Islam en Aragón. El Mudéjar Aragonés. Aragon
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Islam en Aragón. El Mudéjar Aragonés. Aragón.



El Islam surgió en Oriente Próximo en el 622 (Hégida de Mahoma) y desde allí esta nueva civilización se extendió rápidamente por toda la cuenca mediterránea y parte de Asia, conquistando a su paso territorios y pueblos muy diversos cuyas culturas fue asimilando progresivamente, alimentandose así de tradiciones tan dispares como la grecorromana, la bizantina, la sasánida, la selyuquí, la bereber ...
De este modo, cuando llegó a la Península Ibérica en el 711 sumó a todo este bagaje cultural nuestras ricas tradiciones locales (celta, íbera, romana, visigótica ...), naciendo así una cultura de un valor absolutamente excepcional y universal, que no se dio en ninguna otra parte del mundo, y que afortunadamente se mantiene en los monumentos conservados.
La civilización musulmana fue eminentemente urbana y, por este motivo, se fundaron tras la conquista numerosas ciudades y se revitalizaron muchas antiguas. Dentro de la Marca Superior, que es la que engloba a la actual provincia de Zaragoza, destacó la capital, pero también otros centros urbanos y culturales como Calatayud y Tarazona. En estos núcleos se cultivaron las letras y las ciencias, sobre todo en el centro de estudios creado por el rey Hudí Al-Muqtadir en su Palacio de La Aljafería. En esta obra singular del arte mundial, único palacio-fortaleza árabe del siglo XI conservado en Europa Occidental, se dieron cita algunos de los más renombrados intelectuales de la época.
Tras la disolución del Califato Cordobés (1031) y la formación de los Reinos de Taifas, comenzó a finales del siglo XI el proceso de reconquista de los territorios ocupados por los musulmanes por parte de los cristianos, quienes además tuvieron que hacer frente a las invasiones almorávides (1086-1147) y almohade (1172-1212).

En Aragón, la reconquista fue relativamente rápida y ya en 1118 Alfonso I entraba en la ciudad de Zaragoza, iniciándose a partir de ahí otro proceso, el de repoblación de los terrenos recuperados, lo que hizo necesaria la permanencia de los habitantes musulmanes, ahora denominados mudéjares, que poblaron tanto las morerías de las ciudades como los campos, donde se dedicaron fundamentalmente al mantenimiento de los regadíos que ellos mismos habían creado.
En esos momentos, Zaragoza siguió siendo el núcleo más importante y el Palacio de la Aljafería, transformado en residencia de los monarcas cristianos, el modelo artístico en otras construcciones de uso civil como pueden ser el Palacio de los Luna en Illueca y el Palacio de Luna en Daroca.

La asimilación del arte islámico llegó a ser tal que muchas mezquitas se transformaron en iglesias, destacando el caso de La Seo del Salvador de Zaragoza, en el que la mezquita aljama fue convertida en catedral. En la reforma de estos monumentos y en la construcción de otros muchos que la repoblación requería, tanto de uso civil como religioso, se fue definiendo poco a poco la personalidad de este arte rico y complejo. Cabe destacar que en La Seo del Salvador se definió un modelo de cimborrio que fue imitado no sólo en Aragón, en las catedrales de Teruel y Tarazona, sino también fuera de nuestra comunidad, como se puede apreciar en el cimborrio de la catedral de Burgos.

Los materiales

En este estilo artístico se usaron principalmente el ladrillo, la cerámica, la madera, el yeso ... por un lado muy abundantes en Aragón, y por otro muy acordes con la filosofía islámica que sostiene que lo único que permanece es Alá, mientras todo lo demás es perecedero.

