El Ebro Aragones: Novillas - Fayon. Aragon
Aragón es así

El Ebro Aragones: Novillas - Fayon. Aragón.

Autor: Francisco Javier Mendivil Navarro Fecha: 24 de agosto de 2021 última revisión



El Ebro a su paso por Aragón podemos dividirlo en cuatro tramos de interes: de Novillas hasta Utebo, Zaragoza como capital del Valle del Ebro, el Bajo Aragón y desde el Monasterio de Rueda hasta Fayón.

Novillas

Cuando el Ebro entra en Aragón por Novillas es ya decididamente mudéjar, presintiendo, sin duda, la grandeza arábiga del ribereño palacio de La Aljaferia de Zaragoza.
Las riberas escuetas y fértiles de los afluentes ibéricos del Ebro aragonés fueron cultivadas con primor e intensidad por los árabes y su reconquista por parte de los cristianos exigió un arduo esfuerzo al tiempo que significó, en buena medida, su ruina por mucho tiempo.
En Novillas, donde el Huecha, nacido en las faldas del Moncayo, rinde sus aguas al Ebro, se ubicó la primera y más importante encomienda de la Orden del Temple de todo el valle medio del río, con amplísimo dominio sobre las tierras que los monjes-guerreros iban incorporando al naciente Reino de Aragón. La encomienda templaria de Novillas fue perdiendo su poder en favor de otra orden militar, la de San Juan de Jerusalem, de cuyo poderío restan hoy algunos vestigios en la localidad, como un bonito palacio del Renacimiento aragonés. La iglesia local es de corte neoclásico, con interesantes retablos de los siglos XVI y XVII.

Pedrola y Alcalá de Ebro

En dirección a Zaragoza, a unos 25 kilómetros se halla, a mano izquierda, la carretera local que lleva hasta Pedrola y Alcalá de Ebro y, al otro lado del río, hasta las salinas de Remolinos. Es este, sin duda, uno de los tramos más interesantes del río aragonés, dado que toda esta zona está ligada al recuerdo de Cervantes -que situó en las proximidades de Alcalá de Ebro su Insula Barataria- y al señorío de los Luna y los Villahermosa, representado en la magnificiencia señorial del palacio ducal de los últimos en Pedrola.

En 1976, tanto el palacio ducal de Villahermosa como la iglesia parroquial de Nuestra Señora de los Angeles de Pedrola, fueron declarados conjunto hitórico-artístico. El palacio ducal, cuya parte más antigua data de la primera mitad del siglo XVI, conserva el carácter renacentista del patio y la fachada, si bien el edificio experimentó diversas reestructuraciones de corte barroco y neoclásico. A través de un elegantísimo portal, se accede a la planta noble del palacio, donde la familia ducal custodia obras de arte de altísimo valor y antigüedad, destacado, de entre todas, obras de Goya, Sorolla, Bayeu, etc. así como la galería de retratos de los Luna y los Villahermosa, obra del flamenco Roland de Mois.

Por su parte, la iglesia parroquial data de finales del siglo XV, si bien su fábrica primitiva pudo ser muy anterior. El cuarto duque de Villahermosa -constructor del palacio- remató las obras en la segunda mitad del siglo XVI al tiempo que su esposa, la conocida por la Santa Duquesa, ordenaba la construcción del curioso pasaje que conduce desde la parte alta del palacio hasta una de las capillas del templo, por encima de las casas aledañas.
En el siglo XVIII, Juan de Villanueva realizó una nueva ampliación del templo, construyéndose entonces el actual crucero. El templo custodia interesantes retablos y piezas de orfebrería, que van desde los siglos XVII al XIX.

A escasa distancia de Pedrola, ya en el Ebro, se halla Alcalá en cuyas proximidades se encuentra una de las numerosas islas fluviales que el Ebro ha ido tejiendo desde el momento mismo de su salida a la Depresión Central. En ella, críticos e historiadores han creído ver la Insula Barataria, efímeramente gobernada por el bueno de Sancho Panza. Esta tesis de los quijotistas se fundamenta en la casi segura estancia de Miguel de Cervantes en la zona, donde, con probabilidad, habría pasado algunos días en el palacio ducal de los Villahermosa de Pedrola.

