Al exterior, llaman la atención las dos galerías superiores, que le otorgan un marcado carácter civil. Presenta decorado su muro meridional a base de paños de rombos, de lazos y de cruces de múltiples brazos, además de las típicas bandas de esquinillas.

Adosada a la derecha del ábside poligonal original, en el ángulo noroeste de la cabecera, encontramos la torre campanario que cuenta con estructura cristiana y división exterior en tres cuerpos de planta cuadrada. El cuerpo inferior mudéjar presenta planta cuadrada y decoración de paños recuadrados con motivos de aspas y de pequeños polígonos ensartados por bandas verticales y fajas de esquinillas. El paso de este cuerpo al superior, octogonal, se realiza a través de torreoncillos de ángulo. Este segundo cuerpo se articula mediante pilastras adosadas a las aristas del octógono y muestra una decoración de paños de aspas y fajas de esquinillas.

MU-015/2001. Peñaflor (Zaragoza). Zaragoza.

Torre e Iglesia parroquial de Nuestra Señora de los Angeles.

La Iglesia consta de un ábside poligonal de cinco lados y una nave de cuatro tramos, todo cubierto por bóvedas de crucería sencilla. Su exterior carece del sabor original mudéjar al sufrir una reforma neomudéjar a principios del siglo XX, que la dota de contrafuertes y de una nueva fachada, a los pies del templo.

La torre, adosada a los pies del templo, en su muro sur, presenta planta cuadrada y estructura interior de campanario cristiano; la planta inferior de la torre alberga una capilla cubierta por aproximación de hiladas desde el que se accede a la torre. Por el exterior la torre presenta división en cuatro cuerpos de planta cuadrada. Cada cuerpo posee una anchura algo menor que el inmediato inferior, resolviéndose el paso entre los cuerpos mediante una imposta volada y coronada con almenas escalonadas.

Posee gran riqueza decorativa, cuyos motivos principales son los paños de rombos formados por cruces de múltiples brazos, las bandas de esquinillas, simples y a tresbolillo, y almenas.

MU-016/2001. La Puebla de Alfindén. Zaragoza.

Torre de la Iglesia parroquial de la Asunción de Nuestra Señora.

Torre campanario situada a los pies de la Iglesia, transformada durante el barroco. De la primitiva fábrica mudéjar se conservó esencialmente la torre; construida enteramente de ladrillo, es de planta cuadrada y de estructura de alminar hispanomusulmán, a base de un machón central de planta cuadrada en torno al cual asciende una escalera cubierta por bóvedas de ladrillo por aproximación de hiladas. Al exterior consta de tres cuerpos separados por cornisas sobre ménsulas de ladrillo en voladizo. El cuerpo inferior presenta paramentos lisos levemente articulados mediante la disposición de varias saeteras; el segundo cuerpo presenta en sus cuatro lados paños de arquillos cuyas ramas forman una retícula romboidal, sobre el paño cada lado remata con una fila de esquinillas; el tercer cuerpo se divide en dos zonas: la inferior abre en cada lado mediante arcos tumidos geminado cobijados por un arco apuntado, flanqueados por franjas verticales con decoración de ladrillo en resalte formando rombos y hexágonos; la zona superior abre mediante arcos de medio punto.

Presenta remate almenado resultado de las restauraciones llevadas a cabo.

MU-017/2001. Romanos. Zaragoza.

Torre de la Iglesia parroquial de San Pedro Apóstol.

Unico vestigio de la fábrica mudéjar levantada a los pies de la edificación actual. La parroquial, de comienzos del siglo XVI y adscrita al modelo gótico renacentista, se encuentra rodeada por una cerca defensiva que formaría parte del conjunto denominado por Guitart como "Iglesia-castillo", datada en el siglo XIV. La torre ha sido considerada por Gonzalo Borrás como "el arquetipo más puro y destacado" de torre de estructura cristiana cuyo referente más directo lo encontramos en las torres defensivas y señoriales del territorio aragonés. De planta cuadrada, al interior se dispone según la superposición de seis estancias comunicadas entre sí, todas ellas se cubrieron con bóveda de cañón apuntado. El acceso en alto, practicado en el muro oriental de la torre, accede a la segunda estancia desde la cual se accede a la inferior y a las superiores. Al exterior, la articulación de huecos de los paramentos se relacionan claramente con la arquitectura defensiva, apenas un vano con matacán en la tercera estancia; el cuerpo de campanas, el único con función y carácter religioso, abre en tres de sus lados mediante vanos gemelos apuntados protegidos por uno anudado en la clave y recuadrado en alfíz; la otra cara restante abre mediante un arco de medio punto con nudo en la clave y recuadrado en alfíz. El tratamiento decorativo de la torre es muy acusado; consta de tres cuerpos separados por impostas sencillas.

El cuerpo inferior se decora con filas de esquinillas simples y a tresbolillo que flanquean una faja de zig-zags, remata con una serie de ménsulas escalonadas de ladrillo en voladizo que da paso al segundo cuerpo. Este presenta grandes paños de sebka sobre los que se dispuso una fila de esquinillas en cada lado; el cuerpo superior es el que presenta una mayor aglomeración ornamental, combinando esquinillas, paños de lazos de ocho y retículas romboidales con cruces interiores incluso. La torre culmina con un remate octogonal.

MU-018/2001. Tarazona. Zaragoza.

Torre y techumbre de la Iglesia parroquial de Santa María Magdalena.

