El Mudéjar Aragonés, ejemplo del valor universal y excepcional del Arte. Aragon
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El Mudéjar Aragonés, ejemplo del valor universal y excepcional del Arte. Aragón.

Autor: Francisco Javier Mendivil Navarro Fecha: 7 de junio de 2021 última revisión


La UNESCO ha declarado Patrimonio Mundial el arte Mudéjar Aragonés. Este reconocimiento supone la ampliación del que ya se hizo con la Arquitectura Mudéjar de Teruel en 1986, por lo que viene a corroborar el valor universal y excepcional de este arte, dentro de la Comunidad Autónoma de Aragón.
Para ejemplarizar este reconocimiento se han elegido seis nuevos monumentos, que se suman a los ya existentes en Teruel, y que se sitúan en la provincia de Zaragoza (tres en la capital y tres en la Comarca de Calatayud.

La candidatura fue aprobada en junio de 2000 por el Comité de Patrimonio Histórico Español, y presentada por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte al Comite de Patrimonio Mundial de la UNESCO, el 19 de junio del mismo año.

El Mudéjar de Aragón es un arte excepcional, reflejo de un momento histórico (siglos XII-XVII), en el que en suelo aragonés convivieron tres culturas, la cristiana, la islámica y la judía. En Aragón esta convivencia era más respetuosa que en otras zonas de la Península Ibérica, y este ambiente de paz y respeto dio como resultado la realización en territorio aragonés del mayor número de obras mudéjares en toda la peninsula. Así nacieron obras de la de la má variada índole (arquitectura, pintura, yeserías, orfebrería, madera ...), de las cuales se conservan numerosos ejemplos, entre ellos los monumentos seleccionados, por ser los más representativos y los que mejor reflejan el fenómeno mudéjar como hecho histórico y cultural. En total existen en Aragón más de 150 monumentos, la mayor parte concentrados en la provincia de Zaragoza, aunque también presentes en las provincias de Huesca y Teruel.

En Aragón se creó un arte unitario que usó masivamente el ladrillo y la cerámica, salida siempre de magníficos talleres locales, pero a la vez variado, ya que se dio una gran diversidad de tipologías según las necesidades de cada momento y zona. De esta adaptación a las circunstancias nacierón tipologías únicas en el mundo como es el caso de los bienes declarados, descritos a continuación:

Proceso de declaración

El 28 de noviembre de 1986 el Comité de Patrimonio Mundial de la UNESCO declaro la Arquitectura Mudéjar de Teruel Patrimonio Mundial. En ella se incluía la Techumbre y la Torre de la Catedral de Santa María de Mediavilla, la Torre de la Iglesia de San Pedro, la Torre de la Iglesia del Salvador y la Torre de la Iglesia de San Martín.

El 13 de junio de 2000 se aprobó por parte del Comite de Patrimonio Histórico Español la candidatura del Mudéjar de Aragón (como ampliación de la declaración de la Arquitectura Mudéjar de Teruel), a propuesta del Gobierno de Aragón y avalada por numerosas instituciones públicas y privadas. Seis días más tarde, (19 de junio de 2000) el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte presentó todas las candidaturas españolas que han optado en el 2001 a la declaración como Patrimonio Mundial por parte del Comité de Patrimonio Mundial de la UNESCO, entre las que está el Mudéjar de Aragón.

A finales de este mismo mes (junio de 2000), se lleva a cabo el primer envío de documentación a ICOMOS Internacional, órgano asesor del Centro de Patrimonio Mundial de las UNESCO, para su estudio en profundidad. A este siguieron otros tres envíos de documentación en febrero, mayo y junio de 2001, y la visita de un miembro evaluador de ICOMOS Internacional para inspeccionar los bienes incluidos en la propuesta de ampliación.

