El Ebro Aragones: ZARAGOZA Capital del Valle del Ebro.
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El Ebro Aragones: ZARAGOZA Capital del Valle del Ebro. Aragón.

Autor: Francisco Javier Mendivil Navarro Fecha: 19 de agosto de 2022 última revisión

Tanto por su población como por su situación y su historia, Zaragoza es la capital indiscutible del Valle del Ebro y, por ello, sede del órgano de gobierno de las aguas de la cuenca, la Confederación Hidrografica, la primera en crearse y la de más extenso territorio bajo su competencia de todas las del país.
Situada en la confluencia del meridional Huerva y el pirenaico Gállego con el Ebro, la ibérica Salduie evidenció tempranamente su inmejorable situación estratégica, dada su proximidad a la vía natural de penetración en la Meseta, el Jalón, y su condición de frontera entre las tres etnias fundamentales asentadas en las riberas del Ebro: indoeuropeos, iberos y celtíberos. No mucho antes de la fundación de la ciudad romana de Caesaraugusta, el triunviro Lépido fundó, aguas abajo de la actual Zaragoza, la primera colonia romana en lo que hoy es el Ebro Aragonés, la colonia Victrix Iulia Lépida - la actual Velilla de Ebro-, sobre la que más adelante volveremos. Era el año 43 antes de Cristo. Lépido cayó pronto en desgracia en la metrópoli y la colonia entró en un rápido eclipsamiento. unos veinte años después, el emperador Octavio Augusto decidió la fundación de la colonia Caesaraugusta, obra de los veteranos de las legiones IV Macedónica, VI Victrix y X Gémica, licenciados tras la conclusión de las guerras cántabras.
Testigos de la primitiva Caesaraugusta -de la que deriva el actual nombre de Zaragoza- son hoy el único tramo de la muralla romana que se alza a poniente junto al Ebro, dos o tres maltrechos yacimientos arqueológicos abiertos, y muy mal cuidados, en pleno casco viejo de la ciudad -incluido el teatro romano-, la estructura cardial de la parte más antigua de la ciudad y en última instancia, los interesantísimos materiales arqueológicos -sobre todo algunos mosaicos- custodiados y pulcramente presentados en el Museo Arqueológico y de Bellas Artes (ubicado en la Plaza de los sitios y lugar de obligada visita para el viajero interesado en conocer en profundidad la capital del Ebro).

La Aljaferia

La época islámica -la Sarakosta o Medina Albaida de los árabes fue capital de la Marca Superior de Al-Andalus y una de las más importantes y belicosas taifas en el momento de la desmembración del califato de Córdoba- tiene en Zaragoza uno de los más hermosos, complejos y únicos exponentes monumentales del momento de constitución de los reinos de taifas: el palacio de la Aljafería, considerado como el más importante de Occidente de su época, el siglo XI.
El nombre del palacio deriva de su constructor, Abu Jafar Ahmed Almoctadir Bilá (de jafar, al-jafaría y, después Aljafería), gobernador de la taifa zaragozana entre 1047 y 1081. La fábrica primitiva de este palacio o quinta de recreo, construída a extramuros junto a la margen derecha del Ebro, era de planta rectangular, con una sólida muralla exterior con torreones y sufrío distintas modificaciones e irreversibles destrucciones con el paso del tiempo. Las dos épocas de modificaciones de la fábrica primitiva corresponden a los reinados de Pedro IV y los de los Reyes Católicos, siendo, desde la reconquista de Zaragoza por Alfonso el Batallador en 1118, alcázar de los reyes cristianos. Fue cárcel de la Inquisición en tiempos de los austrias mientras que los borbones hacían gala de un absoluto desprecio por la obra, especialmente Isabel II, bajo cuyo reinado se praticó la más bárbara destrucción de la obra al destinarse el palacio a cuartel -carácter que mantuvo hasta hace tan sólo algunas decadas. - Actualmente, el palacio ha experimentado una restauración en profundidad con motivo de su destino a sede del parlamento autónomo regional, las Cortes de Aragón.
Al palacio se accede por su ala oriental, a través de una puerta con arco de harraduraque da entrada al llamado patio de la iglesia por levantarse allí, a mano dercha, la iglesia de San Martín, obra de estilo mudéjar, del siglo XIV. Desde allí se accede ya a la parte dentral de la época primitiva del palacio, un patio llamado de Santa Isabel. Es de planta rectangular, con pórticos en los lados más cortos restaurados con copias de la decoración origianl, que se custodia en el Museo Arqueológico Nacional. En la parte derecha o norte del recinto se encuentran las dependencias más antiguas y mejor conservadas de la fábrica, sobre todo la pequeña y hermosísima mezquita, que es de planta cuadrada en la base y octogonal en altura, con un esbeltísimo arco de herradura en el hueco del mihrab. Este pequeño oratorio es una auténtica joya en su género y si bien la cúpula no es la primitiva de la obra, los arcos mixtilineos, los bellísimos capiteles de alabastro y la complicada decoración de ataurique dan cuenta de la riquisima cultura y sensibilidad artística de los hispanomusulmanes del Valle del Ebro en el lejano tiempo de la undécima centuria.
Las otras dependencias de obligada visita se hallan en la primera planta del palacio, en su ala oeste. Por una majestuosa escalinata se accede al llamado Palacio de los Reyes Católico, donde existen dos piezas fundamentales: el Salón del Trono y las salas anexas conocidas como de los pasos perdidos. Los vanos de las puertas y ventanas presentan bellísimas yeserías, pero quizá la pieza más majestuosa sean las hermosísimas techumbres mudéjares realizadas en madera dorada y policromada. La obra concluyó en 1492 y es junto, a la Lonja -de la que luego hablaremos- un magnífico exponente del llamado estilo Reyes Católicos en Aragón.