Remolinos

Al otro lado del Ebro, al abrigo de un cerro frente al río, está Remolinos, antigua encomienda de los Hospitalarios y famosa por unas riquísimas minas de sal gema. El de Remolinos es uno de los numerosos depósitos de sal del Valle del Ebro -que llegan, incluso, hasta Cardona- producto del pasado marino del gran lago eoceno que ocupó el hundimiento del gran Macizo del Ebro. La tradición quiere creer que el mismo Aníbal se surtía de la sal de Remolinos para su ejército pero es con los romanos cuando las minas comienzan su explotación intensiva. Con los austria, la mina fue de titularidad real y, con anterioridad, se produjeron algunos conflictos entre la Iglesia y las órdenes militares que colaboraron en la Reconquista por el dominio y control del fruto de las citadas minas.

La iglesia parroquial de San Juan Bautista, de corte neoclásico -fue construída hacia 1780- presenta en las pechinas cuatro lienzos pintados por el aragonés Francisco de Goya y Lucientes y que representan a San Gregorio, San Jerónimo, San Ambrosio y San Agustín. En lo alto de la población se levanta la ermita del Santo Cristo de la Cueva, que guerda una talla en madera fechada hacia finales del siglo XIV.

Alagón

De nuevo en dirección hacia Zaragoza, por uno u otro lado del Ebro -desde Remolinos es más cómodo hacerlo por la carretera comarcal Tauste/Alagón- se cruza de nuevo el río por Alagón, la antigua Alauona, enclave de máxima penetración oriental de los vascones por las riberas del Ebro. En Alagón tuvo Sertorio su cuartel de invierno, Castra Aelia, en su guerra contra Pompeyo y fue un importante enclave estratégico para Roma en su empeño de controlar el paso del Valle del Ebro hacia la Meseta por el curso del Jalón.

Situado al pie de las elevaciones del Castellar -importante centro de abastecimiento de leña y carbón durante la Alta Edad Media- jugó un papel decisivo como vanguardia cristiana en el asedio y toma de Zaragoza, siendo tradición que la Virgen se apareció en este lugar al rey aragonés Alfonso I el Batallador. Alagón fue un importante centro comercial durante toda la Baja Edad Media y fue testigo de acontecimientos históricos relevantes, como el desposorio de Pedro IV el Ceremonioso con Doña María de Navarra o, con anterioridad, el lugar de cautiverio de la reina Doña Urraca.

El tendido y consolidación del Canal Imperial de Aragón en el siglo XVII supuso un importante empujón a la rica agricultura de la zona, que conoció su momento álgido durante la primera mitad del presente siglo con la puesta en explotación de una boyante industria de transformación remolachera, hoy prácticamente aparcada por la crisis del sector, si bien la zona ha remontado en parte el revés a través de la instalación en sus proximidades de la factoría automovilística de la General Motors.
Sin embargo y a juzgar por sus monumentos capitales, el esplendor de la vida local debió de girar en torno a los siglos XIV-XVI, coincidiendo con el punto álgido del arte mudéjar en la zona. De origen mudéjar, aunque enmascarado por posteriores añadidos en el transcurso del tiempo, es el templo parroquial de San Pedro, iniciado en la primera mitad del siglo XIV. Su elemento más inequívocamente mudéjar es la torre, de base octogonal, profusamente decorada en su tramo central con hermosos motivos en ladrillo resaltado formando arcos entrecruzados y diversas figuras geométricas. En realidad se trata de dos torres, una envolvente de otra interior, con el sello inequívoco de los alminares árabes de la época. El templo es de nave única, con bóvedas de crucería y ábside pentagonal y en sus laterales se fueron abriendo, ya en tiempos modernos, las capillas de la Virgen del Carmen y del Santo Cristo -ésta, con un interesante retablo del último tercio del siglo XV- y las barrocas de San Antón y Santa Ana, con una talla del santo, la primera, del siglo XV. El retablo mayor es de madera dorada y policromada y data de mediados del siglo XVI.

Los otros dos monumentos locales de interés son las iglesias de San Antonio y de San Juan Bautista. La primera de ellas es de la primera mitad del siglo XVIII, construída por los jesuitas tras la fundación de su colegio en la localidad. Tiene dos interesantes retablos en los brazos del crucero, de la segunda mitad del siglo XVIII y una bonita decoración general de estilo recocó. Por su parte, la iglesia de San Juan Bautista conserva su fábrica esencial del XVIII, pero sus elementos muebles ornamentales más notables fueron trasladados a otras iglesias aragonesas con motivo de las desamortizaciones del siglo XIX.