La Población

Se concentró principalmente en las riberas del ebro y sus afluentes, sobre todo los de la margen derecha: Queiles, Huecha, Jalón, Jiloca, Huerva ... destacando la comarca de Calatayud, cuya capital reúne un importante grupo de monumentos mudéjares entre los que destaca la Colegiata de Santa María, obra en la que se superponen diferentes etapas artísticas y modelo a seguir en otras obras como en San Andrés de Calatayud o la Asunción de Muniesa.
Sin embargo, al norte del Ebro, en la provincia de Huesca, la población mudéjar fue menos numerosa por haber un mayor contingente de repobladores cristianos y por darse una economía principalmente pastoril. Igualmente, en la provincia de Teruel, excepto en la capital y en la zona de Albarracín, los mudéjares también fueron minoría pues la cercanía del reino moro de Valencia siempre resultó una amenaza hasta la conquista de esta ciudad en 1238 por Jaime I, momento en el que llegó un mayor número de mudéjares, de procedencia almohade, algo que queda muy patente en la raigambre artística de los monumentos de Teruel.
Estas construcciones son, en definitiva, reflejo de un momento y un lugar muy concretos, mientras que el mudéjar se extendió por toda la comunidad durante más de 500 años, lo que dio lugar a una gran variedad de formas. En este sentido, cabe destacar el hecho de que determinados acontecimientos históricos, como la guerra con Castilla, dio lugar a la creación de unas tipologías únicas en el mundo, como fue en este caso la de las iglesias-fortaleza que jalonan el territorio fronterizo con el reino castellano. Entre éstas destaca la espectacular iglesia de Santa María en Tobed, perteneciente a la Orden Militar del Santo Sepulcro, ejemplo modélico que sirvió de inspiración en la iglesia de San Félix de Torralba de Ribota y San Juan Bautista de Herrera de los Navarros.
En otros casos, como en la iglesia de Santa Tecla en Cervera de la Cañada, se conservan incluso testimonios de la presencia de maestros de obras mudéjares, entre ellos Mahoma Rami, al frente de trabajadores tanto cristianos como musulmanes, mostrando como las diferencias de religión y cultura en estas circunstanias se superaban para crear obras maestras de la historia del arte. Su modelo arquitectónico, de nave única y ábside poligonal, tendrá continuidad en otras iglesias como la Asunción de Maluenda o la Asunción de Quinto.
Pero la cultura mudéjar fue mucho más que obras arquitectónicas en las que además se conservan agramilados, pinturas, yeserías, obras de carpintería ... Este fenómeno impregnó todas las esferas de la vida diaria de la época: orfebrería, joyería, industria textil, alfarería ... incluso la literatura. Prueba de ello es la literatura aljamiada, los cantos y danzas populares, la cocina, etc.

Esta original fusión de elementos no se dio con tanta profusión, intensidad y calidad en ningún otro lugar de la península, ya que en Aragón fue donde las leyes fueron más permisivas con la permanencia de los mudéjares.
Precisamente, de estas particularísimas condiciones históricas surgieron creaciones únicas como las torres campanario con estructura de alminar almohade, de la que es ejemplo temprano la torre de la iglesia de San Pablo de Zaragoza que influirá claramente en otras torres del mismo estilo como la de Santa María de Tauste o San Pedro de Alagón.

La expulsión de los moriscos en 1610 por un decreto de Felipe II (Felipe III en Castilla), tras la conversión obligatoria de los mudéjares al Cristianismo a partir de 1526, tuvo unas consecuencias funestas en toda la Península, pero especialmente en aragón por las razones anteriormente descritas. Afortunadamente, quedaron las huellas de cinco siglos de convivencia y de enriquecimiento mutuo entre cristianos y musulmanes.

El arte mudéjar

El arte mudéjar, a diferencia de otras manifestaciones artísticas como el románico, el gótico o el barroco, es un fenómeno de origen típicamente íberico y, en concreto, en Aragón se encuentra el núcleo originario de este arte universal. Su aparición obedece a las peculiaridades circunstancias sociales e historicas que durante ocho siglos conocieron los pueblos de la Península. Pero este fenómeno, denominado "mudejarismo", es algo más que un gusto pasajero o una moda. Representa la prpfunda interrelación entre distintas formas de vida y de cultura entre la cristiandad y el Islam, forjada en el curso de ocho siglos de convivencia en la Península Iberíca.

El mudéjar surgido en la España cristiana medieval tomó elementos artísticos de distintos estilos, aunque sus principales inspiraciones fueron el arte islámico y cristiano, constituyendo un modo de expresión nuevo. Es, por tanto, un arte aglutinador de ricas tradiciones culturales, producto de una sociedad en la que convivian cristianos, judíos y musulmanes, y que dejó la impronta de sus maestros de obra en construcciones de carácter religioso (iglesias, sinagogas y mezquitas) de las tres culturas. Aunque también se utilizó este arte en la construcción de edificios civiles y en artes menores como la orfebrería, alfarería, etc.
Este estilo artístico encontró su máxima expresión en la arquitectura como lo demuestran los monumentos integrantes de la candidatura, ejemplos singulares y representativos de cada momento histórico y artístico. Pero otras manifestaciones artísticas testimonian también su capacidad de síntesis creativa: azulejos para revestimientos murales, tejidos, arquetas de metal o marfil, trabajos de cuero ... Todas estas formas artísticas alcanzaron gran popularidad y difusión entre los siglos XIV y XV, época de apogeo, cuando monarcas y nobles cristianos decoraban el interior de sus castillos o palacios con alfombras, ricos guadamecíes para cubrir las paredes, arcones, cojines de cordobán y otras piezas de mobiliario en la más pura tradición andalusí.