La Seo o Catedral de El Salvador

Aunque la estructura general de este templo -levantado junto al Ebro, en la parte oriental de la Plaza de las Catedrales, cerca de El Pilar- es del gótico tardío, la fábrica primitiva es, cuando menos, románica y en él se da una abigarrada yuxtaposición de estilos que van desde el Románico hasta el Neoclasico (siglo XII a finales del XVIII). Siguiendo un itinerario esencialmente cronológico, la visita debe iniciarse por el exterior de los ábsides de la que fuera mezquita mayor de la ciudad árabe y en su tramo inferior denotan su inequívoco origen románico en cuanto a su reforma cristiana se refiere. El interior de los ábsides -se conservan dos de los tres originales- conserva, en su decoración y estructura, aunque camuflada por posteriores añadidos, su prístino carácter románico original, de finales del siglo XII, con un interesantísimo grupo escultórico en las arquerías.
Siguiendo en el exterior del templo, junto a los ábsides se hallan los magníficos paneles de ladrillo de la llamada parroquieta de San Miguel, obra fundamental del mudéjar aragonés y construída en el último tercio del siglo XIV. Esbeltos arcos mixtilíneos y un complejo encaje geométrico semejan un rico tapiz árabe en el que se engarzan bellísimos mosaicos y piezas cerámicas. La obra mudéjar se continúa a través de la tracería calada de los ventanales que se abren por encima de los ábsides, rematado todo el conjunto por el exterior del audaz cimborrio de principios del siglo XVI.
Completan los elementos exteriores más interesantes del templo la torre barroca, construída en las últimas décadas del siglo XVII, y la portada neoclásica, iniciada en 1786 sobre la mudéjar original.
En el interior, la visita a lo más interesante comienza por la mencionada parroquia de San Miguel, construída por deseo del arzobispo don Lopez Fernández de Luna cuyo sepulcro, de rica y bellísima ornamentación, es considerado pieza esencial dentro de la escultura funeraria del siglo XIV europeo. La otra pieza singular de la parroquia es la esbelta techumbre, una rica muestra de la carpinteria mudéjar en lo que actualmente es Aragón.
En lo que es propiamente el recinto central del templo -que debió ser en su día de tres naves góticas- destacan las cinco naves (recientemente restauradas) en cuya cabeza se levanta el magnífico retablo mayor, obra, en lo esencial, del escultor Pere Johan y de Hans de Suabia. Hermosísimo y casi inverosímil es, asimismo, el cimborrio, construído en el primer tercio del siglo XVI en sustitución del primitivo mudéjar - como mudéjar fue también la primitiva torre-. La influencia árabe en este cimborrio se evidencia en la forma octogonal de la cúpula y por el octógono estrellado formado en el cruce de los arcos que la sostienen.
Las otras partes del templo de interesante visita son el coro -con una notable silleria mudéjar e importantes esculturas en su ornamentación-, las capillas laterales de San Bernardo y de San Miguel y, por último, el tesoro catedralicio, repartido entre la sacristía y el museo de tapices. Las sacristía custodia, entre otras, tres piezas singulares: el olifante de Gastón de Bearn, tallado en marfil con la técnica árabe del siglo XI; los bustos -relicarios de San Valero (patrón de Zaragoza), San Vicente y San Lorenzo, procedente de los talleres de Aviñón y donados al templo por el papa aragonés Benedicto XIII; y, finalmente, la custodia mayor, labrada en plata por Pedro Lamaison en la primera mitad del siglo XVI.

La Lonja

Frente a la fachada principal de La Seo y muy próxima al arranque derecho del Puente sobre el Ebro, se levanta el más importante edificio civil zaragozano, La Lonja.
La de Zaragoza, aunque construída con posterioridad, se emparenta directamente con las lonjas de los otros tres reinos que formaron la Corona de Aragón: Barcelona, Mallorca y Valencia y, como aquellas, tiene su origen en la necesidad de contar con un edificio noble dedicado a las transacciones comerciales. A instancias del Arzobispo don Hernando de Aragón, las obras se iniciaron en 1541, según la traza de Juan de Sariñena y, diez años después, como lo recuerda la leyenda gótica que recorre el friso interior, el edificio fue inaugurado. La Lonja, con sus exteriores de ladrillo típicos de la arquitectura aragonesa de la época, tienen unas ciertas resonancias florentinas de la anterior centuria. El interior, obra de Gil Morlanes hijo, presenta tres naves de la misma altura apoyadas en sólidas columnas de corte jónico y cubiertas por bóvedas de crucería estrellada, con florones de madera tallada en las claves. En la pared de fondo, un gran arco ciego se cierra por un friso fechado en 1544 y ostenta el escudo de armas imperial de Carlos V jalonado por los leones de la ciudad.