Primitiva catedral de Tarazona, el edificio románico-gótico consta de tres naves, de longitudes desiguales, con cabecera de triple ábside, siendo el central de mayores dimensiones. La torre mudéjar levantada a los pies es de tres cuerpos de ladrillo elevados sobre un zócalo de piedra sillar, de planta cuadrada y estructura de alminar con machón central de planta cuadrada en torno al cual asciende la escalera cerrada con falsas bovedillas de hiladas de ladrillo. Al exterior el primer cuerpo, de gran elevación concentra la decoración en la parte superior con frisos de esquinillas, zig-zags y cruces de múltiples brazos formando rombos; el segundo cuerpo se articula a través de la combinación de vanos de arco apuntado y frisos decorativos; el tercer cuerpo presenta grandes arcos de medio punto doblados y elementos ornamentales como arcos de medio punto ciegos y frisos de recuadros. Al interior de la Iglesia se conserva la techumbre de madera de las dos naves laterales estando visible la de la nave lateral izquierda mientras la otra se encuentra oculta, enmascarada por la bóveda barroca. Se trata de uno de los ejemplos más significativos de Aragón de armadura de parhilera, junto a la armadura de Peñarroya de Tastavins. La estructura es la más sencilla de las techumbres a dos aguas, soportada por arcos diafragma apuntados. La nave de la izquierda conserva cinco tramos mientras la de la derecha solo tres. Desde el punto de vista ornamental es muy sencilla, presenta agramilados en el papo de los canes y policromías en rojos y verdes.

MU-019/2001. Villamayor (Zaragoza). Zaragoza.

Torre de la Iglesia parroquial de la Asunción de Nuestra Señora.

Unico vestigio de la Iglesia de tradición mudéjar, edificada a partir de 1425 sobre los cimientos de la antigua Iglesia parroquial. Esta Iglesia constaba de una sola nave, de tres tramos de planta cuadrada, cubiertos con bóvedas de crucería sencilla, con capillas laterales, modelo de Iglesia mudéjar generalizado. La torre, construida en la segunda mitad del siglo XVI, se adosó a la cabecera, siguiendo una disposición atípica.

En 1973, la Iglesia sufrió una importante reforma, se amplió a tres naves y cambió su orientación, de manera que la torre mudéjar se situaría a partir de ese momento a los pies de la construcción. La torre es de estructura cristiana, a base de estancias superpuestas comunicadas entre si. Al exterior consta de dos cuerpos, el primero de planta cuadrada y el segundo de planta octogonal; la transición de un cuerpo a otro se soluciona al exterior mediante la disposición de torreoncillos de esquina.

La decoración en el cuerpo inferior se divide en tres zonas: la primera lisa; la segunda con labor de rombos y un friso corrido de azulejería, enmarcado por cornisas; la tercera con hexágonos alargados en vertical, con cruces de tres brazos en su interior.

El cuerpo se dividió en tres partes separadas por cornisas molduradas, la inferior se articula mediante paños de rombos; los dos superiores contienen las campanas y se abrieron mediante arcos de medio punto doblados. Todo el cuerpo superior se decoró con frisos de azulejos.

ANEXO DOS : DELIMITACION Y PLANOS



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ALBARRACÍN Y SU COMUNIDAD

Geografía y paisaje de Albarracín

Un milagro urbano e histórico es Albarracín. Ofrece al visitante el encanto de la vetusta arquitectura de una ciudad inverosímil que sorprende y nos atrae.

Tras la admiración lírica de cuanto ven allí nuestros ojos, nace el deseo de hallar una explicación a esta ciudad creada por la geografía y por el hombre que los tiempos nos han guardado intacta. El viajero se encuentra ante Albarracín de repente. Después de un recodo de la carretera que parte de Teruel, atraviesa los llanos de Cella y tras pasar el pueblo de Gea de Albarracín, se mete apretadamente entre montañas para seguir serpenteando al lado mismo del río Guadalaviar. Luego una modesta vega, encajada entre cerros, procede al encuentro con la ciudad. esta se anuncia primero con un lienzo de murallas y torres coronando un alto monte. Cuando al final de la Vega, vuelve rápida la carretera, tras una cerrada curva que se ciñe al pie de aquella alta loma fortificada, el viajero se topa con sorpresa con la agrupación urbana de Albarracín, apretada detrás de aquel cerro severo y agreste. Solo ahora ante el abigarrado caserío se comprenden las fuertes murallas y altas torres que coronan el cierro. Primero se llega al «Barrio» se ve de frente, colgadas sus casas a las peñas. Mas adelante la carretera ha de perforar la mole rocosa para continuar su ruta; el casco urbano ha quedado arriba sobre la roca que el río circunda tras haber formado el mas trabajoso de los meandros. Es esta península rocosa que el río labró cavando una continuada y profunda hoz, se construyó Albarracín. Primero se llamó Santa María de Oriente por los historiadores y geógrafos árabes y luego Santa María de Ben Razín, nombre de una tribu de origen bereber que gobernó tres siglos largos la ciudad.

Aquel seguro reducto fue cabeza de toda una comarca que allí encuentra su centro natural. Historia y geografía explican al que el recorre Albarracín la razón de aquellas fuertes murallas que tan bien plantadas quedan en un paisaje agreste de cerros rocosos y rocas peladas. Protegen un casco urbano impresionante por su vetusta autenticidad y por el milagro de su mantenimiento a lo largo de los siglos. Las calles estrechas y sinuosas son como una cambiante escenografía. Plazas, esquinas, pequeños escampados, nos permiten gozar de perspectivas insospechadas, originales y atractivas. Y tofo ello en medio de un paisaje austero e impresionante de montañas rocosas rajadas por el río Guadalquivir que bordea toda aquella maravilla, metido en un profundo tajo. Este foso al crear tan fuerte posición natural nos explica como el hombre aprovechó aquel apartado lugar para organizar su vida urbana en los inseguros tiempos medievales.