Aunque la evolución histórica circunscribió el mudéjar a la Península Ibérica, este arte tuvo, no obstante, una considerable proyección en tierras del otro lado del Atlántico. El declive a partir del siglo XVI no significó en ningún caso la desaparición de esta forma artística genuinamente aragonesa, sino que muchos aspectos del mudéjas pervivieron durante los siglos XVI, XVII y XVIII en la Península Ibérica y en otras partes del mundo.

Estos elementos, visibles fundamentalmente en formas estructurales y decorativas, se difundieron desde Aragón, foco originario del arte mudéjar hacia el resto de España (Andalucia, Extremadura, Canarias, Castilla la Mancha y Castilla-León) e, incluso, más allá de nuestras fronteras a Portugal y a América Latina (Colombia, Venezuela, Perú, Bolivia, Brasil, Paraguay, Argentina, Chile, ...) donde serán objeto de nuevos mestizajes culturales.

Las claves de este éxito radican en las características de un sistema sumamente eficiente que resolvía satisfactoriamente los problemas constructivos, desde la utilización de materiales de fácil obtención, bajo coste y gran plasticidad, como el ladrillo, el yeso, la madera y la cerámica, hasta la disponibilidad de una mano de obra mudéjar, industriosa y cualificada. Sobre todo el rasgo capital del arte mudéjar, heredado del legado islámico, es su extraordinaria capacidad de asimilación e integración de elementos exógenos, su amplia versatilidad para asumir nuevos aportes formales, cualquiera que sea la cultura de donde provengan, integrándolos en un sistema artístico que no es rígido y cerrado sino que atesora una sorprendente posibilidad de acomodación.

El pasado mudéjar no ha caído en ningún momento en el olvido, sino que ha perdurado de forma permanente, convirtiéndose en nuestra propia identidad cultural. El interés por este fenómeno en las dos últimas décadas ha aumentado con la progresiva recuperación crítica de los orígenes mudéjares, en foros como los Simposios Internacionales de Mudejarismo celebrados con carácter bienal en la ciudad de Teruel desde el año 1975 Del mismo modo, la declaración del Mudéjar de Teruel Patrimonio Mundial fue un impulso decisivo en la revalorización y difusión de este arte excepcional.

Otros Aspectos

Distribución del Mudéjar en Aragón.

Relación de mapas de Aragón.

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Mapa de carreteras de Aragón.


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Alrededores de la Ciudad de Huesca

PASEOS DE HUESCA.- La frondosidad y belleza de la tierra oscense, con sus huertas feraces envolviendo la ciudad, la anchura y majestad de sus horizontes y el bello perfil de las sierras cercanas dan plácido encanto a los alrededores y paseos que Huesca posee. En primer lugar, todas sus carreteras son bellas pistas, bajo las frondas de corpulentos árboles frecuentadas con verdaderas alamedas urbanas; las márgenes del río Isuela, con sus sotos y remansos y las frondas de la vega, proporcionan rincones de belleza y de paz. Circundado la ciudad por su lado Norte desde el puente de <<las Miguelas>> a la carretera de Barbastro, se encuentra el Paseo de Lucas Mallada: en su iniciación en el arranque de la carretera de Arguis, en plácida plazoleta, se levanta el monumento titular, el sabio geólogo, hijo ilustre de la ciudad, monumento sencillo pero simbólico, obra del artista oscense Ramón Acín. El paseo bordea el Isuela, dejando el viejo casco de la ciudad en la otra orilla con los restos desgastados de la muralla. Entre <<torres>> y casas de hortelanos, la frondosa alameda deja a la izquierda el <<Pueyo de D. Sancho>>, lugar tenido falsamente por el sitio en que el rey sitiador de Huesca recibió el saetazo que le ocasionó la muerte; deja los altozanos de los Mártires, y el gran y moderno hospital provincial con varios pabellones, para enlazar con la carretera de Barbastro y penetrar en la ciudad por Santo Domingo.

Otra hermosa alameda es el Paseo de la Estación, perfectamente urbanizado y convertido en jardín.