El Puente de Piedra

Aunque popularmente atribuido a los romanos o a los árabes la Alcántara de Piedras de Zaragoza fue en realidad construído durante las cuatro primeras décadas del siglo XV y fue, hasta épocas muy recientes, el único puente de obra por el que se podía cruzar el Ebro en su largo recorrido desde Zaragoza hasta el mar. Puesto definitivamente en servicio en marzo de 1440, este magnífico puente medieval de siete ojos, 225 metros de longitud y esbeltos tajamares, sufrió a lo largo del tiempo notables desperfectos, unas veces fortuitos -como la devastadora riada de 1643, que se llevó las arcadas centrales de la obra (tal y como aparece en el cuadro de Velázquez y del Mazo Vista de Zaragoza)-, y otras, provocados, como la voladura del arco norte por los franceses al final de la Guerra de la Independencia. A comienzos del presente siglo se procedió a una desafortunada remodelación del puente que alteró sustancialmente su esencia al tiempo que demostraba su inutilidad. Actualmente, el Puente de Piedra ha sido restaurado por parte del Ayuntamiento zaragozano.

Nuestra Señora del Pilar

Centro de devoción mariana desde hace siglos, la multitudinaria atracción popular hacia la Virgen del Pilar ha hecho de esta basílica el templo de mayor interés para los visitantes, muchos de los cuales ignoran, sin embargo, el valor artístico objetivo del edificio que es, por otro lado, menor que el de algunos otros monumentos locales.
La actual basílica, con sus tres naves de la misma altura y capillas laterales, es de finales del siglo XVII y se levanta sobre los restos de la antigua fábrica gótico-mudéjar que un incendio destruyó casi por completo en el siglo XV. Sin embargo, la basílica de Santa María existía ya cuando, en el año 1118, Alfonso I el Batallador reconquistó la ciudad para los cristianos y los restos encontrados bajo la actual Santa Capilla, atribuibles a una primitiva iglesia cristiana, indican que la antigüedad objetiva del templo es aún mayor. De la época del románico la basílica conserva un tímpano en la fachada que da a la plaza principal, mientras que de su fábrica posterior se salvaron tres elementos de notabulísimo valor: el retablo del altar mayor (situado tras la Santa Caoilla), obra gótico-mudéjar realizada por Damián Formente, en alabastro, entre los años 1509-1518; la silleria del coro, de triple graderio, de estilo renacentista, realizada en 1544 y, finalmente, el pie del órgano. El centro que polariza la atención de los visitantes es, sin embargo, la Santa Capilla, de planta elíptica con bóveda calada, realizada por Ventura Rodríguez en el año 1754. En ella, a la derecha del interesante altar, se venera la imagen de la Virgen del Pilar, tras la cual se abre a la devoción popular la Santa Columna. En su entorno, a considerable altura sobre el suelo y, por ello, de difícil percepción, se hallan los frescos pintados por Goya en dos de las cúpulas del templo: la bóveda del coreto -frente a la Santa Capilla-, en la que el pintor aragonés desarrolló el tema de la Adoración del nombre de Dios; y la bóveda situada frente a la capilla de San Joaquín, realizada en torno al tema de la Reina de los Mártires, así como las cuatro pechinas. Las restantes bóvedas del entorno de la Santa Capilla fueron pintadas por Francisco y Ramón Bayeu, cuñados de Goya. Finalmente, el tesoro catedralicio está repartido entre la sacristía mayor y la sacristía de la Virgen. En esta última se custodia el valiosísimo joyero con riquísimas y numerosas piezas de dudoso valor artístico -no así económico-, salvo algunas excepciones. En la primera hay notables piezas de orfebrería y algunas pinturas sobre tabla, destacando dos trípticos de corte flamenco, del siglo XVI.

Otros monumentos y lugares de interés

Aunque son muchos los lugares a visitar en Zaragoza, la obligada brevedad de esta guía aconseja una rápida sinopsis. Edificios mudéjares: Iglesia de San Pablo (C/ San Pablo).
Iglesia de la Magdalena (Plaza de la Magdalena).
San miguel de los Navarros (Plaza San Miguel).
Iglesia de San Gil (C/ Don Jaime I).

Edificios renacentistas: Fachada de la iglesia de Santa Engracia o de las Santas Masas (Plaza de Santa Engracia).
Palacios del renacimiento aragonés: Palacio de los Condes de Morata o de la Audiencia (C/ Coso).
Palacio de los Pardo (C/ Espoz y Mina), actualmente sede del Museo Camón Aznar.
Casa de los Morlanes (c/ San Jorge).
Casa de la Maestranza (c/ Dormer).
Patio de la Infanta (actualmente, reconstruído en la sede de la Caja de Ahorros de Zaragoza, Aragón y Rioja, en la Plaza de Paraiso).