El último de los monumentos dignos de mención está situado fuera de la población, sobre los altos de El Castellar. La ermita de la Virgen del Castillo conserva muy pocos de sus elementos primitivos por haber sufrido grandes destrozos en el transcurso de la guerra de la Independencia -que tuvo por estos lugares especial virulencia- pero aún custodia una hermosa talla de la virgen titular de la ermita, fechada en torno al año 1300.

De Alagón a Zaragoza, el Ebro se halla jalonado de poblaciones eminentemente agrícolas que aún conservan, más o menos vivo, el recuerdo de los sabios y pacientes cultivadores árabes y moriscos de sus fértiles huertas. La inequívoca huella de esos casi nueve siglos de predominio de la cultura árabe se rastrea aún hoy en las hermosas iglesias mudéjares de la zona.

Torres de Berrellén

Fue cuna del insigne pedagogo de sordomudos Juan Pablo Bonet y cuyo Ayuntamiento está ubicado en un hermoso palacio, de los Duques de Villahermosa, del siglo XVII, tiene, como la vecina localidad de Pinseque, una bellísima torre mudéjar.

Utebo

Sin embargo, la más singular, compleja y profundamente árabe es la de Utebo, un auténtico alminar en el que, en pleno siglo XX, nada extrañaría oir el canto del muhecín llamado a la plegaria a la caída del sol. Aunque iniciada años antes, la obra fue rematada por Alonso de Lesnes en el año 1544.

Puedes seguir la navegación del Ebro en Zaragoza capital del Valle del Ebro, el Bajo Aragón y desde el Monasterio de Rueda hasta Fayón.

Extraido del libro: Guía para viajar por el Ebro.
© José Manuel Marcuello Calvin



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Alrededores de la Ciudad de Huesca

PASEOS DE HUESCA.- La frondosidad y belleza de la tierra oscense, con sus huertas feraces envolviendo la ciudad, la anchura y majestad de sus horizontes y el bello perfil de las sierras cercanas dan plácido encanto a los alrededores y paseos que Huesca posee. En primer lugar, todas sus carreteras son bellas pistas, bajo las frondas de corpulentos árboles frecuentadas con verdaderas alamedas urbanas; las márgenes del río Isuela, con sus sotos y remansos y las frondas de la vega, proporcionan rincones de belleza y de paz. Circundado la ciudad por su lado Norte desde el puente de <<las Miguelas>> a la carretera de Barbastro, se encuentra el Paseo de Lucas Mallada: en su iniciación en el arranque de la carretera de Arguis, en plácida plazoleta, se levanta el monumento titular, el sabio geólogo, hijo ilustre de la ciudad, monumento sencillo pero simbólico, obra del artista oscense Ramón Acín. El paseo bordea el Isuela, dejando el viejo casco de la ciudad en la otra orilla con los restos desgastados de la muralla. Entre <<torres>> y casas de hortelanos, la frondosa alameda deja a la izquierda el <<Pueyo de D. Sancho>>, lugar tenido falsamente por el sitio en que el rey sitiador de Huesca recibió el saetazo que le ocasionó la muerte; deja los altozanos de los Mártires, y el gran y moderno hospital provincial con varios pabellones, para enlazar con la carretera de Barbastro y penetrar en la ciudad por Santo Domingo.

Otra hermosa alameda es el Paseo de la Estación, perfectamente urbanizado y convertido en jardín.

Desde la estación ferroviaria hacia el S (carretera de Grañén) se ha transformado es hermosa alameda llena de flores paralela a la calzada para terminar frente al cuartel <<del Batallador>> en los viveros municipales. Pero la más acertada reforma moderna de la ciudad, la constituye su Parque moderno (de Miguel Servet), uno de los más bellos jardines urbanos de España, con notable variedad de arbolado y flores, avenidas de sauces, rosaledas, parterres, estanques, sotos y pinares y dando frente a la bella barriada de <<chalets>>, arranque acertadísimo del ensanche moderno de la ciudad. (Avenida del General Franco). No lejos de él (por la carretera de Zaragoza) se encuentra el llamado << Parque de Deportes>>, con piscinas, tennis, pista, frontón, etc., y cerca el campo de futbol de Villa Isabel. Pero dejando estos paseos, propiamente urbanos de la ciudad, los puntos más interesantes de los alrededores de Huesca por su interés histórico y artístico y por la belleza de los lugares, lo constituyen el cinturón de ermitas cercanas:

ERMITA DE SAN JORGE

. - Saliendo de la ciudad por la carretera de Zaragoza, después de cruzar el paso a nivel de la vía de Ayerbe (y Canfranc), a la derecha, sobre un empinado cerro cubierto de frondosa pinarada.