Desde la estación ferroviaria hacia el S (carretera de Grañén) se ha transformado es hermosa alameda llena de flores paralela a la calzada para terminar frente al cuartel <<del Batallador>> en los viveros municipales. Pero la más acertada reforma moderna de la ciudad, la constituye su Parque moderno (de Miguel Servet), uno de los más bellos jardines urbanos de España, con notable variedad de arbolado y flores, avenidas de sauces, rosaledas, parterres, estanques, sotos y pinares y dando frente a la bella barriada de <<chalets>>, arranque acertadísimo del ensanche moderno de la ciudad. (Avenida del General Franco). No lejos de él (por la carretera de Zaragoza) se encuentra el llamado << Parque de Deportes>>, con piscinas, tennis, pista, frontón, etc., y cerca el campo de futbol de Villa Isabel. Pero dejando estos paseos, propiamente urbanos de la ciudad, los puntos más interesantes de los alrededores de Huesca por su interés histórico y artístico y por la belleza de los lugares, lo constituyen el cinturón de ermitas cercanas:

ERMITA DE SAN JORGE

. - Saliendo de la ciudad por la carretera de Zaragoza, después de cruzar el paso a nivel de la vía de Ayerbe (y Canfranc), a la derecha, sobre un empinado cerro cubierto de frondosa pinarada.

HISTORIA. - Ermita dedicada al santo Patrón de Aragón, en gratitud a su milagrera intervención en la famosa batalla de Alcoraz, en la que las huestes de Pedro I, sitiadoras de la ciudad de Huesca durante mas de 20 meses, tuvieron que salir al encuentro de las fuerzas enviadas por el reyezuelo de la taifa de Zaragoza que venía en ayuda de los sitiados con huestes de algunos condes castellanos. La sangrienta batalla terminó con el triunfo del aragonés y la leyenda cuenta que se debió en gran parte a la intervención de un caballero de resplandeciente armadura que impuso el terror de su espada entre las filas islámicas y que tras el triunfo que llevaba consigo la rendición de la ciudad, desapareció, y un acompañante dio cuenta de ser San Jorge; desde entonces se le tuvo como Patrón del reino y el mismo escudo lo formó en adelante las cuatro cabezas de jefes moros que cortara su espada milagrosa (véase: Historia de Huesca, Alcoraz).

Dedicado a este recuerdo se levantó la ermita. Todo el campo que rodea el cerro se llama <<del Alcoraz>>, pero la ermita primitiva estuvo en distinto lugar, en el llano mas alejado de la ciudad que se llama Cuarte.

EXTERIOR: Debe ser visitada por el espléndido panorama que desde la ermita se contempla, con la ciudad de Huesca al frente, teniendo a sus pies el parque y el caserío moderno y escalonado en gradería casco antiguo hasta terminar en los viejos monumentos de la ciudad con la torrecilla del Instituto, las torres del Ayuntamiento y del Colegio de Santiago y la mole catedralicia, todo entre las feraces huertas del Isuela y teniendo por fondo, en primer término, las terrazas aluviales de la hoya, dominadas por las románticas ruinas de Montearagón, y en la lejanía los pichados de la sierra desde el pico de Guara, el famosos <<Salto de Roldán>> y el pico de Gratal, hasta perderse al occidente por las sierras de Loarre. Lugar muy ameno de paseo y frecuentadísimo en la romería del día de San Jorge (23 Abril)

IGLESIA. - De tres naves, en su parte exterior con arbotantes y pequeño campanario. Un pequeño atrio del S. XVIII, da paso al interior. Este es muy interesante por parecer pequeño ejemplo de la Catedral de Barbastro (gótico florido) con sus haces de columnas y sus cupulillas de crucería con florones y claves de buen gusto. Fue obra por 1555 de un maestro Domingo Almanzor, como reza la larga inscripción que corre por la cornisa del arquitrabe y que recuerda también la aparición milagrosa en lo más duro del combate. El retablo es obra mediana de la épica (estilo plateresco) de Juan Miguel de Urliens (por 1595) con policromía de Nicolás Jalón en 1603.

ERMITA DE Nº Sº DE SALAS. - Al sur de la ciudad: desde el Coso, descendiendo por la calle del Padre Huesca se llega a la plaza de D.ª Sancha, que recuerda a la hija de Alfonso VII el Emperador (de Castilla y León) que casó con el rey aragonés Alfonso II (hijo de D.ª Petronila y Ramón Berenguer IV) y por tanto el primer soberano común de Aragón y Cataluña. Dª Sancha que gran parte de su vida vivió en Huesca, reedificó el cercano Santuario de Salas, y en su vejez se retiró al Real Monasterio de Sigena, donde en olor de Santidad, murió en 1208, monasterio que había fundado y donde fue sepultada.