Edificios barrocos y neoclásicos: Iglesia de San Carlos (C/ San Jorge).
Iglesia de la mantería (Plaza de San Roque).
Iglesia de San Ildefonso.
Iglesia de San Felipe (Plaza de San Felipe).
Iglesia de la Santa Cruz (C/ Espoz y Mina).
San Fernando de Torrero.

La huella de Goya

Además de las obras que se conservan en el Museo Provincial (Plaza de los Sitios), lugar de obligada visita y de las ya aludidas pinturas en la iglesia de Remolinos y en la basílica del Pilar, el viajero interesado en la obra del genial pintor aragonés puede visitar dos lugares próximos a Zaragoza: Muel, en la carretera de Valencia y en cuya iglesia se conservan las pechinas pintadas por Goya y que reproducen los temas vistos en Remolinos; y la Cartuja de Aula Dei, en las proximidades de Montañana junto al Gállego. Allí Goya pintó, entre 1772 y 1774, una serie de murales de los que se conservan los dedicados a San Joaquín y a la vida de la Virgen. (Nota: debe saber el viajero que la visita está prohibida a las mujeres por los cartujos que la regentan).

También puedes realizar la navegación del Ebro en de Novillas a Utebo, el Bajo Aragón y desde el Monasterio de Rueda hasta Fayón.

Extraido del libro: Guía para viajar por el Ebro.
© José Manuel Marcuello Calvin



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Alrededores de la Ciudad de Huesca

PASEOS DE HUESCA.- La frondosidad y belleza de la tierra oscense, con sus huertas feraces envolviendo la ciudad, la anchura y majestad de sus horizontes y el bello perfil de las sierras cercanas dan plácido encanto a los alrededores y paseos que Huesca posee. En primer lugar, todas sus carreteras son bellas pistas, bajo las frondas de corpulentos árboles frecuentadas con verdaderas alamedas urbanas; las márgenes del río Isuela, con sus sotos y remansos y las frondas de la vega, proporcionan rincones de belleza y de paz. Circundado la ciudad por su lado Norte desde el puente de «las Miguelas» a la carretera de Barbastro, se encuentra el Paseo de Lucas Mallada: en su iniciación en el arranque de la carretera de Arguis, en plácida plazoleta, se levanta el monumento titular, el sabio geólogo, hijo ilustre de la ciudad, monumento sencillo pero simbólico, obra del artista oscense Ramón Acín. El paseo bordea el Isuela, dejando el viejo casco de la ciudad en la otra orilla con los restos desgastados de la muralla. Entre «torres» y casas de hortelanos, la frondosa alameda deja a la izquierda el «Pueyo de D. Sancho», lugar tenido falsamente por el sitio en que el rey sitiador de Huesca recibió el saetazo que le ocasionó la muerte; deja los altozanos de los Mártires, y el gran y moderno hospital provincial con varios pabellones, para enlazar con la carretera de Barbastro y penetrar en la ciudad por Santo Domingo.

Otra hermosa alameda es el Paseo de la Estación, perfectamente urbanizado y convertido en jardín.

Desde la estación ferroviaria hacia el S (carretera de Grañén) se ha transformado es hermosa alameda llena de flores paralela a la calzada para terminar frente al cuartel «del Batallador» en los viveros municipales. Pero la más acertada reforma moderna de la ciudad, la constituye su Parque moderno (de Miguel Servet), uno de los más bellos jardines urbanos de España, con notable variedad de arbolado y flores, avenidas de sauces, rosaledas, parterres, estanques, sotos y pinares y dando frente a la bella barriada de «chalets», arranque acertadísimo del ensanche moderno de la ciudad. (Avenida del General Franco). No lejos de él (por la carretera de Zaragoza) se encuentra el llamado «Parque de Deportes», con piscinas, tennis, pista, frontón, etc., y cerca el campo de futbol de Villa Isabel. Pero dejando estos paseos, propiamente urbanos de la ciudad, los puntos más interesantes de los alrededores de Huesca por su interés histórico y artístico y por la belleza de los lugares, lo constituyen el cinturón de ermitas cercanas:

ERMITA DE SAN JORGE

. - Saliendo de la ciudad por la carretera de Zaragoza, después de cruzar el paso a nivel de la vía de Ayerbe (y Canfranc), a la derecha, sobre un empinado cerro cubierto de frondosa pinarada.

HISTORIA. - Ermita dedicada al santo Patrón de Aragón, en gratitud a su milagrera intervención en la famosa batalla de Alcoraz, en la que las huestes de Pedro I, sitiadoras de la ciudad de Huesca durante mas de 20 meses, tuvieron que salir al encuentro de las fuerzas enviadas por el reyezuelo de la taifa de Zaragoza que venía en ayuda de los sitiados con huestes de algunos condes castellanos. La sangrienta batalla terminó con el triunfo del aragonés y la leyenda cuenta que se debió en gran parte a la intervención de un caballero de resplandeciente armadura que impuso el terror de su espada entre las filas islámicas y que tras el triunfo que llevaba consigo la rendición de la ciudad, desapareció, y un acompañante dio cuenta de ser San Jorge; desde entonces se le tuvo como Patrón del reino y el mismo escudo lo formó en adelante las cuatro cabezas de jefes moros que cortara su espada milagrosa (véase: Historia de Huesca, Alcoraz).

