El Ebro Aragones: Las Tierras del Bajo Aragón.<br /> De Zaragoza a Escatrón. Aragon 
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El Ebro Aragones: Las Tierras del Bajo Aragón.
De Zaragoza a Escatrón. Aragón.




A partir de Zaragoza, el ebro va a ir acusando progresivamente la aridez que caracteriza a lo que fue la zona más oriental del antiquísimo mar interior de agua salada. Los afluentes se hacen más débiles y escasos, el clima se va haciendo paulatinamente mediterráneo y los suelos, en última instancia, más resecos e improductivos.
Podra observar el viajero cómo, a medida que avanza hacia el Bajo Aragón, la fertilidad del suelo queda prácticamente relegada a las cada vez más estrechas riberas del Ebro y a las menguadas vegas de sus afluentes por la derecha. Decimos por la derecha porque por la izquierda del Ebro no recibe ni un sólo río afluente hasta Mequinenza, donde avenan las aguas conjuntadas del Cinca y el Segre. Y entre el Gállego y el Cinca/Segre, el dilatado desierto de los Monegros, con su escasísima pluviometría anual, sus numerosas lagunillas saladas y sus casi constantes afloraciones de yesos y calizas.
Los últimos afluentes ibéricos de la margen derecha, aunque relativamente frecuentes, son de muy escaso caudal (Aguas Vivas, Martín, Guadalope y Matarraña) y sus vegas, excepción hecha acaso del Guadalope, de menguado y trabajoso cultivo. Ello no obstó, sin embargo, para que los pueblos prerromanos -sobre todo, los iberos- se sintieran fuertemente atraídos por esta zona, ni para que los romanos se dedicaran aquí, como en las Cinco Villas, al cultivo de grandes extensiones cerealistas.
Aunque el itinerario hasta los alrededores de Mequinenza puede cubrirse por ambas márgenes del Ebro, el camino recomendado es el que discurre por la derecha, tanto por correr más próximo al río como por estar jalonado de lugares de mayor interés. Para emprender esta ruta, el viajero debe tomar desde Zaragoza la nacional 232 con destino a Alcañiz y Castellón, conocida por los zaragozanos como carretera del Bajo Aragón. Es esta una carretera fácil y bonita, que cruza por pueblos de profunda tradición agrícola -son famosas entre los gastrónomos las cebollas de Fuentes de Ebro- y no muy lejos de lugares que alcanzaron merecido renombre histórico durante la Guerra Civil española, com Belchite.
El Burgo, Fuentes y Quinto ofrecen hoy a los arqueólogos la evidencia de la comentada preferencia de los pueblos prerromanos y, sobre todo, de los romanos, por estas tierras ribereñas del Ebro. También los árabes, mudéjares y moriscos cultivaron con esmero las huertas de ribera y dejaron su huella en el arte mudéjar de la zona, muy castigado durante la Guerra Civil española al ser esta la línea de fuego del trágico frente del Ebro.
A 42 kilometros de Zaragoza se halla Quinto de Ebro, donde la carretera nacional se separa notablemente del río y deberá tomarse la carretera local que corre junto al curso fluvial. No obstante, antes de acometer esta ruta, el viajero debe plantearse la oportunidad de continuar por la carretera nacional hasta la siguiente localidad, Azaila, para visitar el magnífico poblado prerromano-romano del Cabezo de Alcalá.
Al lugar se accede por la carretera que parte, a mano derecha, a la salida de la localidad (esta señalizado). A escasa distancia de la población, también a mano derecha, se yergue el cabezo o altozano donde se halla el yacimiento, hoy excavado en su práctica totalidad. Se trata, en realidad, de tres ciudades distintas en función de las épocas y las culturas diferentes de las que sus piedras fueron testigos. La vida de la ciudad abarca desde la Edad de Hierro (siglo XII antes de Cristo), con un tramo intermedio en el que el enclave fue un importantísimo baluarte estratégico y cultural del pueblo ibero.
Los análisis arqueológicos permiten concluir que los primeros pobladores del cabezo eran de origen indoeuropeo, con hábitos agrícolas y pastoriles y con el dominio de la técnica del hierro, aunque no de la cerámica de torno. El primitivo poblado no es bien conocido, aunque se supone giraría en torno a la disposición de las viviendas alrededor de una única calle central. Este poblado primitivo fue violentamente destruído en el transcurso de la segunda guerra púnica, hacia el año 218 a.C. No debió de tardar en reanudarse la vida, sin embargo, en el poblado a juzgar por los materiales arqueológicos encontrados, que demuestran una rápida restauración y mejora, con fortificación, de la ciudad por parte de un pueblo que presenta todas las características específicas de la cultura ibera. De esta época son los mejores y más interesantes materiales cerámicos que se conservan en el Museo de Zaragoza y que denotan el magnífico esplendor económico y cultural de la ciudad, que acuñó moneda de plata y bronce. En la última fase de vida de esta segunda ciudad se encuentran ya huellas de una progresiva romanización y que se interrumpen bruscamente con una nueva destrucción del poblado en el transcurso de las guerras entre Pompeyo y Sertorio (entre el 76 y el 72 antes de Cristo). Por último, la tercera ciudad fue de nuevo reedificada y notablemente fortificada, remodelándose el trazado de las calles tal y como hoy aparecen. Fue el momento álgido del asentamiento, desde el punto de vista económico, y los arqueólogos han podido determinar para esta época una rica vida social, industrial y artesanal. La gran cisterna, el monumental túmulo funerario, las dependencias públicas y, sobre todo, la pulcra urbanización del poblado -con calles jalonadas por amplias aceras- denotan la profunda romanización de la ciudad, que fue de nuevo y definitivamente arrasada tras la célebre batalla de Lérida, entre César y las tropas de Pompeyo, librada en el 49 antes de Cristo.