El fondo de la plaza lo ocupa el amplio caserón de Santa Clara, viejo convento de Clarisas o franciscanas.

Fue fundación, en 1262, de la reina D.ª Constanza, esposa del Rey Pedro III, y madre de tres reyes y dos reinas, entre ellas la gloriosa aragonesa santa Isabel de Portugal. Con las leyes desamortizadas de la época liberal, fue arruinado el edificio, y comprado al Estado por la Duquesa de Villahermosa, que volvió a cederlo a la comunidad de Clarisas.

Su templo no responde a la gloria de su pasado: es pobre, es de una sola nave y el interior con arcos fajones y cúpula en el presbiterio, plana con ornamentación geométrica; sin duda reformado todo en sucesivas restauraciones. Todos los retablos son del barroco amanerado: mayor, con lienzo de la muerte de María e imágenes de santos franciscanos. Los tres Laterales del mismo gusto (San Francisco, Ecce Homo y San Pascual Bailón).

En el interior del convento se guarda una interesante imagen gótica de la Virgen (s XVI), con curioso pedestal recubierto de cobre con dibujos.

Al salir de la ciudad por la carretera de Sariñena, se toma a la derecha un camino entre huertas regadas por las acequias del Isuela y a un kilómetro se encuentra el famoso santuario de la Virgen de Salas, uno de los más antiguos y de mayor veneración del antiguo reino de Aragón.

LEYENDA. - La tiene como todos los santuarios marinos de España; es fama que en este lugar de la vega de Huesca, hubo desde tiempos primitivos una ermita dedicada a Nª Sª de la Huerta. Según la leyenda en un incendio en la parroquia del pueblo de Salas Altas, la imagen milagrosa titular salió entre las llamas, viniéndose a postrar a este santuario oscense desde las márgenes del Vero en tierra de Barbastro, colocándose a la vera de la Virgen de la Huerta. Mediaron largos litigios entre el pueblo de procedencia y el ob. De Huesca, así como entre este y el prior de San Pedro el viejo, por creer estar comprendido el santuario dentro de heredades del famoso monasterio: al fin todo quedó dependiente de la mitra oscense.

HISTORIA. - Debió existir un antiguo santuario, pues en los últimos años del S. XII, la reina de Aragón Dª Sancha, mujer de Alfonso II, reedificaba la iglesia románica, ancha y majestuosa de tres naves, de la que solo resta la portada. Ya desde entonces aparece el nombre de Salas en las crónicas y en multitud de documentos demostrándose la veneración que se sentía en todo Aragón; las donaciones y privilegios de Pedro II, de Don Jaime y de la reina Doña Leonor, son testimonio de ello hasta llegar a Pedro IV que la declaró protectora y defensora de todos sus reinos peninsulares y mediterráneos, y quizá a esa predilección a la ciudad de Huesca la llevase a crear la Universidad Sertoriana. A pesar de lo cual en situación apurada tuvo que incautarse del tesoro del famoso santuario, pero una vez eliminado el peligro lo donó en compensación un retablo de plata (véase archivo de la Catedral. Así mismo algunos pontífices (Inocencio III, Inocencio IV, Nicolás III y clemente IX) concedieron gran número de indulgencias y los obispos oscenses también rivalizaron en la devoción a la virgen de Salas, tales como D. Juan de Aragón y de Navarra que reedificó la iglesia y levantó una hospedería para peregrinos (principio s. XVI) que terminó su sucesor Martín de Gurrea, algunos de cuyos mudéjares restan todavía. El Obispo Padilla (1730) levantó la iglesia actual. Finalmente muestra de la gran devoción de los reyes y de la popularidad en todo el ámbito peninsular del santuario de la Virgen de Salas, lo muestra las famosas Cantigas del Rey Sabio Alfonso X de Castilla y León. Que en 17 de ellas narra hechos portentosos de la Virgen milagrosa.

PORTADA. - Toda la fachada occidental es magnífico conjunto del románico Santuario, levantando por la reina Dª Sancha (por 1200). Formada la portada (interesante como tipo de románico-exuberante que anuncia la transición al gótico) por seis archivoltas semicirculares, cada una con adornos festeadas y dibujos geométricos y vegetales distintos, descansando sobre capiteles de flora tallada sin fustes de Columnas. Sobre ellas un mango rosetón con círculos adornados con puntas de diamante. El resto de la construcción es obra moderna (fines del s. XVIII) excepto la maciza torre románica, una curiosa ventana y una puerta cegada, que son restos de la edificación primitiva.