HISTORIA. - Ermita dedicada al santo Patrón de Aragón, en gratitud a su milagrera intervención en la famosa batalla de Alcoraz, en la que las huestes de Pedro I, sitiadoras de la ciudad de Huesca durante mas de 20 meses, tuvieron que salir al encuentro de las fuerzas enviadas por el reyezuelo de la taifa de Zaragoza que venía en ayuda de los sitiados con huestes de algunos condes castellanos. La sangrienta batalla terminó con el triunfo del aragonés y la leyenda cuenta que se debió en gran parte a la intervención de un caballero de resplandeciente armadura que impuso el terror de su espada entre las filas islámicas y que tras el triunfo que llevaba consigo la rendición de la ciudad, desapareció, y un acompañante dio cuenta de ser San Jorge; desde entonces se le tuvo como Patrón del reino y el mismo escudo lo formó en adelante las cuatro cabezas de jefes moros que cortara su espada milagrosa (véase: Historia de Huesca, Alcoraz).

Dedicado a este recuerdo se levantó la ermita. Todo el campo que rodea el cerro se llama <<del Alcoraz>>, pero la ermita primitiva estuvo en distinto lugar, en el llano mas alejado de la ciudad que se llama Cuarte.

EXTERIOR: Debe ser visitada por el espléndido panorama que desde la ermita se contempla, con la ciudad de Huesca al frente, teniendo a sus pies el parque y el caserío moderno y escalonado en gradería casco antiguo hasta terminar en los viejos monumentos de la ciudad con la torrecilla del Instituto, las torres del Ayuntamiento y del Colegio de Santiago y la mole catedralicia, todo entre las feraces huertas del Isuela y teniendo por fondo, en primer término, las terrazas aluviales de la hoya, dominadas por las románticas ruinas de Montearagón, y en la lejanía los pichados de la sierra desde el pico de Guara, el famosos <<Salto de Roldán>> y el pico de Gratal, hasta perderse al occidente por las sierras de Loarre. Lugar muy ameno de paseo y frecuentadísimo en la romería del día de San Jorge (23 Abril)

IGLESIA. - De tres naves, en su parte exterior con arbotantes y pequeño campanario. Un pequeño atrio del S. XVIII, da paso al interior. Este es muy interesante por parecer pequeño ejemplo de la Catedral de Barbastro (gótico florido) con sus haces de columnas y sus cupulillas de crucería con florones y claves de buen gusto. Fue obra por 1555 de un maestro Domingo Almanzor, como reza la larga inscripción que corre por la cornisa del arquitrabe y que recuerda también la aparición milagrosa en lo más duro del combate. El retablo es obra mediana de la épica (estilo plateresco) de Juan Miguel de Urliens (por 1595) con policromía de Nicolás Jalón en 1603.

ERMITA DE Nº Sº DE SALAS. - Al sur de la ciudad: desde el Coso, descendiendo por la calle del Padre Huesca se llega a la plaza de D.ª Sancha, que recuerda a la hija de Alfonso VII el Emperador (de Castilla y León) que casó con el rey aragonés Alfonso II (hijo de D.ª Petronila y Ramón Berenguer IV) y por tanto el primer soberano común de Aragón y Cataluña. Dª Sancha que gran parte de su vida vivió en Huesca, reedificó el cercano Santuario de Salas, y en su vejez se retiró al Real Monasterio de Sigena, donde en olor de Santidad, murió en 1208, monasterio que había fundado y donde fue sepultada.

El fondo de la plaza lo ocupa el amplio caserón de Santa Clara, viejo convento de Clarisas o franciscanas.

Fue fundación, en 1262, de la reina D.ª Constanza, esposa del Rey Pedro III, y madre de tres reyes y dos reinas, entre ellas la gloriosa aragonesa santa Isabel de Portugal. Con las leyes desamortizadas de la época liberal, fue arruinado el edificio, y comprado al Estado por la Duquesa de Villahermosa, que volvió a cederlo a la comunidad de Clarisas.

Su templo no responde a la gloria de su pasado: es pobre, es de una sola nave y el interior con arcos fajones y cúpula en el presbiterio, plana con ornamentación geométrica; sin duda reformado todo en sucesivas restauraciones. Todos los retablos son del barroco amanerado: mayor, con lienzo de la muerte de María e imágenes de santos franciscanos. Los tres Laterales del mismo gusto (San Francisco, Ecce Homo y San Pascual Bailón).