La Oficina del Comité de Patrimonio Mundial en París (Francia) recomendó en los últimos días de junio de 2001 la candidatura del Mudéjar de Aragón para ser examinada en la sesión del Comite de Patrimonio Mundial en Helsinki (Finlandia). Esta se produce, de forma extraordinaria, entre los días 7 y 8 de diciembre del año en curso; la 25ª sesión oficial del Comité de Patrimonio Mundial comenzó el 11 de diciembre, con una duración de cinco días.

Justificación de la Candidatura

En 1986 la UNESCO incluyó en la lista del Patrimonio Mundial cinco monumentos de la ciudad de Teruel que representaban el arte mudéjar de la Comunidad Autónoma de Aragón. Posteriores investigaciones realizadas en esta materia, así como los cambios efectuados en el modo de "ver y entender" el Patrimonio Cultural, hacían aconsejable incorporar a esta declaración otros monumentos mudéjares con el fin de englobar y comprender de una manera universal el fenómeno mudéjar en toda su complejidad.

La ampliación solicitada permite, explicar una manifestación sociológica de varios siglos de duración, que se da fundamentalmente en el antiguo Reino de Aragón durante los siglo XII al XVII. Es decir, la convivencia e interrelación entre tres culturas (musulmana, cristiana y judía) que durante todo ese tiempo coexistieron pacíficamente intercambiando conocimientos y experiencias, de las cuales la arquitectura, las artes decorativas y el patrimonio arqueológico son el mejor testimonio conservado, junto con el gran número de términos etimológicamente árabes que perduran en la lengua castellana.

La cultura material mudéjar ha trascendido en el espacio y en el tiempo gracias a los procesos históricos de conquista y colonización de nuevas tierras, y que en la actualidad se extiende por las comunidades autónomas de Aragón, Castilla la Mancha, Extremadura, Andalucía y Canarias. Las técnicas constructivas pasaron también a Portugal, y a Iberoamérica donde hay ejemplos numerosos de edificios construidos siguiendo esta tradición arquitectónica. Pero no solamente ha superado barreras geográficas, sino también temporales, ya que aún hoy en día se siguen utilizando este tipo de técnicas constructivas, manteniendo vivas nuestras raíces e identidad culturales.

En definitiva, se pretende ejemplarizar un momento de la historia de España en que las culturas árabe y cristiana y, a menudo, la judía fueron capaces de convivir pacíficamente. El conocimiento y la difusión de estos fenómenos puede contribuir a desarrollar los valores universales de la cultura y de la paz. aragón es la única Comunidad Autónoma donde este hecho ha sido reconocido Patrimonio Mundial por la UNESCO por ser bienes singulares e irremplazables para la Humanidad.

Nuevos Monumentos del Patrimonio Mundial

Los seis monumentos seleccionados para ser incluidos en el Patrimonio Mundial destacan por la conservación de sus proyectos originales puesto que, aunque las fábricas hayan sufrido pequeñas reformas a lo largo del tiempo e inevitablemente se hayan tenido que sustituir piezas materiales para su mejor conservación, en ninguno de los casos se ha desvirtuado la esencia mudéjar de la obra.

1.- IGLESIA PARROQUIAL DE LA ASUNCION - Cervera de la Cañada (Zaragoza)

Estilo Arquitectónico: Mudéjar (Gótico).
Fecha de Construcción: siglos XIV-XV, finalizando su construcción en 1.426.
Descripción del bien: Iglesia-fortaleza construida por el maestro Mahoma Rami, de nave única, de tres tramos, ábside poligonal y capillas laterales entre los contrafuertes, sobre los que corre una tribuna característica de las iglesias - fortaleza mudéjares. La cubierta es de cruceria simple. El coro posee un alfarje decorado y pintado con motivos heráldicos y geométricos, y una inscripción en yeso en la que se lee el maestro de obras y el año de finalización de la iglesia. Todo el interior está profusamente decorado con agramilados pintados que tapan completamente los muros y la estructura real de la iglesia, y yeserías en los ventanales y en el antepecho del coro, con motivos geométricos y vegetales. El exterior presenta la tipología de fortaleza con dos torres - contrafuertes y un andador. La portada es gótica con yeserías.
Materiales Empleados: Ladrillo, piedra, yeso y madera.
Estado de conservación: La obra de restauración, va encaminada a la recuperación de motivos mudéjares como la pintura del ábside oculta por otra de época barroca y a la consolidación de la que recubre toda la nave y que es original del siglo XV, del mismo modo que la mayoría de las yeserías (ventanales, antepecho del coro ...) y el alfarje del coro bajo. Únicamente se ha sustituido la solería, dado que la original ya no era recuperable. La conservación de tantos motivos ornamentales de la época es excepcional y sólo se ha producido en un número reducido de monumentos como son las iglesias de Tobed o Torralba de Ribota.