INTERIOR. - De una sola nave, espaciosa y crucero con bóveda esbelta con suntuoso gusto severo de su época (estilo neoclásico de fines del S. XVIII). Fue obra del arquitecto oscense José Sofí (véase: compañía. En el retablo mayor, la famosa imagen de la Virgen de Salas, grande escultura románica de primera mitad del Siglo XII, sentada llevando al Niño en la rodilla izquierda, bendiciendo y con el globo en la mano, toda ella dorada y policromada, con interesante pintura geométrica en el escabel. Es notable pieza y debió ser la imagen donada por la reina Dª Sancha. Junto a ella, la Virgen de la Huerta, de tamaño natural, de pie con el Niño; la cubre un manto de plata, de talla más rica (s. XIV).

ERMITA DE LOS MARTIRES.- Llamado así este lugar en recuerdo de las santas mártires mozárabes Nunila y Alodio, en lo alto de un cerro escarpado cubierto de esteparia vegetación; al otro lado del Río Isuela, cercano al llamado también <<Pueyo de D. Sancho>> por haber muerto allí el Rey Sancho Ramírez durante el sitio de la ciudad.

HISTORIA. - La Historia de estas dos santas nos las cuentan los éxitos de Eulogio y Alvaro, los santos mozárabes cordobeses de la España musulmana del s. IX: <<bellezas rosas que florecen entre espinas>> dice el primero respecto a ellas. Son figuras excelsas entre las que sufrieron el martirio bajo el gobierno de Abderramán II por 851. Hijas de matrimonio mixto, de musulmán y cristiana, tenían que seguir bajo pena de muerta la religión del padre. Nacidas en el cercano pueblo de Adahuesca, su madre las lleva en secreto al seno del cristianismo. Muerto el padre, disimularon cuanto pudieron su religión, pero llegó el momento en que tuvieron que comparecer ante el Cadí para aclarar sus creencias. Con firmeza confesaron su fe y a pesar de los suplicios no apostataron y al fin fueron decapitadas tras el cautiverio en las mazmorras de Alquézar. Sus cadáveres fueron expuestos en este alcor de Huesca para ser devorados por las aves de rapiña, pero ni los buitres se acercaron, mientras que, por el contrario, vagos resplandores iluminaban misteriosamente el lugar. El walí como mandó meterlas en un pozo cercano (véase calle del salvador página 75) donde los siglos más tarde fueron extraídas y llevados sus restos al monasterio de San Salvador de Leyre cuna y corte del primitivo reino pirenaico de Navarra y Aragón. Desde entonces entre los fieles de Huesca, fue venerado en este lugar, que algunos siglos después había de recoger el último suspiro de Sancho Ramírez al morir en su campamento mientras sitiaba la ciudad en 1095.
El Santuario. - Poco tiene de interés, salvo la evocación de estos dos hechos tan vinculados en la historia de Huesca. Sin embargo, en su retablo dedicado a las mártires, existe un bello Calvario con el crucificado, La Dolorosa, San Juan Evangelista, la Magdalena y Santa Catalina, de bella talla gótica por 1400. y algunos lienzos de escaso interés.
Cercano a la ermita un pequeño cementerio, recuerdo a los rebeldes republicanos fusilados en aquel lugar por su levantamiento de 1848.

En la hermosa vega del Isuela, aguas arriba de Huesca, yendo por la carretera de Arguis, en lugar amenísimo por sus hermosas huertas y alamedas y fuentes, y donde parece ser que en la alta Edad Media se extendía parte de la más vieja ciudad, se encuentran dos ermitas, la de Santa Lucía y la de Nuestra Señora de la Jara. Se llega a ella por la carretera dicha (en construcción los últimos tramos hasta la estación férrea de Sabiñánigo) y tras cruzar el puente de las Miguelas>> (moderno en situación del antiguo romano, cuyos arranques de arco aún se conservan) y dejando a la izquierda las huertas y <<torres>> que ocupan el lugar del antiguo convento de capuchinos (en una de las <<torres>> se conserva el aljibe Conventual); a 1 kilómetro, entre frondas, se halla Santa Lucía, pequeña ermita, objeto de veneración de una antigua cofradía, de estilo románico de una sola nave y con una imagen interesante de la Virgen con el Niño, talla del s. XII. La de la Virgen de la jara, está más lejana, sobre un pequeño otero a cuyos pies brotan fuentes de agua cristalina a la sombra de grandes álamos, objeto también de devoción de una cofradía, antiguamente llamada de los <<Ballesteros>> que dedicaban su culto a San Juan Bautista y a los mártires Juan, Paulo y Santa Eulalia de la Jara. No ofrece más interés artístico, excepto la imagen de la titular, la Virgen, talla de fines del s. XIV.