En el interior del convento se guarda una interesante imagen gótica de la Virgen (s XVI), con curioso pedestal recubierto de cobre con dibujos.

Al salir de la ciudad por la carretera de Sariñena, se toma a la derecha un camino entre huertas regadas por las acequias del Isuela y a un kilómetro se encuentra el famoso santuario de la Virgen de Salas, uno de los más antiguos y de mayor veneración del antiguo reino de Aragón.

LEYENDA. - La tiene como todos los santuarios marinos de España; es fama que en este lugar de la vega de Huesca, hubo desde tiempos primitivos una ermita dedicada a Nª Sª de la Huerta. Según la leyenda en un incendio en la parroquia del pueblo de Salas Altas, la imagen milagrosa titular salió entre las llamas, viniéndose a postrar a este santuario oscense desde las márgenes del Vero en tierra de Barbastro, colocándose a la vera de la Virgen de la Huerta. Mediaron largos litigios entre el pueblo de procedencia y el ob. De Huesca, así como entre este y el prior de San Pedro el viejo, por creer estar comprendido el santuario dentro de heredades del famoso monasterio: al fin todo quedó dependiente de la mitra oscense.

HISTORIA. - Debió existir un antiguo santuario, pues en los últimos años del S. XII, la reina de Aragón Dª Sancha, mujer de Alfonso II, reedificaba la iglesia románica, ancha y majestuosa de tres naves, de la que solo resta la portada. Ya desde entonces aparece el nombre de Salas en las crónicas y en multitud de documentos demostrándose la veneración que se sentía en todo Aragón; las donaciones y privilegios de Pedro II, de Don Jaime y de la reina Doña Leonor, son testimonio de ello hasta llegar a Pedro IV que la declaró protectora y defensora de todos sus reinos peninsulares y mediterráneos, y quizá a esa predilección a la ciudad de Huesca la llevase a crear la Universidad Sertoriana. A pesar de lo cual en situación apurada tuvo que incautarse del tesoro del famoso santuario, pero una vez eliminado el peligro lo donó en compensación un retablo de plata (véase archivo de la Catedral. Así mismo algunos pontífices (Inocencio III, Inocencio IV, Nicolás III y clemente IX) concedieron gran número de indulgencias y los obispos oscenses también rivalizaron en la devoción a la virgen de Salas, tales como D. Juan de Aragón y de Navarra que reedificó la iglesia y levantó una hospedería para peregrinos (principio s. XVI) que terminó su sucesor Martín de Gurrea, algunos de cuyos mudéjares restan todavía. El Obispo Padilla (1730) levantó la iglesia actual. Finalmente muestra de la gran devoción de los reyes y de la popularidad en todo el ámbito peninsular del santuario de la Virgen de Salas, lo muestra las famosas Cantigas del Rey Sabio Alfonso X de Castilla y León. Que en 17 de ellas narra hechos portentosos de la Virgen milagrosa.

PORTADA. - Toda la fachada occidental es magnífico conjunto del románico Santuario, levantando por la reina Dª Sancha (por 1200). Formada la portada (interesante como tipo de románico-exuberante que anuncia la transición al gótico) por seis archivoltas semicirculares, cada una con adornos festeadas y dibujos geométricos y vegetales distintos, descansando sobre capiteles de flora tallada sin fustes de Columnas. Sobre ellas un mango rosetón con círculos adornados con puntas de diamante. El resto de la construcción es obra moderna (fines del s. XVIII) excepto la maciza torre románica, una curiosa ventana y una puerta cegada, que son restos de la edificación primitiva.

INTERIOR. - De una sola nave, espaciosa y crucero con bóveda esbelta con suntuoso gusto severo de su época (estilo neoclásico de fines del S. XVIII). Fue obra del arquitecto oscense José Sofí (véase: compañía. En el retablo mayor, la famosa imagen de la Virgen de Salas, grande escultura románica de primera mitad del Siglo XII, sentada llevando al Niño en la rodilla izquierda, bendiciendo y con el globo en la mano, toda ella dorada y policromada, con interesante pintura geométrica en el escabel. Es notable pieza y debió ser la imagen donada por la reina Dª Sancha. Junto a ella, la Virgen de la Huerta, de tamaño natural, de pie con el Niño; la cubre un manto de plata, de talla más rica (s. XIV).