Dedicado a este recuerdo se levantó la ermita. Todo el campo que rodea el cerro se llama «del Alcoraz», pero la ermita primitiva estuvo en distinto lugar, en el llano mas alejado de la ciudad que se llama Cuarte.

EXTERIOR: Debe ser visitada por el espléndido panorama que desde la ermita se contempla, con la ciudad de Huesca al frente, teniendo a sus pies el parque y el caserío moderno y escalonado en gradería casco antiguo hasta terminar en los viejos monumentos de la ciudad con la torrecilla del Instituto, las torres del Ayuntamiento y del Colegio de Santiago y la mole catedralicia, todo entre las feraces huertas del Isuela y teniendo por fondo, en primer término, las terrazas aluviales de la hoya, dominadas por las románticas ruinas de Montearagón, y en la lejanía los pichados de la sierra desde el pico de Guara, el famosos «Salto de Roldán» y el pico de Gratal, hasta perderse al occidente por las sierras de Loarre. Lugar muy ameno de paseo y frecuentadísimo en la romería del día de San Jorge (23 Abril)

IGLESIA. - De tres naves, en su parte exterior con arbotantes y pequeño campanario. Un pequeño atrio del S. XVIII, da paso al interior. Este es muy interesante por parecer pequeño ejemplo de la Catedral de Barbastro (gótico florido) con sus haces de columnas y sus cupulillas de crucería con florones y claves de buen gusto. Fue obra por 1555 de un maestro Domingo Almanzor, como reza la larga inscripción que corre por la cornisa del arquitrabe y que recuerda también la aparición milagrosa en lo más duro del combate. El retablo es obra mediana de la épica (estilo plateresco) de Juan Miguel de Urliens (por 1595) con policromía de Nicolás Jalón en 1603.

ERMITA DE Nº Sº DE SALAS. - Al sur de la ciudad: desde el Coso, descendiendo por la calle del Padre Huesca se llega a la plaza de D.ª Sancha, que recuerda a la hija de Alfonso VII el Emperador (de Castilla y León) que casó con el rey aragonés Alfonso II (hijo de D.ª Petronila y Ramón Berenguer IV) y por tanto el primer soberano común de Aragón y Cataluña. Dª Sancha que gran parte de su vida vivió en Huesca, reedificó el cercano Santuario de Salas, y en su vejez se retiró al Real Monasterio de Sigena, donde en olor de Santidad, murió en 1208, monasterio que había fundado y donde fue sepultada.

El fondo de la plaza lo ocupa el amplio caserón de Santa Clara, viejo convento de Clarisas o franciscanas.

Fue fundación, en 1262, de la reina D.ª Constanza, esposa del Rey Pedro III, y madre de tres reyes y dos reinas, entre ellas la gloriosa aragonesa santa Isabel de Portugal. Con las leyes desamortizadas de la época liberal, fue arruinado el edificio, y comprado al Estado por la Duquesa de Villahermosa, que volvió a cederlo a la comunidad de Clarisas.

Su templo no responde a la gloria de su pasado: es pobre, es de una sola nave y el interior con arcos fajones y cúpula en el presbiterio, plana con ornamentación geométrica; sin duda reformado todo en sucesivas restauraciones. Todos los retablos son del barroco amanerado: mayor, con lienzo de la muerte de María e imágenes de santos franciscanos. Los tres Laterales del mismo gusto (San Francisco, Ecce Homo y San Pascual Bailón).

En el interior del convento se guarda una interesante imagen gótica de la Virgen (s XVI), con curioso pedestal recubierto de cobre con dibujos.

Al salir de la ciudad por la carretera de Sariñena, se toma a la derecha un camino entre huertas regadas por las acequias del Isuela y a un kilómetro se encuentra el famoso santuario de la Virgen de Salas, uno de los más antiguos y de mayor veneración del antiguo reino de Aragón.

LEYENDA. - La tiene como todos los santuarios marinos de España; es fama que en este lugar de la vega de Huesca, hubo desde tiempos primitivos una ermita dedicada a Nª Sª de la Huerta. Según la leyenda en un incendio en la parroquia del pueblo de Salas Altas, la imagen milagrosa titular salió entre las llamas, viniéndose a postrar a este santuario oscense desde las márgenes del Vero en tierra de Barbastro, colocándose a la vera de la Virgen de la Huerta. Mediaron largos litigios entre el pueblo de procedencia y el ob. De Huesca, así como entre este y el prior de San Pedro el viejo, por creer estar comprendido el santuario dentro de heredades del famoso monasterio: al fin todo quedó dependiente de la mitra oscense.