Hoy Albarracín es un placer para quien solo desee contemplar una estampa de los tiempos pasados. Allí se sintetiza una región bravía de muy acusada personalidad. Todos llamamos «la Sierra» a esta singular comarca natural. Esta formada por dos grandes alineaciones de cordilleras con picos entre los 1.500 y los 2.000 metros de altura. Entre ellas se formaron estrechos y cortos valles, surcados por las aguas del río Guadalaviar y sus principales afluentes, del Tajo, del Júcar y del Cabriel. Estos valles y las hoces por las que los ríos se abrieron paso fueron siempre los caminos naturales por los que llegaron a Albarracín los hombres de la sierra haciéndola el centro político, religiosos y económico de toda aquella comarca aislada. Su difícil geografía solo se goza y comprende recorriendo la región.

Si desde Albarracín el viajero avanza solo seis kilómetros por la carretera que sigue estas hoces, estrechas y profundísimas, hasta el punto de que a veces no sabe por donde seguirá la carretera, llegará al cruce de Tramasaguas. Allí se abrirán dos rutas. Luego éstas se bifurcan unos kilómetros mas arriba, formando como las ramas de un árbol cuyo tronco es el río Guadalquivir y la carretera que lo bordea. Esta, primero, atraviesa el encantador Valle de Tramacastilla donde los frutales de su vega son los últimos que admiten el clima serrano. Las huertas feraces lindan con los pinares que cubren las laderas de las montañas. Luego, mas allá de Tramacastilla, la carretera remonta hacia Cillas del Cobo, Guadalquivir y Griegos por entre montes y pinares por una parte; por otra llega a Noguera para penetrar en los cerrados bosques de pinos y las verdes praderas de El Puerto. Los picos mas altos de la Sierra están por estos parajes. El Caimodorro llega casi a los 2.000 metros y la Muela de San Juan a los 1.900 metros de altitud. En esta parte de la Sierra se forma la más extensa red hidrográfica de España, Hacia el Norte nace y corre el Gallo que irá a Molina y al Tajo. También van algunas aguas de tierras de Albarracín por el Norte al río Jiloca tras atravesar las parameras de Monterde, de Pozodón y Ródenas. Es toda una comarca lateral de la Sierra que nos enlaza con tierras castellanas de Molina y con la cercana región aragonesa del Valle de Jiloca, la región de « el Río » para los Serranos, distinta de « la Sierra » por su economía, por sus costumbres y por el carácter de sus hombres. La otra parte de la Sierra de Albarracín se alcanza siguiendo desde Tramasaguas el río Royuela, afluente del Guadalquivir. Se llegará como al abierto y pintoresco « Val de Royuela », como se llamaba siempre en los documentos en el Monasterio de Carmelitas de Nuestra Señora del Val de Royuela, hoy en ruinas. En este lugar la carretera también se bifurca y llega a Colomarde y Frías, rico por sus pinadas y prados que se extienden hacía la Vega del Tajo, que es un valle alto, donde se origina este río. Queda limitado por las estribaciones de la Muela de San Juan y el Cerro de San Felipe, esté último metido ya en el linde con la Serranía de Cuenca, prolongación de nuestra Sierra de Albarracín. Cerca de la Vega del Tajo en otro alto valle, el de Valtablado, aún ahora tierra de la Comunidad de Albarracín, nace el Júcar y no lejos el Cabriel, su principal afluente. Este río se forma a lo largo de otro pintoresco valle, el llamado Val de Cabriel, tierra de pastos y de pinos, pero que la acción del hombre también ha hecho tierra de labor en grandes trechos. Además de esta parte de la Serranía, desde Royuela, otra carretera lleva hacia Terriente, siguiendo al principio el río de el Garbe que riega el valle sereno y tranquilo de Royuela. Pasado Terriente se alcanza el Vallecillo al final de Val de Cabriel y mas al este se extiende una región abrupta, imponente por sus enormes barraqueras en torno al Javalón, el cerro de las Brujas. Al norte de esta montaña está el pueblo de Javaloyas, y entre el Javalón y tierras ya de Valencia, hacia el este, se extiende desafiante una paramera áspera y fría en la cual protegidas en los recodos de los cerros se hallan varias aldeas de nuestra comunidad. Al norte del Javalón hacía Gea y Bezas de Albarracín crece el mas pintoresco de los pinares, el famoso Rodeno, donde los pinos nacen entre los pistachos de las areniscas rojas del Triásico. Ofrécese allí un paisaje inolvidable que ya fue santuario prehistórico, como nos lo recuerdan sus diversos grupos de pinturas rupestres.