ERMITA DE LOS MARTIRES.- Llamado así este lugar en recuerdo de las santas mártires mozárabes Nunila y Alodio, en lo alto de un cerro escarpado cubierto de esteparia vegetación; al otro lado del Río Isuela, cercano al llamado también <<Pueyo de D. Sancho>> por haber muerto allí el Rey Sancho Ramírez durante el sitio de la ciudad.

HISTORIA. - La Historia de estas dos santas nos las cuentan los éxitos de Eulogio y Alvaro, los santos mozárabes cordobeses de la España musulmana del s. IX: <<bellezas rosas que florecen entre espinas>> dice el primero respecto a ellas. Son figuras excelsas entre las que sufrieron el martirio bajo el gobierno de Abderramán II por 851. Hijas de matrimonio mixto, de musulmán y cristiana, tenían que seguir bajo pena de muerta la religión del padre. Nacidas en el cercano pueblo de Adahuesca, su madre las lleva en secreto al seno del cristianismo. Muerto el padre, disimularon cuanto pudieron su religión, pero llegó el momento en que tuvieron que comparecer ante el Cadí para aclarar sus creencias. Con firmeza confesaron su fe y a pesar de los suplicios no apostataron y al fin fueron decapitadas tras el cautiverio en las mazmorras de Alquézar. Sus cadáveres fueron expuestos en este alcor de Huesca para ser devorados por las aves de rapiña, pero ni los buitres se acercaron, mientras que, por el contrario, vagos resplandores iluminaban misteriosamente el lugar. El walí como mandó meterlas en un pozo cercano (véase calle del salvador página 75) donde los siglos más tarde fueron extraídas y llevados sus restos al monasterio de San Salvador de Leyre cuna y corte del primitivo reino pirenaico de Navarra y Aragón. Desde entonces entre los fieles de Huesca, fue venerado en este lugar, que algunos siglos después había de recoger el último suspiro de Sancho Ramírez al morir en su campamento mientras sitiaba la ciudad en 1095.
El Santuario. - Poco tiene de interés, salvo la evocación de estos dos hechos tan vinculados en la historia de Huesca. Sin embargo, en su retablo dedicado a las mártires, existe un bello Calvario con el crucificado, La Dolorosa, San Juan Evangelista, la Magdalena y Santa Catalina, de bella talla gótica por 1400. y algunos lienzos de escaso interés.
Cercano a la ermita un pequeño cementerio, recuerdo a los rebeldes republicanos fusilados en aquel lugar por su levantamiento de 1848.

En la hermosa vega del Isuela, aguas arriba de Huesca, yendo por la carretera de Arguis, en lugar amenísimo por sus hermosas huertas y alamedas y fuentes, y donde parece ser que en la alta Edad Media se extendía parte de la más vieja ciudad, se encuentran dos ermitas, la de Santa Lucía y la de Nuestra Señora de la Jara. Se llega a ella por la carretera dicha (en construcción los últimos tramos hasta la estación férrea de Sabiñánigo) y tras cruzar el puente de las Miguelas>> (moderno en situación del antiguo romano, cuyos arranques de arco aún se conservan) y dejando a la izquierda las huertas y <<torres>> que ocupan el lugar del antiguo convento de capuchinos (en una de las <<torres>> se conserva el aljibe Conventual); a 1 kilómetro, entre frondas, se halla Santa Lucía, pequeña ermita, objeto de veneración de una antigua cofradía, de estilo románico de una sola nave y con una imagen interesante de la Virgen con el Niño, talla del s. XII. La de la Virgen de la jara, está más lejana, sobre un pequeño otero a cuyos pies brotan fuentes de agua cristalina a la sombra de grandes álamos, objeto también de devoción de una cofradía, antiguamente llamada de los <<Ballesteros>> que dedicaban su culto a San Juan Bautista y a los mártires Juan, Paulo y Santa Eulalia de la Jara. No ofrece más interés artístico, excepto la imagen de la titular, la Virgen, talla de fines del s. XIV.