HISTORIA. - Debió existir un antiguo santuario, pues en los últimos años del S. XII, la reina de Aragón Dª Sancha, mujer de Alfonso II, reedificaba la iglesia románica, ancha y majestuosa de tres naves, de la que solo resta la portada. Ya desde entonces aparece el nombre de Salas en las crónicas y en multitud de documentos demostrándose la veneración que se sentía en todo Aragón; las donaciones y privilegios de Pedro II, de Don Jaime y de la reina Doña Leonor, son testimonio de ello hasta llegar a Pedro IV que la declaró protectora y defensora de todos sus reinos peninsulares y mediterráneos, y quizá a esa predilección a la ciudad de Huesca la llevase a crear la Universidad Sertoriana. A pesar de lo cual en situación apurada tuvo que incautarse del tesoro del famoso santuario, pero una vez eliminado el peligro lo donó en compensación un retablo de plata (véase archivo de la Catedral. Así mismo algunos pontífices (Inocencio III, Inocencio IV, Nicolás III y clemente IX) concedieron gran número de indulgencias y los obispos oscenses también rivalizaron en la devoción a la virgen de Salas, tales como D. Juan de Aragón y de Navarra que reedificó la iglesia y levantó una hospedería para peregrinos (principio s. XVI) que terminó su sucesor Martín de Gurrea, algunos de cuyos mudéjares restan todavía. El Obispo Padilla (1730) levantó la iglesia actual. Finalmente muestra de la gran devoción de los reyes y de la popularidad en todo el ámbito peninsular del santuario de la Virgen de Salas, lo muestra las famosas Cantigas del Rey Sabio Alfonso X de Castilla y León. Que en 17 de ellas narra hechos portentosos de la Virgen milagrosa.

PORTADA. - Toda la fachada occidental es magnífico conjunto del románico Santuario, levantando por la reina Dª Sancha (por 1200). Formada la portada (interesante como tipo de románico-exuberante que anuncia la transición al gótico) por seis archivoltas semicirculares, cada una con adornos festeadas y dibujos geométricos y vegetales distintos, descansando sobre capiteles de flora tallada sin fustes de Columnas. Sobre ellas un mango rosetón con círculos adornados con puntas de diamante. El resto de la construcción es obra moderna (fines del s. XVIII) excepto la maciza torre románica, una curiosa ventana y una puerta cegada, que son restos de la edificación primitiva.

INTERIOR. - De una sola nave, espaciosa y crucero con bóveda esbelta con suntuoso gusto severo de su época (estilo neoclásico de fines del S. XVIII). Fue obra del arquitecto oscense José Sofí (véase: compañía. En el retablo mayor, la famosa imagen de la Virgen de Salas, grande escultura románica de primera mitad del Siglo XII, sentada llevando al Niño en la rodilla izquierda, bendiciendo y con el globo en la mano, toda ella dorada y policromada, con interesante pintura geométrica en el escabel. Es notable pieza y debió ser la imagen donada por la reina Dª Sancha. Junto a ella, la Virgen de la Huerta, de tamaño natural, de pie con el Niño; la cubre un manto de plata, de talla más rica (s. XIV).

ERMITA DE LOS MARTIRES.- Llamado así este lugar en recuerdo de las santas mártires mozárabes Nunila y Alodio, en lo alto de un cerro escarpado cubierto de esteparia vegetación; al otro lado del Río Isuela, cercano al llamado también «Pueyo de D. Sancho» por haber muerto allí el Rey Sancho Ramírez durante el sitio de la ciudad.

HISTORIA. - La Historia de estas dos santas nos las cuentan los éxitos de Eulogio y Alvaro, los santos mozárabes cordobeses de la España musulmana del s. IX: «bellezas rosas que florecen entre espinas» dice el primero respecto a ellas. Son figuras excelsas entre las que sufrieron el martirio bajo el gobierno de Abderramán II por 851. Hijas de matrimonio mixto, de musulmán y cristiana, tenían que seguir bajo pena de muerta la religión del padre. Nacidas en el cercano pueblo de Adahuesca, su madre las lleva en secreto al seno del cristianismo. Muerto el padre, disimularon cuanto pudieron su religión, pero llegó el momento en que tuvieron que comparecer ante el Cadí para aclarar sus creencias. Con firmeza confesaron su fe y a pesar de los suplicios no apostataron y al fin fueron decapitadas tras el cautiverio en las mazmorras de Alquézar. Sus cadáveres fueron expuestos en este alcor de Huesca para ser devorados por las aves de rapiña, pero ni los buitres se acercaron, mientras que, por el contrario, vagos resplandores iluminaban misteriosamente el lugar. El walí como mandó meterlas en un pozo cercano (véase calle del salvador página 75) donde los siglos más tarde fueron extraídas y llevados sus restos al monasterio de San Salvador de Leyre cuna y corte del primitivo reino pirenaico de Navarra y Aragón. Desde entonces entre los fieles de Huesca, fue venerado en este lugar, que algunos siglos después había de recoger el último suspiro de Sancho Ramírez al morir en su campamento mientras sitiaba la ciudad en 1095.
El Santuario. - Poco tiene de interés, salvo la evocación de estos dos hechos tan vinculados en la historia de Huesca. Sin embargo, en su retablo dedicado a las mártires, existe un bello Calvario con el crucificado, La Dolorosa, San Juan Evangelista, la Magdalena y Santa Catalina, de bella talla gótica por 1400. y algunos lienzos de escaso interés.
Cercano a la ermita un pequeño cementerio, recuerdo a los rebeldes republicanos fusilados en aquel lugar por su levantamiento de 1848.