En toda esta agreste comarca de asientan los pueblos serranos. En total veintidós municipios. Son de muy escasos habitantes, algunos formados por simples caseríos de veinte a cuarenta hogares. Todos forman parte de la Comunidad de Albarracín, entidad político- administrativa que aún está en pie. Tan curiosa institución solo se comprende por la Historia y por la forzada defensa de los montes y pasos que se han aprovechado en común durante siglos por los habitantes de esta tierra. Hoy como siempre los « serranos» viven igual que ya los describió nuestro Ignacio de Asso, hace 300 años. Los bosques de pinos y la ganadería, mas que la agricultura, les sustentan. Casi todos los pastos del país se explotaban en común y una rica ganadería dio siempre a esta tierra la base de su riqueza. Las aldeas de la Comunidad y se convirtieron tras el azaroso siglo XIX en municipios independientes y sus bienes hoy son consumidos principalmente para sostener una pesada y sus bienes hoy son consumidos principalmente para sostener una pesada y absurda administración municipal que deberá simplificarse para bien del país. Albarracín fue siempre la cabeza de toda esta tierra serrana, llena de bellezas naturales, de bosques extensos de pinos, de espesos y olorosos sabinares; de praderas verdes; de valles sonrientes, de fuentes frescas y arroyos cristalinos. En tierras de Albarracín se inician esos surcos de agua que llevan en su nacer nombres que sonarán por toda la geografía de España: Tajo, Júcar, Cabriel, Guadalquivir o Turia, Jiloca, Gallo.
Los picos altivos y dominadores de sus tierras le dan su fuerte personalidad frente a Castilla, a Aragón y a Valencia. No lejos del Javalón está la loma de los tres reinos, donde los reinos de Castilla, Aragón y Valencia tienen límite. Enclave geográfico altivo, la geografía de Albarracín, « la Sierra » a secas para sus pobladores, nos explicará la historia de « La Ciudad» por antonomasia, pues así era llamada entre los serranos de Albarracín, hasta no hace muchos años. Poco a poco va dejando de ser la cabeza de la comarca, pues por un lado las comunicaciones, por otro las reformas políticas y administrativas le ha hecho decaer y perder el rango y sentido que la tradición le mantuvo hasta hace unos años. Hoy queda sin explicación para el atónito visitante sus poderosas fortificaciones, su catedral, el prestigio de su Juez que heredó la tradición mantenida hasta el Decreto de Nueva Planta en pleno siglo XVIII, de que en él se acabarán las apelaciones. Hoy Albarracín no tiene ya obispo. Ni el título de Administrador Apostólico que heredó con sus funciones el Obispo de Teruel, suena en los documentos de su curia. El Juez de primera Instancia se suprimió hace unos años. Ya no es el mercado al cual bajaban los serranos a comprar y vender. Albarracín dejó de ser «la ciudad»como hasta los años anteriores a la última guerra. Solo le queda su historia y la belleza de su casco urbano, la fuerte impresión de sus monumentos; lo que ha conservado de su patrimonio artístico, no mucho, por la incultura y decadencia en que vive. Y su paisaje. Todo esto unido, cuidándolo con amor, será un tesoro que se podrá añadir a sus fuentes naturales de riqueza y permitirá mejorar el vivir de los habitantes de la comarca.

También siempre le quedará Albarracín su historia peculiar romántica y personalísima dentro de la gran Historia de España.

La historia de Albarracín

La personalidad geográfica de la Sierra, diferente a la Meseta castellana y a las montañas y a las llanuras de Levante, configura su original historia.

Los primeros vestigios del pasado del hombre en tierras de Albarracín nos lo ofrecen las pinturas rupestres del pinar del Rodeno, conservadas en doce covachas y abrigos rocosos de las areniscas triásicas. Algunas de estas pinturas son de una sugestiva belleza y representan una de las mas antiguas muestras del arte humano.

Hacia el 2.000 a de J. C comenzó a llegar el conocimiento de la agricultura a los valles serranos junto con la domesticación de los animales. En Frías de Albarracín se nos ofrece la mas antigua aldea de agricultores que conocemos en la Sierra. Se asentó fortificada sobre el cerro que se levanta junto al pueblo actual.

Luego, con la invasión de los celtas que indoeuropeizaron la Península a partir del siglo IX a J. C se formó sobre nuestro país el pueblo de los lobetanos. Debieron ocupar lo que hoy es la Comunidad y sobre su economía agrícola y ganadera con el aprovechamiento colectivo de la mayor parte de la tierra y de los bosques y prados se forjó la base étnica y económico administrativa sobre la que aún viven en gran parte los habitantes de la tierra.

La época romana no ha dejado vestigios de mayor interés. La sierra fue cantada en sus bosques y frescas fuentes por Marcial, el gran poeta nacido en Bilbilis, hoy despoblado cerca de Calatayud. Fueron explotados sus bosques y minas de hierro y hasta un curioso alfar de cerámica decorada existió cerca de Bronchales. Las leñas de los montes eran la base de estas explotaciones industriales del capitalismo romano, al margen de las cuales el pueblo indígena de los lobetanos vivió su vida de agricultores y ganaderos semejante a la actual y en poblados no muy diferentes.

La inseguridad de los tiempos finales del Imperio Romano, la dureza de vida a que todo queda reducido en España, tras la invasión de los germanos y las luchas de los grupos de estos entre sí y contra los bizantinos, comenzó a valorar estas tierras aisladas y de fácil defensa. En donde hoy esta Albarracín se debió fortificar un grupo de gente en torno a una iglesia consagrada a Santa María. Cuando la invasión árabe, la peña que forma la hoz del río, fue un refugio único para lo que quedaba de cultura. En busca de la seguridad, allí se organiza la capital económica y política de toda la comarca y de las regiones circundantes.

Cuando los primeros textos árabes nos describen, la España musulmana, aquel núcleo urbano agreste y bien fortificado se llama Santa María De Oriente, para diferenciarlo de otra Santa María de Poniente o de Osanova hacia el Algarbe.

Santa Mará siguió siendo el nombre de la capital y del centro político en el cual, los Ben Razín, una tribu bereber llegada con la invasión islámica, asentaron su poderío prueba de su tolerancia con la población cristiana mozárabe agrupada en torno a una iglesia y a su obispo que aún estaba rigiendo su grey en tiempos del Cid Campeador según nos refiere la Crónica General. Es significativo que la única lápida de Albarracín llegada a nuestros días es de un mozárabe.