Concluida la visita al Cabezo de Alcalá, es preciso retornar de nuevo hasta Quinto para, sin llegar a la población, tomar la carretera local que parte, a mano derecha, en dirección a Gelsa y La Zaida. En esta ruta, el viajero debe estar atento, porque a unos dos kilómetros de marcha se halla el puente que, cruzando sobre el Ebro, conduce hasta Gelsa, distante otros 2 kilómetros del desvío. Una vez en Gelsa, se debe acometer el desvío que, a mano derecha, conduce, tras unos 5 kilómetros de ruta, hasta Velilla de Ebro.
En Velilla, en la parte dominante de la población, se hallan las ruinas -o si se prefiere, el yacimiento arqueológico- de la que fue, hasta la fundación de Zaragoza, la más importante colonia romana del Valle medio del Ebro: Iulia Victrix Lepida, fundada sobre la población íbera de Celse o Celsa (y de ahí el nombre de la próxima localidad actual de Gelsa).
Celse, fue un importante enclave íbero enmarcado en el amplio territorio de los ilergetes. Estrabón señala la existencia de un sólido puente de piedra sobre el Ebro, que los arqueólogos no han podido aún certificar, y debió constituir un importante puerto fluvial para los navegantes por el Ebro. Asimismo, debió de ser un notable nudo de comunicaciones terrestres, toda vez que allí confluía la calzada que unía Ilerda (Lérida) con el Valle del Ebro. Dados estos indudables atractivos del anclave, el triunviro Lepido fundó allí una importante colonia en el momento de romanización, en sentido ascendente, de las tierras del Ebro. Cuando Lépido cae en desgracia, la colonia pasa a ser denominada Colonia Iulia Victrix Celsa, languideciendo su antiguo esplendor vertiginosamente en favor de la recién fundada colonia Caesaraugusta (Zaragoza), en la segunda década antes de Cristo. Aun en fase parcial de excavación, el poblado ha mostrado a la luz importantes mosaicos romanos y algunos materiales cerámicos y muebles, que se hallan actualmente en fase de interpretación.
A la hora de reemprender la marcha siguiendo el curso del Ebro, el viajero debe armarse, a partir de aquí, de una cierta dosis de paciencia al tiempo que afina notablemente su sentido de la orientación. Hasta Caspe, la carretera no es precisamente ni fácil ni buena, si bien el atractivo del paisaje compensa con creces los inconvenientes del periplo. Aquí el Ebro inicia el curso más divagante de todo su recorrido al tiempo que el cauce comienza a encajonarse progresivamente en los materiales blandos de lo que fue un día el fondo del mar interior. El paisaje se hace notablemente contradictorio, con estrechas y feraces riberas jalonando las aguas del río mientras, unos metros más allá, por ambas orillas, el desierto monegrino enmarca, como queriendo asfisiarlo, el paso del Ebro. Es este, sin duda, un paisaje duro y exótico en el que cristaliza la paradójica grandeza del paso silencioso y casi estéril del río más caudaloso de España por la bisectriz de uno de los más desoladora de sus desiertos.
Y decimos casi y no totalmente estéril porque el sabio y paciente esfuerzo de los ribereños de la zona -herederos, a ciencia cierta, del tesón agrícola de árabes y moriscos- ha conseguido mantener viva la feraz huerta ribereña aun después de dejarse perder el ingente beneficio del increíble ingenio hidráulico de las norias o ruedas de Cinco Olivas o del Monasterio de Rueda. Cinco Olivas -que aún conserva en el Ebro el magnífico azud de derivación hacia la desaparecida noria-, Alborge y Alforque (de indudables resonancias árabes los dos últimos), adheridas a los amplios meandros que aquí comienza a dibujar el Ebro, son poblaciones eminentemente agrícolas en las que perviven los hábitos productivos de los moriscos.
De Velilla de Ebro, la carretera conduce directamente hacia Sástago, un enclave medieval que en su día fue señorío de don Blasco de Alagón en permuta obligada por Morella, villa que él había reconquistado personalmente. En el siglo XVI, la población pasó bajo el dominio de los Condes de Sástago, una de las siete Casas de Aragón. Durante la dominación árabe, Sástago fue un importante centro de fabricación de vidrio y, hasta épocas recientes, mantuvo viva la producción tradicional de cuchillos y navajas cuyas cachas eran fabricadas con el nácar extraido de los numerosos moluscos del Ebro. Asimismo, la localidad era conocida en todo el territorio circundante por la excelente factura del típico sombrero aragonés -hoy relegado a los valles altoaragoneses de Ansó y Echo- conocido también por el sobrenombre de gorro de medio queso.
Próxima a sástago se halla la localidad de Escatrón, otro importantísimo enclave medieval cuya vida social y económica se muestra profundamente alterada por la central termoelectrica instalada en la década de los 50 y que se abastece de los lignitos turolenses para la combustión y de las aguas del Ebro para su refrigeración. El poblado medieval ha quedado relegado a un segundo plano desde la construcción del nuevo poblado, elevado sobre el cauce del Ebro. Sin embargo, la vida económica y la historia del primitivo Scatro conoció una vida esplendorosa a lo largo de casi siete siglos, tiempo en el que la localidad ejerció el señorio sobre el influyente Monasterio de Rueda, situado frente a la localidad al otro lado del Ebro.
También puedes realizar la navegación del Ebro en de Novillas a Utebo y por Zaragoza capital del valle del Ebro o desde el Monasterio de Rueda hasta Fayón.