En la hermosa vega del Isuela, aguas arriba de Huesca, yendo por la carretera de Arguis, en lugar amenísimo por sus hermosas huertas y alamedas y fuentes, y donde parece ser que en la alta Edad Media se extendía parte de la más vieja ciudad, se encuentran dos ermitas, la de Santa Lucía y la de Nuestra Señora de la Jara. Se llega a ella por la carretera dicha (en construcción los últimos tramos hasta la estación férrea de Sabiñánigo) y tras cruzar el puente de las Miguelas» (moderno en situación del antiguo romano, cuyos arranques de arco aún se conservan) y dejando a la izquierda las huertas y «torres» que ocupan el lugar del antiguo convento de capuchinos (en una de las «torres» se conserva el aljibe Conventual); a 1 kilómetro, entre frondas, se halla Santa Lucía, pequeña ermita, objeto de veneración de una antigua cofradía, de estilo románico de una sola nave y con una imagen interesante de la Virgen con el Niño, talla del s. XII. La de la Virgen de la jara, está más lejana, sobre un pequeño otero a cuyos pies brotan fuentes de agua cristalina a la sombra de grandes álamos, objeto también de devoción de una cofradía, antiguamente llamada de los «Ballesteros» que dedicaban su culto a San Juan Bautista y a los mártires Juan, Paulo y Santa Eulalia de la Jara. No ofrece más interés artístico, excepto la imagen de la titular, la Virgen, talla de fines del s. XIV.

NUESTRA SEÑORA DE CILLAS. - Saliendo de la ciudad por la carretera de Francia, al coronar la cuesta del borde de la Hoya, como a tres kilómetros de la ciudad, se encuentra el Santuario de la virgen de Cillas.
En lugar risueño de hermosas fuentes (de efectos milagrosos, según fama en la comarca), donde parece que hubo granja romana y que más tarde existió poblado que algunos cronistas llaman Ciellas y de entonces data el Santuario que tendría su origen en antigua iglesia parroquial como parece demostrarlo las primicias que gozaba, la pila bautismal y el Sagrario que se conservan. Cercana a ella, entre chopera agradable, se encuentra la «fuentesanta», donde se bañan los fieles el día de la víspera de San Juan en busca de curación de enfermedades, hoy higiénicamente instalado por obras recientes de la Cofradía. Esta fue fundada en tiempos del rey Juan I, el desventurado monarca que en los pocos años de su reinado buscó afanosamente su curación en las aguas milagrosas de Cillas. La cofradía tenía por costumbre el ir en procesión al famosos Santuario, todos descalzos, los últimos domingos de abril y octubre, pasando por la Catedral y por el arco pegado entonces al antiguo torreón del Alcázar, ahora Instituto. Hoy, la cofradía de cillas, tiene a su cargo el Santuario y el culto que en ella se celebra.
En este sitio tuvo lugar el encuentro en diciembre de 1930, de las tropas sublevadas en Jaca por los capitanes Galán y García Hernández, contra las que se mantuvieron fieles al Gobierno (guarnición de Huesca y columna de Zaragoza), que terminó con la desbandada de los rebeldes.
El edificio de tres naves, con vestíbulo, es obra del arquitecto oscense José Sofi, en 1774, del estilo neoclásico. Los retablos de la época carecen de valor, no así el primitivo (gótico del s. XV), conservando hoy en la cercana iglesia del pueblo de Chimillas y procedente de la derruida de San Martín de la capital. La titular (oculta por los mantos y joyas dentro de su camarín), es talla gótica del s. XIII, de mano ruda, pero expresiva.

NUESTRA SEÑORA DE LORETO (a 5 kilómetros). Saliendo de la ciudad por la carretera de Zaragoza, tras pasar ante el cementerio, a la izquierda, camino Vecinal de Cuarte, en cuyas proximidades se encuentra Loreto (hoy casa de labranza), junto a una gran laguna.

Historia. - Fue tradicionalmente considerado como el lugar donde los santos padres Orencio y Paciencia (padres de San Lorenzo mártir, y de San Orencio, ob. De Aux, poseían una quinta o casa de campo, donde nacieron y pasaron su infancia los famosos santos oscenses. Parece que desde la reconquista fue lugar ya venerado. Felipe II gran devoto del santo, pensó engrandecer aquel lugar y fundar un convento de agustinos calzados para lo que dedicó rentas donaciones en 1575. estando en las Cortes de Monzón mandó hacer un gran proyecto del futuro convento obra del arquitecto Jerónimo Segura Bocanegra, según diseño de J. Herrera, el famoso arquitecto de El Escorial, pero este proyecto no llegó a realizarse del todo y pasó más tarde al P. Malón de Chaide (el ilustre escritor místico). Más adelante el rey Prudente entregó a la casa los bienes confiscados a D. Martín de Lanuza, el último Justicia de Aragón, procesado por su defensa de las llamadas libertades aragonesas y por haber facilitado la fuga del exsecretario real Antonio Pérez. La Comunidad se trasladó a Loreto en 1583 y abandonó aquel lugar cuando al ser expulsados los Jesuitas ocuparon la «compañía».