Luego la Santa María de Oriente de los siglos VIII al X, se llamará ya Santa María de los Ben Razín en el siglo XI y en el XII cuando la dinastía de este nombre lleve a su mayor esplendor aquel lugar. A partir de 1160 será ya Santa María de Albarracín al pasar hacia aquel año a manos de un soberano cristiano, don Pedro Ruiz de Azagra el cual mantendrá la independencia de aquel pequeño estado que hasta 1379 el rey de Aragón no logrará incorporarlo definitivamente a su reino. Don Pedro Ruiz de Azagra era un caballero navarro que se mantuvo un señorío serrano proclamándose «Vasallo de Santa María y Señor de Albarracín», para recalcar su independencia de los reyes de Aragón y de Castilla con el avance de la reconquista acabaron envolviendo a este minúsculo estado independiente sin conquistarlo. Para mejor sostener su independencia pobló principalmente con navarros la tierra, cuyos apellidos aún se mantienen en la Sierra. Los vasallos del Señorío de Albarracín apoyaron esta actitud con brío y habilidad. En mas de una ocasión con feroz heroísmo. A. D. Pedro Ruiz de Azagra, III señor independiente, que hizo frente victoriosamente al Rey de Aragón Jaime I, obligándole a retirarse del sitio que puso a Albarracín. Le sucedió su hijo Álvaro Pérez de Azagra, IV soberano de Albarracín, casado con la infanta Doña Inés de Navarra, reino con el cual siempre mantuvo relaciones estrechas Albarracín. A la muerte de don Álvaro Pérez de Azagra, el señorío de Albarracín lo hereda con plena independencia su hija mayor Teresa Álvarez de Azagra, casa con don D. Juan Núñez de Lara «el Mayor». Este saco al país de su discreta neutralidad entre Castilla y Aragón para lanzarlo al torbellino de una de las vidas mas aventureras y mas borrascosas de toda nuestra Edad Media. Perdió temporalmente su estado ocupado por Pedro III de Aragón, tras un feroz sitio de la ciudad audazmente sorprendida por el rey de Aragón. Pero pocos años después, Jaime II lo entrega también temporalmente a Juan Núñez de la Lara «el Joven», aun en vida de su madre Doña Teresa Álvarez de Azagra. Vuelve a manos de Aragón, pero no por mucho tiempo, pues ante de ser proclamado soberano, con los mimos títulos que siempre tuvieron sus señores, el infante Don Fernando, hijo de Alfonso IV de Aragón y de Doña Leonor de Castilla, hermana de Alfonso XI. Asesinado este en Burriana en la misma cámara del rey en 1359 por su hermano Pedro IV de Aragón, los de Albarracín se mantuvieron fieles, a su mujer, una dulce infanta de Portugal llamada doña Inés. Primero se alegó que esperaba el nacimiento de un hijo que no llegó, pues tal vez solo eran añagazas de los serranos para no entregarse al rey de Aragón, heredero del estado tras el fratricidio terrible de Burriana. Luego hicieron frente abiertamente al Rey no reconociéndole como heredero. Doña Inés, atraída por el rey de Francia y de Navarra, Felipe IV el Hermoso, contra la opinión de sus vasallos que tan románticamente la defendían, salió de incógnito hacia Navarra, con un enviado secreto del rey de Francia con nombre de trovador mas que de espía, llamado en las crónicas «Arnaldo, hijo de Arnaldo de Francia». En Borja los enviados de Pedro IV los lograron identificar y de tener. Conservamos la orden por la que el rey, que estaba en Cullera, manda enviarlos al castillo de Luna y allí luego decapita a Arnaldo de Francia y lleva a Huesca buen guardada a la soberana de Albarracín.

Ni aún presa del rey la princesa de Portugal y soberana de Albarracín, aunque el rey de Aragón era ya por derecho el heredero del señorío, se sometieron los hombres fieles de aquel estado a Pedro IV. Le exigieron la libertad de su soberana y se negaron a reconocerle como señor mientras ella no los liberase de su juramento de fidelidad. Hasta 1379, en Fraga, no se llegó a un acuerdo. Doña Inés recibió Tamarite de Litera y otros estados y liberó a sus vasallos fieles de Albarracín y su tierra del juramento de fidelidad. Luego al rey de Aragón juró los fueros de la Ciudad y Comunidad y reconoció la independencia total administrativa de la tierra que siguió eligiendo por insaculación un juez que gobernó el país hasta 1713, en que el Decreto de Nueva planta de Felipe V al terminarse la Guerra de Sucesión estableció en Albarracín un corregidor. Después toda ha sido rutina decadencia, acentuada mas y mas en el siglo XIX y lo que va del XX. En pie quedan solo las murallas, la catedral y otros vestigios monumentales dispersos por el país. Como un recuerdo de aquella independencia los terrenos comunales que se extienden por gran parte de la Sierra forman con su rico patrimonio la llamada Comunidad de Albarracín, que pertenece a la ciudad y a las veintidós aldeas que se agrupaban con este nombre. Son los restos de una historia gloriosa. Hoy el gobierno de este patrimonio comunal enorme pasa de unas manos a otras, cada vez menos libres y, creemos, con menor provecho para los habitantes de la Sierra, sus legítimos herederos.

EL PATRIMONIO ARTÍSTICO Y MONUMENTAL DE ALBARRACÍN Y SU SIERRA.