Extraido del libro: Guía para viajar por el Ebro.
© José Manuel Marcuello Calvin



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La variedad de la fauna silvestre es distinta en cada paisaje.

Todo el mundo está en las fotografías de Jesús Antoñanza.

La información no estará completa sin un paseo por sus tres provincias: Zaragoza , Teruel y Huesca y sus variadas Comarcas, con parada en alguno de sus espectaculares paisajes como el valle pirenaico de Ordesa o el Moncayo o por oposición en el valle el Ebro .

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Algunas excursiones desde la Ciudad de Huesca

1ª Excursión: A ALQUEZAR

Excursión obligada a todo turista amante de lo pintoresco del arte de la Historia: Alquezar ha sido llamado << el pequeño Toledo aragonés>>. Se sale por la carretera de Barbastro, pasando por Siétamo donde se conserva el caserón o palacio de los Condes de Aranda. La hermosa iglesia es obra de Martín de Zabala en 1572. el recorrido es muy pintoresco por las onduladas tierras del Somontano (encinares, olivares y tierras de sembradura). Después de cruzar las hoces del Río Alcanadre de aguas muy trasparentes, se desvía en el kilómetro 31 (a la izquierda) y por Abiego, Adahuesca y Radiquero con carretera vecinal peligrosa, se llega a Alquézar.

ALQUEZAR. - Parece de remota antigüedad y formidable fortaleza sobre el promontorio de roca caliza que se levanta entre hoces profundas por donde corre el Vero. El nombre romano fue de Castrum Vigetum pero bajo los musulmanes adquiere su importancia como punto estratégico (a la salida de la sierra) del reino de Sobrarbe unido al de Aragón fue poderoso alcázar, de la <<frontera Superior>> de los árabes contra los cristianos pirenaicos. En el s. XI ante el empuje aragonés, Alquezár, como las otras fortalezas de la sierra cayó en poder de Sancho Ramírez. Hacia 1070 la repobló y probablemente fue entonces cuando el <<burgo>> se extendió fuera del recinto amurallado.