NUESTRA SEÑORA DE CILLAS. - Saliendo de la ciudad por la carretera de Francia, al coronar la cuesta del borde de la Hoya, como a tres kilómetros de la ciudad, se encuentra el Santuario de la virgen de Cillas.
En lugar risueño de hermosas fuentes (de efectos milagrosos, según fama en la comarca), donde parece que hubo granja romana y que más tarde existió poblado que algunos cronistas llaman Ciellas y de entonces data el Santuario que tendría su origen en antigua iglesia parroquial como parece demostrarlo las primicias que gozaba, la pila bautismal y el Sagrario que se conservan. Cercana a ella, entre chopera agradable, se encuentra la <<fuentesanta>>, donde se bañan los fieles el día de la víspera de San Juan en busca de curación de enfermedades, hoy higiénicamente instalado por obras recientes de la Cofradía. Esta fue fundada en tiempos del rey Juan I, el desventurado monarca que en los pocos años de su reinado buscó afanosamente su curación en las aguas milagrosas de Cillas. La cofradía tenía por costumbre el ir en procesión al famosos Santuario, todos descalzos, los últimos domingos de abril y octubre, pasando por la Catedral y por el arco pegado entonces al antiguo torreón del Alcázar, ahora Instituto. Hoy, la cofradía de cillas, tiene a su cargo el Santuario y el culto que en ella se celebra.
En este sitio tuvo lugar el encuentro en diciembre de 1930, de las tropas sublevadas en Jaca por los capitanes Galán y García Hernández, contra las que se mantuvieron fieles al Gobierno (guarnición de Huesca y columna de Zaragoza), que terminó con la desbandada de los rebeldes.
El edificio de tres naves, con vestíbulo, es obra del arquitecto oscense José Sofi, en 1774, del estilo neoclásico. Los retablos de la época carecen de valor, no así el primitivo (gótico del s. XV), conservando hoy en la cercana iglesia del pueblo de Chimillas y procedente de la derruida de San Martín de la capital. La titular (oculta por los mantos y joyas dentro de su camarín), es talla gótica del s. XIII, de mano ruda, pero expresiva.

NUESTRA SEÑORA DE LORETO (a 5 kilómetros). Saliendo de la ciudad por la carretera de Zaragoza, tras pasar ante el cementerio, a la izquierda, camino Vecinal de Cuarte, en cuyas proximidades se encuentra Loreto (hoy casa de labranza), junto a una gran laguna.

Historia. - Fue tradicionalmente considerado como el lugar donde los santos padres Orencio y Paciencia (padres de San Lorenzo mártir, y de San Orencio, ob. De Aux, poseían una quinta o casa de campo, donde nacieron y pasaron su infancia los famosos santos oscenses. Parece que desde la reconquista fue lugar ya venerado. Felipe II gran devoto del santo, pensó engrandecer aquel lugar y fundar un convento de agustinos calzados para lo que dedicó rentas donaciones en 1575. estando en las Cortes de Monzón mandó hacer un gran proyecto del futuro convento obra del arquitecto Jerónimo Segura Bocanegra, según diseño de J. Herrera, el famoso arquitecto de El Escorial, pero este proyecto no llegó a realizarse del todo y pasó más tarde al P. Malón de Chaide (el ilustre escritor místico). Más adelante el rey Prudente entregó a la casa los bienes confiscados a D. Martín de Lanuza, el último Justicia de Aragón, procesado por su defensa de las llamadas libertades aragonesas y por haber facilitado la fuga del exsecretario real Antonio Pérez. La Comunidad se trasladó a Loreto en 1583 y abandonó aquel lugar cuando al ser expulsados los Jesuitas ocuparon la <<compañía>>.

Interior. - Toda la parte del convento esta hoy transformada en casa de labor. Conservase bien la iglesia (1594-1777) cuya fachada es de estilo neoclásico con frontón y pequeño campanario. El interior es de tres naves con gran cúpula en el crucero separadas por pilastras. Los retablos y pinturas murales, como propias de una época de mal gusto, son muy medianos. El gran altar mayor es barroco con imágenes de los santos y hornacinas con reliquias. Lo más interesante es el coro, en lo alto, con sillería de talla con medallones de ángeles de buen cincel (fines del s. XVIII).

CASTILLO- ABADIA DE MONTEARAGON. - En la carretera de Huesca a Monzón (y Lérida y Barcelona) a 6 kilómetros de la ciudad, al remontar los bordes de la hoya oscense (<<estrecho de Quinto>>), tras cruzar el río Flumen, se toma a la izquierda el camino que conduce a las románticas ruinas del famoso Castillo- Monasterio de Montearagón.