2.- IGLESIA DE SANTA MARÍA - Tobed (Zaragoza)

Estilo Arquitectónico: Mudéjar (Gótico).
Fecha de Construcción: 2ª mitad del siglo XIV.
Descripción del bien: Iglesia de testero recto con tres capillas abiertas en la cabecera, nave única de tres tramos, alternados con otros más cortos, y capillas entre las torres-contrafuertes (que cuentan con estructura interna de alminar almohade). Los tramos principales se cubren con bóvedas de crucería sencilla, mientras los de separación van cubiertos con cañón apuntado que apoyan en las torres-contrafuertes. Estas torres son, junto a la tribuna o andador (abierta al exterior en arquerías apuntadas), los elementos que otorgan el carácter militar (de iglesia fortaleza) al templo, que presenta un volumen externo compacto y desornamentado, excepto su fachada occidental decorada con bandas de motivos geométricos en ladrillo resaltado y banda de azulejos en punta de flecha, formando paños. La decoración interior de la iglesia muestra pinturas y agramilados en los muros y en las bóvedas, yeserías labradas en ventanas y óculos, y labor de carpinteria pintada en las claves de las bóvedas y en el alfarje del coro elevado, a los pies.
Materiales Empleados: Ladrillo, yeso, cerámica, pintura y madera.
Estado de conservación: Edificio que apenas ha sufrido reformas y que mantiene la mayor parte de la decoración interior original. Es una decoración especialmente rica en agramilados, pinturas, yeserías y un alfarje policromado que fueron fruto del mecenazgo de la Orden del Santo Sepulcro, que en este lugar tenía una encomienda, y del papa Benedicto XIII. Incluso se conservan algunos graffiti de la época de gran interés.
Además de algunas obras de saneamiento, en 1984 se derrumbó el Ayuntamiento que estaba adosado al lado occidental de la iglesia, descubriéndose así la fachada occidental. Después de los trabajos de restitución de materiales y la apertura de la portada original, el óculo y los ventanales cegados recuperaron su antiguo esplendor.