NUESTRA SEÑORA DE CILLAS. - Saliendo de la ciudad por la carretera de Francia, al coronar la cuesta del borde de la Hoya, como a tres kilómetros de la ciudad, se encuentra el Santuario de la virgen de Cillas.
En lugar risueño de hermosas fuentes (de efectos milagrosos, según fama en la comarca), donde parece que hubo granja romana y que más tarde existió poblado que algunos cronistas llaman Ciellas y de entonces data el Santuario que tendría su origen en antigua iglesia parroquial como parece demostrarlo las primicias que gozaba, la pila bautismal y el Sagrario que se conservan. Cercana a ella, entre chopera agradable, se encuentra la <<fuentesanta>>, donde se bañan los fieles el día de la víspera de San Juan en busca de curación de enfermedades, hoy higiénicamente instalado por obras recientes de la Cofradía. Esta fue fundada en tiempos del rey Juan I, el desventurado monarca que en los pocos años de su reinado buscó afanosamente su curación en las aguas milagrosas de Cillas. La cofradía tenía por costumbre el ir en procesión al famosos Santuario, todos descalzos, los últimos domingos de abril y octubre, pasando por la Catedral y por el arco pegado entonces al antiguo torreón del Alcázar, ahora Instituto. Hoy, la cofradía de cillas, tiene a su cargo el Santuario y el culto que en ella se celebra.
En este sitio tuvo lugar el encuentro en diciembre de 1930, de las tropas sublevadas en Jaca por los capitanes Galán y García Hernández, contra las que se mantuvieron fieles al Gobierno (guarnición de Huesca y columna de Zaragoza), que terminó con la desbandada de los rebeldes.
El edificio de tres naves, con vestíbulo, es obra del arquitecto oscense José Sofi, en 1774, del estilo neoclásico. Los retablos de la época carecen de valor, no así el primitivo (gótico del s. XV), conservando hoy en la cercana iglesia del pueblo de Chimillas y procedente de la derruida de San Martín de la capital. La titular (oculta por los mantos y joyas dentro de su camarín), es talla gótica del s. XIII, de mano ruda, pero expresiva.

NUESTRA SEÑORA DE LORETO (a 5 kilómetros). Saliendo de la ciudad por la carretera de Zaragoza, tras pasar ante el cementerio, a la izquierda, camino Vecinal de Cuarte, en cuyas proximidades se encuentra Loreto (hoy casa de labranza), junto a una gran laguna.

Historia. - Fue tradicionalmente considerado como el lugar donde los santos padres Orencio y Paciencia (padres de San Lorenzo mártir, y de San Orencio, ob. De Aux, poseían una quinta o casa de campo, donde nacieron y pasaron su infancia los famosos santos oscenses. Parece que desde la reconquista fue lugar ya venerado. Felipe II gran devoto del santo, pensó engrandecer aquel lugar y fundar un convento de agustinos calzados para lo que dedicó rentas donaciones en 1575. estando en las Cortes de Monzón mandó hacer un gran proyecto del futuro convento obra del arquitecto Jerónimo Segura Bocanegra, según diseño de J. Herrera, el famoso arquitecto de El Escorial, pero este proyecto no llegó a realizarse del todo y pasó más tarde al P. Malón de Chaide (el ilustre escritor místico). Más adelante el rey Prudente entregó a la casa los bienes confiscados a D. Martín de Lanuza, el último Justicia de Aragón, procesado por su defensa de las llamadas libertades aragonesas y por haber facilitado la fuga del exsecretario real Antonio Pérez. La Comunidad se trasladó a Loreto en 1583 y abandonó aquel lugar cuando al ser expulsados los Jesuitas ocuparon la <<compañía>>.

Interior. - Toda la parte del convento esta hoy transformada en casa de labor. Conservase bien la iglesia (1594-1777) cuya fachada es de estilo neoclásico con frontón y pequeño campanario. El interior es de tres naves con gran cúpula en el crucero separadas por pilastras. Los retablos y pinturas murales, como propias de una época de mal gusto, son muy medianos. El gran altar mayor es barroco con imágenes de los santos y hornacinas con reliquias. Lo más interesante es el coro, en lo alto, con sillería de talla con medallones de ángeles de buen cincel (fines del s. XVIII).

CASTILLO- ABADIA DE MONTEARAGON. - En la carretera de Huesca a Monzón (y Lérida y Barcelona) a 6 kilómetros de la ciudad, al remontar los bordes de la hoya oscense (<<estrecho de Quinto>>), tras cruzar el río Flumen, se toma a la izquierda el camino que conduce a las románticas ruinas del famoso Castillo- Monasterio de Montearagón.