El pueblo. - Montañero y de trazado y caserío medioeval. Cruz de término e iglesia de San Miguel en las afueras; calles tortuosas, pasadizos estrechos, casas típicas con sus aleros, portadas y escudos, culminando su tipicidad y carácter en la graciosa plaza son soportables ojivales.

Colegiata- Castillo. - Sobre cerro rocoso, como <<península>> entre hondos abismos. Gran recinto de muralla con torreones y la gran torre vigía. De caracteres arquitectónicos árabes, con puertas de arco de herradura y ventanas ajimezadas. El cuerpo principal de la fortaleza fue transformado en Monasterio por el Rey conquistador. La iglesia se consagró en 1099. presenta pórtico y claustro: este pequeño y de planta irregular, es un acabado y encantador conjunto de claustros románicos españoles, con capiteles de la escuela de los de San Pedro el viejo y San Juan de la Peña (s. XII). en los muros, pinturas del s. XV. Algunas capillas, como la de San Antonio con portadita gótica, la de San Fabián del renacimiento.

Iglesia. - Puertas de gusto gótico- Florida. Iglesia de una sola nave, de transición del gótico al renacimiento, obra del arquitecto Juan Segura en 1525-1532. el retablo mayor, posterior, buen conjunto de influencia Escuarilense. Lo más interesante es la Capilla del Cristo, con magnífica imagen gótica del Crucificado (principios del s. XIII) y bueno lienzos laterales (del siglo XVII). Son también dignos de mención, en un retablo cercano, dos buenas y vecinas pinturas de S. Pedro y S. Pablo. En la Sacristía (admírese el panorama) una Sagrada Familia de la escuela de Murillo. Un Resucitado de la escuela de A. Cano y dos interesantísimos retablos góticos del s. XIV y del XY y finalmente una Magdalena de escuela veneciana y un retrato de San Felipe Neri. Abundan también las buenas obras de orfebrería y de bordados y un muy interesante Archivo. No se descienda sin subir a lo más alto del cerro y de la Colegiata y contemplar los grandiosos panoramas con las anchas perspectivas de las pintorescas tierras altoargonesas, con las hondas gargantas del Río Vero al salir de los montes.

2.ª Excursión: A BARLUENGA, LIESA Y S. MIGUEL DE FOCES

Salida de Huesca por la carretera de Barbastro. Al coronar las alturas del estrecho de Quinto (Montearagón), merece la pena la desviación a la izquierda para admirar las pinturas románicas de Barluenga. La carretera pasa por Loporzano y en dirección a la sierra cruza los pequeños pueblos del <<Abadiado>> (de Montearagón). A 10 kilómetros del empalme el pequeño pueblo de Barluenga. Visítese la ermita del inmediato cementerio.

Ermita de Barluenga. - Dedicada a San Miguel, de estilo románico. El conjunto del presbiterio es uno de los mejores exponentes de pinturas románicas de principios del s XIII; en el arco: los apóstoles ángeles y el Redentor. Frente a la puerta ángeles llevando dos almas; en el intradós, mano del Eterno bendiciendo y ángeles; debajo reyes diáconos y otros personajes en compartimientos; en los muros laterales del lado de la Epñistola, escenas de la leyenda dorado de San Miguel. Enfrente el monograma de Cristo <<pantocrator>> y otras escenas y figuras complementarias. Es el más rico conjunto de pinturas románicas, bien conservando de Aragón.

Volviendo al empalme de carreteras, en el kilómetro 16 de la general, se desvía a la que conduce a Liesa. Cercana al pueblo la ermita de Nuestra Señora del Monte. Fue pequeña hospedería de los Caballeros Sanjuanistas de Foces. Toda la pequeña nave de la ermita está cubierta de pinturas románicas de principios del s XIII, dignas compañeras de Baluenga: Lado de la Epístola, vida de Santa Catalina; lado del evangelio, vida de San Vicente. El retablo (Tablas del pintor Esteban Solórzano 1537) los Santos Lorenzo, Vicente, Quiteria, Catalina, Lucía y Águeda. Talla gótica de la Virgen (s. XIII). Siguiendo la carrtera se llega al pueblo de Ibieca (pídanse las llaves) y a un kilómetro, el famoso templo de