Eco de esta Historia original y bravía, Albarracín poseyó un rico patrimonio monumental artístico que aún es digno de ser visitado. Además de la Ciudad, todas las aldeas con sus iglesias y casonas, tenían algo que enseñar y digno de ser admirado. En los últimos años se ha perdido tanto que muchos pueblos no tienen ya nada digno de admiración. Albarracín ofrece aún sus grandes murallas que apoyan y refuerzan la fuerte posición natural en la que se asienta la ciudad. el recinto mas antiguo se agrupó dentro del meandro rocoso coronado por el Castillo señorial. En este espacio se cobijó la ciudad cristiana y luego árabe, alrededor de la grande y alta roca que se yergue en el centro. Pegado a esta roca y sobre ella, se asentaba la residencia militar, mas que palacio, de los señores de Albarracín, primero moros y luego cristianos. A sus pies estaban la Catedral y el Palacio episcopal. La iglesia de Santa María se sitúa hacia el extremo mas cerrado de la hoz que servía de fondo natural. Toda esta parte de la Ciudad se atraviesa por una calle que comenzaba en la Puerta de Hierro situada en donde hoy arranca la calle de la Catedral en la plaza del Ayuntamiento. Un fuerte recinto murado defendía esta parte de la Ciudad, llamada la Engarrada. De ella aún se conserva una alineación de la muralla y una turre de Ángulo redonda. Se ve bien cuando se visita el cercano y pintoresco Portal del Agua. A extramuros de la Engarrada y de la Puerta de Hierro se formó un arrabal. Abierto al principio, era mercado en torno al espacio para su libre seguridad que exigía la puerta fortificada de salida de la ciudad. Este espacio libre con el tiempo fue la actual Plaza de Ayuntamiento, centro hoy de todo el casco urbano. Tres lados de la citada plaza los ocupa hoy el Ayuntamiento, construido en el siglo XVI, seguramente por Pierres Vedel, a juzgar por su traza. Aún en 1627 están trabajando en esta enorme casa Juan de Ezpeleta y Pedro Fortet que construyen las cárceles de la ciudad en sus bajos. Algunas casas graciosas cierran esta encantadora plaza de variadas y movidas líneas, en la cual, las galerías de madera y los atrevidos balcones, abierto alguno en la misma esquina, se adaptan al arranque irregular de las estrechas calles que de ella parten.

Toda la ciudad de Albarracín nos ofrece un atractivo singular con sus callejas graciosas y sus altas y diversas casas cada una con traza y personalidad diferente. No hay entre ellas ninguna monumental, pero ofrecen un conjunto de arquitectura urbana único de Aragón y de los más sugestivos que puedan admirarse en España.

En este abigarrado conjunto de edificaciones sobresalen además del Ayuntamiento ya citado, el Palacio Episcopal y la Catedral. La obra actual del Palacio Episcopal, siempre sobre su antiguo emplazamiento, único Palacio que reconocía el fuero de Albarracín, es del siglo XVII y los edificó el obispo Miguel Jerónimo Fombuena. En 1705 a 1728, el Obispo Juan Navarro Gilaberte continuó las obras poniendo su escudo en la portada barroca no exenta de gracia, que cierra un pequeño patio. Su sobrino y sucesor en la mitra Juan Francisco Navarro Salvador y Gilaberte las debió acabar, pues su escudo aparece en la fachada del palacio, hoy muy averiado.

Al lado mismo del Palacio Episcopal y con comunicación interior con él, está la Catedral consagrada el Salvador; su fábrica se levantó en los primeros años del siglo XVI sobre otra iglesia anterior que debió ser romántica y Gótica en parte. En 1532 pide y concede gracias para la obra el obispo Jofre de Borja. Luego la construcción se continúa a lo largo del siglo XVI y debió acabarlas Pierres Vedel, el gran arquitecto picardo que vivió y murió en Albarracín. Sus hijos proclaman que « entre las obras heroicas que realizó su padre se encuentra el Aseo de la Ciudad de Albarracín». La airosa torre catedralicia es obra de Alonso de Barrio Dajo y se contrata en 1549. En su interior lo mejor que ofrece la catedral es el retablo tallado en madera del altar mayor, obra del gran maestre mazonero Cosme Damián Bas. Era un escultor seguidor de los mejores imagineros aragoneses de la época, sobre todo de Gabriel Joli; sabemos que lo contrató en 1565.

En la Catedral, en una capilla lateral de la nave mayor, entrando a la izquierda, hay un retablo de madera dedicado a San Pedro atribuido a Gabriel Joli, que estuvo antes en Santa María. Obra de gran nervio y excelente factura, corre su traza muy cercana a la del retablo de Bas que ocupa el altar mayor y hace tiempo que pensamos sea también otra suya y no de Joli como se dice. También es muy bella la capilla del Pilar, seguramente es obra del escultor Juan Mora, al que sabemos encarga colocar su escudo el obispo Navarro Salvador y Gilabarete en 1748.

También en la Catedral es notable el tesoro que se guarda en la Sala Capitular. Ofrece obras importantes como una naveta de cristal de roca, trabajo veneciano o milanés de finales del siglo XV. Fue donada por el deán Agustín de Roca. Citemos también un portapaz de oro con incrustaciones de piedras atribuido a Benvenuto Cellini, regalo de un pontífice al obispo Roca de la Serna. Hay una cruz parroquial de finales del siglo XVI, regalada por el obispo Martín de Funes (1645-59) y otras varias joyas. Sobresale entre las obras de arte que nos ofrece el tesoro catedralicio, una buena colección de tapices de Bruselas de mediados del siglo XVI firmados por Geubeis, obra de las mejores realizadas por este artista. Es digno de mención también un cristo de marfil con «el árbol de la vida», curiosa obra de arte llegada desde talleres hispano filipinos. En obras del siglo XVII, aunque bastante arcaizante y de una iconografía plena de simbolismo cristiano.