Historia. - Enorme fortaleza levantada después de algaradas constantes por las huestes cristianas de Sancho Ramírez en las comarcas del Somontano como preludio a la toma de Huesca, la ciudad famosa que tanto añoraba y que representaba la llave de su reino y de las llanuras hacia el Ebro, que para Aragón era salir de la cuna pirenaica. Pensado en un apoyo necesario para el sitio y saqueo de la comarca (conforme el uso táctico de la época) el monarca aragonés en 1085 levantó este castillo- abadía de Montearagón, que había de ser un nuevo pilar en la cadena de grandes fortalezas que circundaban a Huesca (Alquézar, Loarre, Marcuello), siendo desde el principio centro de abastecimiento de sus huestes y a la par lugar de oración al Dios de los ejércitos. Dedicado a Jesús Nazareno y dado el carácter de fortaleza guerrera forma el mejor monumento a la constancia, valor y piedad del rey, verdadero paladín de la reconquista Aragonesa. Luego fundó un monasterio de canónigos- regulares de San Agustín, quizá trayendo algunos miembros del castillo- abadía de Loarre. Pronto el número de donaciones y privilegios fueron extraordinarios contándose hasta 96 las iglesias que sus derechos y rentas dependían el abad de Montearagón, que desde el fundador fueron aumentando hasta tiempos de Felipe III, con otros muchos privilegios concedidos por Bulas pontificias. Recuerdo de esta grandeza fue, como en siglos más tarde con parte de estas rentas desglosadas pudieron resucitarse los obispados de Barbastro y Jaca.

Y si en riqueza y esplendor fue ilustre la Real Casa de Montearagón, no lo fue menos en la serie de sus abades que ocupaban lugar preminente en las Cortes del Reino, poseían huestes propias y eran personas de las más allegadas al monarca. Abades de Montearagón fueron Berengario (hijo del I conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV). El infante D. Fernando (hijo de los reyes Alfonso II y Dª Sancha), el tercer hijo del rey Jaime, llamado por el gran número de dignidades que ostentaba <<el patriarca D. Juan de Aragón>>: también hijo bastardo del rey católico y otro infante. D. Alfonso, nieto de los Reyes Católicos. A estas glorias se unieron haber sido Montearagón lugar de reposo de los últimos reyes aragoneses de la dinastía navarra cuando fueron insensiblemente dejando la cuna y panteón del primitivo reino en San Juan de la Peña para venir a enterrarse en este famoso monasterio oscense. Así Sancho Ramírez, aunque más adelante fue llevado al monasterio pinatense. Así Alfonso el Batallador, donde durante siglos estuvo enterrado en este cenobio en sepulcro sostenido por seis columnas. Hoy desgraciadamente de todas estas grandezas históricas y artísticas no resta más que un montón de ruinas: las leyes desamortizadoras dejaron abandonados sus claustros, convirtiendo aquellos lugares santos en guaridas de maleantes. Pocos años después un voraz incendio acabó de consumir el abandono de los hombres. Al fin, tras casi un siglo de olvidos los restos gloriosos del rey Batallador fueron llevados a San Pedro el Viejo, algunos restos arqueológicos al museo provincial y el magnífico retablo de su iglesia (la dedicada obra de Gil Morlanes), se salvó pasando a la parroquia de la catedral.
Las ruinas. - Dignas aún de visitarse por el turista amante de la evocación histórica. Hoy forman una ingente mole de torreones medio desmoronados, murallas carcomidas, claustros derruidos y restos de una iglesia churrigueresca, en la que aún se conservan algunas lápidas abaciales. Lo más interesante sobre los fuertes muros es una curiosa puerta de tipo románico de principios del s. XII. La muralla es de sillería guarnecida con torres y dentro del recinto la gran torre del homenaje de planta cuadrada, con saeteras a sus lados, sirvió de campanario, aunque desmochada. La defensa de la fortaleza era con doble muralla una exterior, a modo de barbacana, y otra, la subsistente, entre las que se encontraba el paso de ronda. De la iglesia primitiva tan solo se conserva la cripta y parte de los muros que en el siglo XV fueron rehechos y adornados.- dice Quadrado- las generaciones venideras no se podrán imaginar que aquella fue una de las gloriosas casas de oración de España, levantada como de paso, durante los meses heroicos del sitio de una ciudad.


Tal día como hoy 18 de octubre

1893 Inauguración de las Facultades de Medicina y Ciencias (actual Edificio Paraninfo) por el ministro Segismundo Moret y Prendergast, político muy vinculado a Zaragoza.
1841 Nace el paleontólogo, ingeniero de minas y escritor Lucas Mallada y Pueyo en Huesca.



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