SAN MIGUEL DE FOCES. - En lugar pintoresco de encinares y labrantíos. Fundación del obispo de Huesca, Domingo Sola en 1259. tan solo queda el templo (muy bello por el color de la piedra) del famoso Castillo- Monasterio de los caballeros Sanjuanistas. Planta de cruz latina de transición del románico al gótico. Bella portada de cuatro arcos y dibujos geométricos en los capiteles, pero desprovistos de columnas. El ábside es octogonal y las ventanas ojivales. El interior, aunque deterioradas por las capas de cal que ha sufrido, las restauraciones modernas permiten gozar un hermoso conjunto de pinturas góticas murales. La bóveda y el crucero es elevada y elegante descansando sobre arcos. El retablo mayor- posterior- es de mal gusto (s. XVIII). Lo importante del monumento son las pinturas murales y los sepulcros empotrados en los muros del crucero sobre zócalos con columnas: el uno de D. Eximio de Foces, uno de los fundadores y su hijo, los otros corresponderán a los priores de la Orden de San Juan. El conjunto de las pinturas pueda resumirse en la fecha 1302 y como importante muestra de pintura pregótica de influencia francesa.

3ª EXCURISIÓN: AL CASTILLO DE LOARRE (BOLEA Y AYERBE)

Se sale de la capital por la carretera de Jaca (y Francia) y en el kilómetro 82 se toma a la derecha la que va a Bolea y Loarre. El primer pueblo es digno de visita. Posee en lo alto, dominando la tierra, una hermosa iglesia antes Colegiata) de tres naves con crucero, obra del arquitecto Baltasar Barazabal en 1535. la obra del capital es el gran retablo del altar Mayor, el mejor exponente del gran pintor de Cámara del Rey Católico, Pedro de Apinte, forma un magno conjunto arquitectónico de 18 tablas.

El retablo de San Sebastian, con 5 escenas y 7 tablas parece tambiñen de su mano o al menos de su taller. La capilla de Santiago guarda na buena reja yy un retablo de interés.

Siguiendo la carretera, pintoresca y ondulada, se llega al pueblo de Loarre y despues al famoso Castillo.

CASTILLO-ABADÍA DE LOARRE. - Fue la Calugarris de los romanos, y sin duda ciudad de importancia en aquella época. Acompañó a Huesca en la ayuda a Julio César las vísperas de la batalla de Ilerda. En la épica musulmana sin duda fue uno de los más fuertes castillos contra los núcleos cristianos del Pirineo, juntamente con los de Alquezár y Marcuello. Conquistado por Sancho Ramírez, alejado el peligro musulmán, paso a ser una Abadía de clérigos regulares de San Agustín, aunque no perdió nunca su carácter de fortaleza y de palacio, desempeñando también un papel importante en las luchas políticas de la Corona y la nobleza de Aragón, principalmente antes y después del Compromiso de Caspe, ya que Loarre fue uno de los más fuertes baluartes del Pretendiente y despechado fracasado conde de Urgel.

El Castillo- Es, sin género de dudas, lo más imponente fortaleza de castillo-roquero en el suelo español- su estado de conservación es bueno y presenta un sumo interés para el estudio de la arquitectura militar, civil y religiosa en el arte románico de los siglos XI, XII y XIII. Su situación, su aspecto, las anchas perspectivas de sus panoramas, sus diversos recintos amurallados y con la mayoría de sus torres, todo hace de Loarre lugar único para el enamorado de la Historia, del paisaje y del arte. Arqueológicamente son dignas de señalarse la portada principal del gusto del S. XII, la escalera del castillo, de aire tan medieval, la cripta, la iglesia primitiva con su magnífica colección de capitales románicos y la serie de estancias, llenos de romántico encanto, como la llamada sala de la reina.

Loarre, compensa la excursión por admirar y sentir uno de los más bellos y bravíos castillos medievales de España. Puedes sentirte como si estubieras en una famosa película.

4.ª Excursión: RIEGOS DEL ALTO ARAGÓN (CONDEFERACIÓN HIDROGRÁFICA DEL EBRO)

Para visitar estas interesantes obras de ingeniería se sale de Huesca por la carretera de Jaca (y en el kilómetro 85, numeración de Zaragoza a Francia), se toma a la izquierda la carretera que por Lupiñén y Ortilla lleva al poblado de Tormos, centro principal de las gigantescas obras.