Muy bella en el conjunto urbano de Albarracín resulta la silueta de iglesia de Santa María, construida por Pierres Vedel en la segunda mitad del siglo XVI. Es original en ella la capilla de la Comunidad abierta con una cupulita esculpida, y del mismo estilo es el púlpito. Fue donada a la comunidad por el obispo Francisco Soto de Salazar en 1572 y en ella están enterrados el arquitecto Pierres Vedel y su mujer, que bien merecían una lápida por los muchos monumentos que dejaron por las tierras turolenses, aún sobre la plaza del Ayuntamiento se levanta, en el barrio alto hacia la muralla, la iglesia de Santiago. Ya en documentos de 1247 aparece como una de las cuatro parroquias de la ciudad. la iglesia si la proyectó el arquitecto Alonso de Barrio Dajo y comenzó su fábrica en 1600. la torre se levantó en 1726. El retablo mas interesante conservado en esta iglesia sabemos fue obra de Jerónimo Martínez, que también trabajó en Teruel. Fue realizando en 1524 y se conserva en la primera capilla al lado de la Epístola.

El altar mayor es obra de mérito y seguramente se debe a Castillejo. Imaginero del siglo XVIII que trabajó en el altar mayor de la iglesia de Orihuela.

Aún deben visitarse en Albarracín el colegio de Escolapios, el recoleto monasterio de dominicas de clausura de San Bruno y San Esteban, fundado en 1607 y la capilla del Cristo de la Vega, obra del mismo arquitecto entre 1632 y 1640. Fue antes llamada ermita de la Virgen de la Vega, tal vez recuerdo del monasterio cisterciense consagrado a Santa María que desde el siglo XIII hizo en aquella zona. De esta antigua advocación es una imagen románica muy bella que aquí se conserva, obra del siglo XIII. El cristo que hoy se venera es obra del escultor valenciano Modesto Pastor, pues el antiguo se perdió en un incendio en 1872.

Para terminar esta breve reseña histórico artística debemos señalar que con Albarracín forma estrecha comunidad sus aldeas. Algunas de ellas conservan un notable patrimonio monumental y artístico, digno de ser visitado y admirado: sobresalen Ródenas con algunas casas de noble traza de una buena labor de cantería. Su interesante iglesia es obra del arquitecto Alonso del Barrio Dajo, que la debió acabar hacia 1599. En esta iglesia se conserva un bellísimo retablo hacia 1425, obra del llamado «Maestro de Ródenas» seguidor del taller valenciano de Nicolau- Marzal y otras obras de interés.

Otro pueblo de valor monumental y artístico es Orihuela del Tremedal. En él se venera la Patrona de la Sierra, la Virgen del Tremedal, aparecida a un pastorcito en el cerro del Tremedal al pie del Caimodoro. Es una talla notable del siglo XII que debió llegar con la reconquista navarra del país serrano, según ya hemos indicado. Se guarda la imagen en la Iglesia parroquial que es el mas grande edificio de toda la Comunidad de Albarracín. Fue planeada en 1770 por el gran arquitecto turolense José Martín de Aldehuela y construida por su ayudante Manuel Gilaberte, quien la terminaba en 1776. Ofrece Orihuela del Tremedal varias y notables casas solariegas con sus escudos y obras de rejería de mérito.

Otro pueblo que poseía un rico patrimonio artístico, hoy casi perdido, es Villar del Cobo. Conserva entre otras dos casas de noble fábrica, la de los Fernández del Villar, hoy Ayuntamiento y la de los Muñoz, la «Casa Grande» y una rica iglesia que ha perdido casi todo lo que guardaba. Lo mas notable es la torre, obra del arquitecto serrano Alonso del Barrio Dajo que la terminó en 1604.

También Terriente, en la otra parte de la serranía, ofrece al visitante unas cuantas casas y su iglesia con pórtico renacentista, notable obra de cuatro artistas, los hermanos Rodrigo y Pedro de Avajas y Pedro y Toribio de Utienes.

Tal vez el pueblo que tiene mas que ver es Gea de Albarracín. Fue aldea de la Comunidad, pero luego pasó al Señorío de los Fernández de Heredia, casa principal de Albarracín, señores del castillo de Santa Croche, cuyas ruinas se ven entre este pueblo y Albarracín. Su actual iglesia aún se construía en 1660. En ella se han recogido retablos, imágenes y otras obras de arte de los conventos que hubo en este pueblo. Tuvo un convento de carmelitas y tiene aún otro de capuchinas de clausura. Su iglesia es un buen ejemplo del estilo Rococó, con buenos retablos, sobre todo el altar mayor. También ofrece Gea de Albarracín algunas casas interesantes y un par de calles que aún guardan el sabor arquitectónico de la comarca y son dignas de visitarse.

TRADICIÓN, DECADENCIA Y FUTURO

Albarracín con su comarca forma una unidad geográfica e histórica muy íntimamente ligada. A su vez las aldeas de su Comunidad con sus caseríos e iglesias son solo una parte del paisaje serrano, variante y lleno de originales panoramas. A veces grandiosos en sus hoces profundas o en sus pinares extensos; a veces llenos de atractivo encanto en sus fuentes, en sus risueños valles o en sus verdes dehesas. La población se agrupa a lo largo del curso de los ríos, cuando fecundan fértiles y breves vegas convertidas en huertas llenas de frutales; otras veces los caseríos se nos ofrecen protegidos del cierzo tras los cerros, siempre cerca de manantiales de aguas cristalinas y frescas.

