|
Quinzano es uno de los
lugares más apacibles y tranquilos de todo el Prepirineo aragonés. Está situado al pie del famoso Castillo medieval de Loarre
(siglo XI), en las llanuras que nacen junto a las faldas de tres sierras: la de Loarre, la Sierra Caballera y
la de Gratal, cuyas cotas más altas se encuentran en los picos Puchilibro
(1597 m.), Caballera (1561 m.) y Gratal (1542 m.).

Pulsar
sobre la imagen para verla ampliada
Hace muchos siglos Quinzano recibió
este nombre, en una época en la que, tras la muerte del caudillo
iberorromano Quinto Sertorio (c. 121-72 a.C.), la floreciente ciudad de Osca se
convirtió en nudo de comunicaciones viarias, y se extendieron por toda la
Hoya villas y mansiones romanas. Es posible que el origen del nombre se deba a
la distancia de este asentamiento: unas quince millas romanas del centro de la
actual localidad de Huesca. Para los historiadores G.Fatás y F.Marco se trata de un antropónimo derivado del nombre propio (Quinto, quizá) del señor romano propietario de la villa y las tierras. Otro historiador, Durán Gudiol, apunta un posible origen godo en torno al monasterio de San Pedro Séptimo. Está situado en La Sotonera, junto a la Val de Ayerbe, territorios algunos que en la Edad Media llegaron a pertenecer a un reino: el Reino de Los Mallos.

Pulsar
sobre el mapa para verlo ampliado
Para llegar hoy a este pequeño
pero bello lugar perteneciente al municipio de La Sotonera, hay que recorrer
unos 22 kilómetros desde Huesca por la carretera A-132 hacia Pamplona, y
desviarse hacia la derecha nada más pasar las localidades de Esquedas y
Plasencia del Monte, conocidas por ofrecer al viajero a pie de carretera típicas
riquezas gastronómicas aragonesas en los restaurantes de la Venta del Sotón, El Cobertizo o La Posada.

|
|
El Municipio de La Sotonera, llamado así por el río Sotón que lo cruza, tiene su cabecera en la Villa de Bolea, situada a unos once kilómetros
de Quinzano por carretera. Otros lugares que comparten ayuntamiento son Aniés,
Puibolea, Lierta y los citados Esquedas y Plasencia del Monte.
A pesar de su tamaño actual,
con poco más de noventa habitantes, Quinzano fue un lugar próspero,
con una larga historia vinculada a la del Castillo de Loarre, a la de Bolea, al Reino de Los Mallos... y con una gran riqueza ganadera y agrícola, gracias a su inmejorable
situación en pleno somontano, junto al río Riel, afluente del Sotón,
a piedemonte de las Sierras Exteriores de los Pirineos aragoneses, como una nave en medio de los extensos mares de cereal que en primavera el viento mece en oleadas verdes...
Testigo de su floreciente pasado es la
iglesia parroquial de San Martín, que conserva una torre románica
enhiesta sobre el resto del edificio reconstruido en el siglo XVIII, respetando otros
varios restos románicos. En el interior de su nave de tres tramos
terminada en ábside poligonal, pueden admirarse ricos retablos y piezas
de orfebrería de los siglos XVII y XVIII.
A la sombra de la iglesia, con
amplios soportales de piedra típicos de la arquitectura aragonesa, se
extiende una pequeña plaza, la Plaza Barriete. En el centro hay una
fuentecilla. Sobre el pilón descansa una estatua de piedra con la forma
de un esparbel o una aliga, que es como llaman en esta tierra al halcón o
al águila. Y es que los cielos amplios y azules de este somontano están
permanentemente surcados por el vuelo silencioso de las aves. Buitres, águilas
y halcones anidan en las peñas de las vecinas sierras. Planean desde allí
cabalgando el viento atlántico en busca de carroña y presas.
Al otro lado de la iglesia hay una
segunda plaza. Está rodeada de recias casonas, algunas de las cuales aún
lucen orgullosas sus fachadas de piedra de arena y puertas adinteladas en arco
de medio punto. Es la Plaza Baja, y en ella ofrecen su hospitalidad las dos
casas de turismo rural de Quinzano. Paseando por algunas de las calles que van a
dar a la plaza, levemente en cuesta, pueden encontrarse algunas fachadas
engalanadas con sus escudos familiares tallados en piedra. Oriundos de Quinzano
fueron algunos ilustres señores, como Martín de Bailo que vivió
a principios del siglo XVII, y estuvo presente en las Cortes de 1626.
Aunque hoy apenas siguen cultivándose
tres o cuatro viñas en las tierras de Quinzano, antaño el pueblo
produjo muchos y muy buenos vinos somontanos, lo que en Bolea y otros pueblos de
La Sotonera aún perdura. Algunas de las casas más antiguas de
Quinzano conservan como un tesoro castizas bodegas y antiquísimos
lagares de piedra con forma de pozo, como en Casa Cosme.
Quinzano es un paraíso
para el senderismo y la bicicleta de montaña. Al final del
pueblo en dirección al cementerio, alejados de
cualquier carretera de asfalto, entre campos de cereales y lomas cada vez más
empinadas, puede accederse por olvidados caminos al Castillo de
Loarre, a Aniés y su ermita la Virgen de la Peña o a Bolea y su
colegiata de Santa María, o bien iniciar el ascenso por zonas más
agrestes a las primeras estribaciones de las Sierras Exteriores pirenaicas. |