La presa de la Sotonera (junto al Tormos) forma una de las presas mayores del mundo; estaba clasificada al iniciarse los trabajos como la mayor de Europa y la segunda de la Tierra. En virtud de las obras del pantano de Mediano (Huesca) y el de Reinosa, ambos también de la Confederación del Ebro, ocupara el tercer lugar. La presa tiene cerca de medio kilómetro y su fin es embalsar las aguas del Río Gállego (y del Sotón) para dar riego a una enorme extensión de las estepas aragonesas hasta las márgenes del Ebro (tierras de la Violada, de Monegros). Hoy, fertiliza ya grandes comarcas por el gran canal de Monegros (gran acueducto en Tardienta), el proyecto de la obra hiráulica es desviar (por la presa de Ardisa) las aguas del Gállego, realizando un papel paralelo con las aguas del Cinca en su presa de Mediano y concentrando ambas por un canal que cruzaría la provincia al borde meridional de los últimos pliegues montañosos, en esta gran presa de la Sotonera que se convertía en uno de los lagos más grandes de España. Debe visitarse (desde Tormos) la presa de Ardisa, sobre el Gállego, marchando por la carretera que junto al canal une las dos presas, por campos amenos de pinares y a las márgenes de este importante río. El turista debe regresar a la capital por Ayerbe.

AYERBE. - Fue cabeza de uno de los más importantes señoríos aristocráticos de Aragón. En las riberas del Gállego, tras salir de los famosos <<Mallos>>, uno de los fenómenos más curiosos e imponentes de la geología peninsular. La iglesia de San Pedro, conserva su torre románica y en la Sacristía una cruz procesional de 1522. En la doble y grandiosa plaza, la torre del reloj, último vestigio de la antigua iglesia de la Virgen de la Cueva. El palacio de los marqueses de Ayerbe es una de las más representativas y hermosas manifestaciones de arquitectura nobiliaria aragonesa. Su portada es muy bella (desdichadamente sin torres almenadas): es de estilo gótico del siglo XV con galería añadida en el XVI y en el centro el blasón de los Urríes. En este edificio se fortificaron los franceses (1809) con piedra secada de la destrucción de San Pedro, contra las fuerzas del general Mina. Cerca, dominando el pueblo, sobre empinado cerro, la ermita románica se San Miguel. No lejos, el monton de ruinas del que fue famoso castillo de Marcuello.

5.ª Excursión: A LA SIERRA DE GUARA (SAN COSME, VALDONSERA Y ARGUIS)

La sierra de Guara es para el entusiasta montañero y en general para el amante de las bellezas de la naturaleza, centro de excursionismo de sugestivos encantos, las diversas excursiones, que desde Huesca pueden planearse, son a la cual mas bellas dado el carácter de bravura y altivez de la sierra oscense, sus gargantas y congostos, sus soleadas, sus bosques, su agreste naturaleza, etc. Las principales son:
1ª De Huesca a Arguis (la prolongación de la autovía a Sabiñánigo une directamente el Pirineo con la capital): carretera atrevida, de pendientes y túneles. Se pasa por pintorescos pueblos (Nueno, Arguis, etc.) El emplazamiento del pantano de Arguis es muy pintoresco la subida al pico del Águila de sugestivo encanto.

2ª al <<Salto de Roldán>> uno de los mas imponentes tajos de montaña, labrados por las aguas del Flumen y mas adentro, en la encrespada serranía, el pantano de Vadiello, salida de Huesca por la carretera de Apiés.
3.ª A San Julián de Banzo (carretera de Barluenga) o bien por la moderna que arranca al pie de las ruinas de Montearagón. En la parroquia de San Julián, retablo gótico de San Martín, donado por Pedro IV. Desde San Julián al santuario de San Martín de la Valdonsera, es excursión obligada o en caballería. Este famoso santuario guarda poco de sus pasadas riquezas donadas principalmente por Pedro IV el Ceremonioso que tan devoto fue de él. Lo más famosos es el célebre frontal, con escenas de la vida de San Martín de Tours. Sin embargo, su romería tan típica de los pueblos del Abadiado y el lugar montaraz, le hacen atractivo y pintoresco.
4.ª Finalmente, el santuario de San Cosme, al pie del pico de Guara (arranque de los excursionistas que quieran escalarlo) bajo una ingente peña y en lo más áspero y abrupto de la serranía. Se va por la carretera de Barbastro, luego la de Colungo, la de Aguas y a la especial construida para los servicios del pantano de Calcón). Es una de las más pintorescas y bellas excursiones de la provincia de Huesca.


Tal día como hoy 25 de enero

1546 D. Hernando de Aragón decide ampliar de nuevo La Seo añadiendo tramos por el sur de las Naves.



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