Pero toda esta historia y este paisaje natural y humano, lleva desde hace años, el signo de una acentuada decadencia. El turismo y las posibilidades de emigrar y el deseo de volver a su país que el hombre de la Sierra siente. Tal vez les den en los tiempos futuros nuevo brío a los pueblecitos serranos. Hoy la prueba de su falta de vitalidad es que han perdido la fe en su personalidad. Han abandonado sus maneras ancestrales de vivir. Su tipismo ha desaparecido casi totalmente. Apenas las fiestas patronales se guardan. No se mantienen activas las rondallas de jóvenes con sus instrumentos de cuerda. Poco se cantan ya las canciones de la tierra y se van olvidando todos los bailes populares, litúrgicos y paganos. Solo se mantienen los originales mayos que se cantan a las jóvenes, pero cada vez peor instrumentados y menos sentidos. Su letra candorosa y su música simple son honra de los mejor del folklore de nuestro Aragón. Aún se oye en toda la Sierra el lírico recuerdo de cortesía y amor cantado con melodía serena y sentida en la noche del treinta de abril al uno de mayo:

Estamos a treinta
Del Abril florido
Y a cantarle el Mayo
Señora venimos.

Novenarios, gozos, danzas, se han ido perdiendo. Nadie calza ya los zuecos de madera ni las abarcas de pellejos para la nieve a los días de lluvias y barros; las zahones de piel de oveja ya no se usan por el pastor; ni las monteras de piel, ni los piuques y cordellates. Todo lo típico se va yendo sin dejar huella, ni siquiera en un Museo que lo perpetúe y lo guarde como eco de las formas de vivir de otros tiempos. La cocina característica del país casi se ha perdido y casi nadie recuerda ya los refrescos rituales de los señores canónigos y curas; ni los dulces de nueces y piñones a base de buena miel que la tierra produce, ni se comen migas, ni se organizan los grandes asados. Solo los matapuercos continúan produciendo morcillas, longanizas, gueñas, chorizos y lomos embuchados pero cada vez son menos rumbosos y menos curados y sabrosos los jamones y cecinas. En Albarracín y alguna otra aldea como Orihuela y Bronchales con el turismo se apunta ya una reacción. El pastelero Recadero en la plaza de Albarracín, ofrece almohabanas y busca con su arte apartarse de la vulgaridad y volver a la tradición. Algún otro ejemplo se podría citar de esta alborada como la fonda de Espinosa de Orihuela del Tremedal.

Pero cuan lejos está la tierra de recuperar su personalidad perdida.

Apenas quedan aquellos artesanos de la madera y el hierro que tanto y tan bueno produjeron. Han dejado el oficio sus músicos dulzaineros que corrían Aragón y Castilla llevando el nombre de las aldeas de donde eran.

Los últimos fueron los de Tramacastilla, los de Javaloyas y los de Villar del Cobo. Eran famosos por los pueblos de media España. Aquellos pastores que en el morral llevaban su flauta de caña y llenaban de alegres sones las pinadas y los barrancos, hoy ya sin personalidad alguna llevan un transistor de pilas en la mano. Los tejedores de cordellates fuertes y vistosos, de alforjas y mantas, han dejado sus telares uno tras otro; con ellos desaparecieron los calientes piuques de lana, las sayas de cordellates de colores vivos, y tantas telas que vestían los hombres y mujeres de la Sierra con acusada personalidad. No quedan ni uno solo de los zapateros y sastres que de aldea en aldea viajaban vistiendo y calzando a las gentes a la vez que entretenían las veladas creando y contando chascarrillos didácticos o inocentemente picaros. Nada queda ya nuestro, en nuestros pueblos. El signo de los tiempos trajo las ganas de emigrar a lis mas jóvenes y avispados de sus habitantes.

No por todos estos síntomas de decadencia, la Sierra es tierra ya sin futuro. Prueba de ello es que no dejan de ser dignos y acogedores los hombres que la habitan. Viven mejor materialmente hablando, los que quedan en el país. Y el visitar la ciudad y sus aldeas es tropezar continuamente con hombres independientes y señores en su porte, aunque sea grande su pobreza económicamente. Saben vivir y aun comportarse con hidalguía siempre. En ellos hallaremos la estampa viva de toda aquella comarca llena de personalidad y cuya historia nos ayudará siempre a gozar de sus caseríos y de sus iglesias, de sus ermitas y santuarios. Un hombre culto, en el tiempo actual, en estas tierras de Albarracín, percibirá siempre como una palpitación de lo que fue este país en otros días y a la vez el paisaje y la serenidad y hombría de sus habitantes; le harán sentir la aventura de lo que aún podrán ofrecer estos hombres y estas tierras, en el concierto de los pueblos de España. A veces pienso que ofrecen otra vez como en los inseguros tiempos medievales, el lugar de refugio y el ambiente humano de sosegado reposo que necesitamos todos en estos tiempos agitados y de vida angustiada que lleva el hombre de nuestros días. Vivir en Albarracín o en sus aldeas será pronto, al paso que vamos, otra vez vivir. Así el turismo apunta en algunos pueblos serranos como su posible futuro y mayor fuente de riqueza. Si la artesanía renaciera, se procurará mejorar las explotaciones ganaderas y se ensanchara como en parte se ha emprendido en algunos pueblos, la explotación industrial de nuestras maderas, la tierra ofrecería una reacción contra su decadencia. Ojalá sea pronto descrito un renacer vital y fecundo y que esta lírica y pesimista descripción actual de la sierra sea olvidada y superada.


Tal día como hoy 27 de junio



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