Interior. - Toda la parte del convento esta hoy transformada en casa de labor. Conservase bien la iglesia (1594-1777) cuya fachada es de estilo neoclásico con frontón y pequeño campanario. El interior es de tres naves con gran cúpula en el crucero separadas por pilastras. Los retablos y pinturas murales, como propias de una época de mal gusto, son muy medianos. El gran altar mayor es barroco con imágenes de los santos y hornacinas con reliquias. Lo más interesante es el coro, en lo alto, con sillería de talla con medallones de ángeles de buen cincel (fines del s. XVIII).

CASTILLO- ABADIA DE MONTEARAGON. - En la carretera de Huesca a Monzón (y Lérida y Barcelona) a 6 kilómetros de la ciudad, al remontar los bordes de la hoya oscense («estrecho de Quinto»), tras cruzar el río Flumen, se toma a la izquierda el camino que conduce a las románticas ruinas del famoso Castillo- Monasterio de Montearagón.

Historia. - Enorme fortaleza levantada después de algaradas constantes por las huestes cristianas de Sancho Ramírez en las comarcas del Somontano como preludio a la toma de Huesca, la ciudad famosa que tanto añoraba y que representaba la llave de su reino y de las llanuras hacia el Ebro, que para Aragón era salir de la cuna pirenaica. Pensado en un apoyo necesario para el sitio y saqueo de la comarca (conforme el uso táctico de la época) el monarca aragonés en 1085 levantó este castillo- abadía de Montearagón, que había de ser un nuevo pilar en la cadena de grandes fortalezas que circundaban a Huesca (Alquézar, Loarre, Marcuello), siendo desde el principio centro de abastecimiento de sus huestes y a la par lugar de oración al Dios de los ejércitos. Dedicado a Jesús Nazareno y dado el carácter de fortaleza guerrera forma el mejor monumento a la constancia, valor y piedad del rey, verdadero paladín de la reconquista Aragonesa. Luego fundó un monasterio de canónigos- regulares de San Agustín, quizá trayendo algunos miembros del castillo- abadía de Loarre. Pronto el número de donaciones y privilegios fueron extraordinarios contándose hasta 96 las iglesias que sus derechos y rentas dependían el abad de Montearagón, que desde el fundador fueron aumentando hasta tiempos de Felipe III, con otros muchos privilegios concedidos por Bulas pontificias. Recuerdo de esta grandeza fue, como en siglos más tarde con parte de estas rentas desglosadas pudieron resucitarse los obispados de Barbastro y Jaca.

Y si en riqueza y esplendor fue ilustre la Real Casa de Montearagón, no lo fue menos en la serie de sus abades que ocupaban lugar preminente en las Cortes del Reino, poseían huestes propias y eran personas de las más allegadas al monarca. Abades de Montearagón fueron Berengario (hijo del I conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV). El infante D. Fernando (hijo de los reyes Alfonso II y Dª Sancha), el tercer hijo del rey Jaime, llamado por el gran número de dignidades que ostentaba «el patriarca D. Juan de Aragón»: también hijo bastardo del rey católico y otro infante. D. Alfonso, nieto de los Reyes Católicos. A estas glorias se unieron haber sido Montearagón lugar de reposo de los últimos reyes aragoneses de la dinastía navarra cuando fueron insensiblemente dejando la cuna y panteón del primitivo reino en San Juan de la Peña para venir a enterrarse en este famoso monasterio oscense. Así Sancho Ramírez, aunque más adelante fue llevado al monasterio pinatense. Así Alfonso el Batallador, donde durante siglos estuvo enterrado en este cenobio en sepulcro sostenido por seis columnas. Hoy desgraciadamente de todas estas grandezas históricas y artísticas no resta más que un montón de ruinas: las leyes desamortizadoras dejaron abandonados sus claustros, convirtiendo aquellos lugares santos en guaridas de maleantes. Pocos años después un voraz incendio acabó de consumir el abandono de los hombres. Al fin, tras casi un siglo de olvidos los restos gloriosos del rey Batallador fueron llevados a San Pedro el Viejo, algunos restos arqueológicos al museo provincial y el magnífico retablo de su iglesia (la dedicada obra de Gil Morlanes), se salvó pasando a la parroquia de la catedral.
Las ruinas. - Dignas aún de visitarse por el turista amante de la evocación histórica. Hoy forman una ingente mole de torreones medio desmoronados, murallas carcomidas, claustros derruidos y restos de una iglesia churrigueresca, en la que aún se conservan algunas lápidas abaciales. Lo más interesante sobre los fuertes muros es una curiosa puerta de tipo románico de principios del s. XII. La muralla es de sillería guarnecida con torres y dentro del recinto la gran torre del homenaje de planta cuadrada, con saeteras a sus lados, sirvió de campanario, aunque desmochada. La defensa de la fortaleza era con doble muralla una exterior, a modo de barbacana, y otra, la subsistente, entre las que se encontraba el paso de ronda. De la iglesia primitiva tan solo se conserva la cripta y parte de los muros que en el siglo XV fueron rehechos y adornados.- dice Quadrado- las generaciones venideras no se podrán imaginar que aquella fue una de las gloriosas casas de oración de España, levantada como de paso, durante los meses heroicos del sitio de una ciudad.


Tal día como hoy 29 de septiembre

1509 Nace Miguel Servet en Villanueva de Sijena (Huesca).



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