Historia. - Enorme fortaleza levantada después de algaradas constantes por las huestes cristianas de Sancho Ramírez en las comarcas del Somontano como preludio a la toma de Huesca, la ciudad famosa que tanto añoraba y que representaba la llave de su reino y de las llanuras hacia el Ebro, que para Aragón era salir de la cuna pirenaica. Pensado en un apoyo necesario para el sitio y saqueo de la comarca (conforme el uso táctico de la época) el monarca aragonés en 1085 levantó este castillo- abadía de Montearagón, que había de ser un nuevo pilar en la cadena de grandes fortalezas que circundaban a Huesca (Alquézar, Loarre, Marcuello), siendo desde el principio centro de abastecimiento de sus huestes y a la par lugar de oración al Dios de los ejércitos. Dedicado a Jesús Nazareno y dado el carácter de fortaleza guerrera forma el mejor monumento a la constancia, valor y piedad del rey, verdadero paladín de la reconquista Aragonesa. Luego fundó un monasterio de canónigos- regulares de San Agustín, quizá trayendo algunos miembros del castillo- abadía de Loarre. Pronto el número de donaciones y privilegios fueron extraordinarios contándose hasta 96 las iglesias que sus derechos y rentas dependían el abad de Montearagón, que desde el fundador fueron aumentando hasta tiempos de Felipe III, con otros muchos privilegios concedidos por Bulas pontificias. Recuerdo de esta grandeza fue, como en siglos más tarde con parte de estas rentas desglosadas pudieron resucitarse los obispados de Barbastro y Jaca.

Y si en riqueza y esplendor fue ilustre la Real Casa de Montearagón, no lo fue menos en la serie de sus abades que ocupaban lugar preminente en las Cortes del Reino, poseían huestes propias y eran personas de las más allegadas al monarca. Abades de Montearagón fueron Berengario (hijo del I conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV). El infante D. Fernando (hijo de los reyes Alfonso II y Dª Sancha), el tercer hijo del rey Jaime, llamado por el gran número de dignidades que ostentaba <<el patriarca D. Juan de Aragón>>: también hijo bastardo del rey católico y otro infante. D. Alfonso, nieto de los Reyes Católicos. A estas glorias se unieron haber sido Montearagón lugar de reposo de los últimos reyes aragoneses de la dinastía navarra cuando fueron insensiblemente dejando la cuna y panteón del primitivo reino en San Juan de la Peña para venir a enterrarse en este famoso monasterio oscense. Así Sancho Ramírez, aunque más adelante fue llevado al monasterio pinatense. Así Alfonso el Batallador, donde durante siglos estuvo enterrado en este cenobio en sepulcro sostenido por seis columnas. Hoy desgraciadamente de todas estas grandezas históricas y artísticas no resta más que un montón de ruinas: las leyes desamortizadoras dejaron abandonados sus claustros, convirtiendo aquellos lugares santos en guaridas de maleantes. Pocos años después un voraz incendio acabó de consumir el abandono de los hombres. Al fin, tras casi un siglo de olvidos los restos gloriosos del rey Batallador fueron llevados a San Pedro el Viejo, algunos restos arqueológicos al museo provincial y el magnífico retablo de su iglesia (la dedicada obra de Gil Morlanes), se salvó pasando a la parroquia de la catedral.
Las ruinas. - Dignas aún de visitarse por el turista amante de la evocación histórica. Hoy forman una ingente mole de torreones medio desmoronados, murallas carcomidas, claustros derruidos y restos de una iglesia churrigueresca, en la que aún se conservan algunas lápidas abaciales. Lo más interesante sobre los fuertes muros es una curiosa puerta de tipo románico de principios del s. XII. La muralla es de sillería guarnecida con torres y dentro del recinto la gran torre del homenaje de planta cuadrada, con saeteras a sus lados, sirvió de campanario, aunque desmochada. La defensa de la fortaleza era con doble muralla una exterior, a modo de barbacana, y otra, la subsistente, entre las que se encontraba el paso de ronda. De la iglesia primitiva tan solo se conserva la cripta y parte de los muros que en el siglo XV fueron rehechos y adornados.- dice Quadrado- las generaciones venideras no se podrán imaginar que aquella fue una de las gloriosas casas de oración de España, levantada como de paso, durante los meses heroicos del sitio de una ciudad.


Tal día como hoy 16 de mayo



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