3.- Restos Mudéjares del PALACIO DE LA ALJAFERÍA de Zaragoza

Estilo Arquitectónico: Mudéjar (Gótico-Renacentistas).
Fecha de Construcción: siglos XIV - XV.
Descripción del bien: Del palacio cristiano mudéjar se han conservado diversos restos: la capilla de San Martín, de tres naves con tres tramos cada una, cubiertos con bóvedas de cruceria sencilla y decorada con agramilados; la portada va enmarcada con alfiz orlado con rombos, y el tímpano decorado con arquillos mixtilineos. La torre del Trovador conserva pinturas de decoración geométrica, los palacios de Pedro IV (siglo XIV) y de los Reyes Católicos (siglo XV) poseen yeserías de ataurique y decoración geométrica en algunas puertas, ventanas y barandillas, así como techumbres talladas y pintadas, y solerías de cerámica. De la destruida capilla de San Jorge se conserva en el Museo Arqueológico Nacional un rosetón de yeso de tradición mudéjar.
Materiales Empleados: Ladrillo, yeso, madera y pintura.
Estado de conservación del monumento: Este es uno de los monumentos más complejos de Aragón en cuanto a su historia constructiva, que fue primero palacio real islámico en el siglo XI y, tras la Reconquista, sede de los monarcas cristianos. Fue, precisamente, en ese periodo entre los siglos XII y XVII cuando se desarrolló la fase mudéjar en la que distintos reyes aragoneses construyeron nuevas dependencias en el recinto
Destacó sobre todos ellos Pedro IV, quien mandó edificar la Capilla de San Martín, cuya portada mudéjar es del siglo XV y que, aunque en la actualidad su interior está habilitado como biblioteca, conserva su fábrica perfectamente e incluso fragmentos de decoración mudéjar agramilada y pintada, que ya han sido consolidados. Además este monarca am`lió la parte alta del palacio con una serie de estancias que fueron reformadas en época de los Reyes Católicos, pero de las que aún se conservan restos interesantes como ventanas y puertas de yesería, cuya recuperación ha primado en la reciente restauración y rehabilitación de todo el conjunto (1978-1988).
Del palacio construido por los Reyes Católicos sobre el de Pedro IV se conservan importantes estructuras como son la caja de escaleras que lleva al piso alto, con una espectacular balaustrada de yesería, y cuatro techumbres de madera, tres taujeles (uno de los cuales ha sido trasladado a otra sala para su mejor conservación) y el conocido artesonado del Salón del Trono, además de varias solerías de cerámica vidriada.

4.- TORRE e IGLESIA PARROQUIAL de SAN PABLO de Zaragoza

Estilo Arquitectónico: Mudéjar (Gótico).
Fecha de Construcción: siglos XIII - XIV.
Descripción del bien: Iglesia de tres naves de cuatro tramos, girola circundando el ábiside poligonal primitivo y claustro a los pies, rodeando a la torre. Naves, girola y claustro se cubren con bóveda de crucería simple. La torre, de planta octogonal, tiene estructura de alminar almohade, cubriéndose la rampa de escaleras con bóveda por aproximación de hiladas. Al exterior, presenta ocho pisos separados por frisos de esquinillas, concentrándose la decoración en los dos pisos inferiores, con motivos de espiga y de arcos de medio punto entrecruzados, y en el de campanas con vanos apuntados cobijando arcos túmidos gemelos y bandas de arcos y rombos. Los dos últimos cuerpos presentan vanos y decoración cerámica.
Materiales Empleados: Ladrillo, yeso y ceramica.
Estado de conservación del monumento: Esta importante iglesia zaragozana tiene una historia constructiva interesante. La parte mudéjar se centra en el cuerpo de naves, que originalmente fue una sola, construida al igual que la torre entre finales del siglo XIII y principios del siglo XIV, pero posteriormente fue ampliada a tres a finales del siglo XIV, cuando se contruyó además el claustrillo que envuelve a la magnífica torre mudéjar.
La construcción de varias capillas entre los siglos XV y XVIII, tanto en las naves como en los pies y la cabecera, y la construcción de una fachada neoclásica en el lado sur desvirtuaron en gran medida el aspecto original del edificio, aunque en el interior la disposición de las tres naves siguió siendo la misma. Se conserva la decoración de época mudéjar como por ejemplo los ventanales del ábside primitivo.
Sin embargo, el elemento mudéjar más notable, la torre, conserva su estructura original de alminar almohade y no ha cambiado ni su proyecto, (a excepción del añadido del último cuerpo renacentista y el chapitel barroco), ni su fábrica. El resto de la iglesia fue consolidada en las decadas de los 70 y 80.

5.- ABSIDE, PARROQUIETA y CIMBORRIO de la LA SEO de Zaragoza

Estilo Arquitectónico: Mudéjar (Gótico).
Fecha de Construcción: siglos XIII - XIV.
Descripción del bien: Se han conservado el ábside central y el colateral del lado oeste; tienen planta poligonal y se erigen sobre los primitivos ábsides románicos, hechos en piedra. Predomina la decoración de esquinillas y motivos de entrelazo entre las ventanas, así como cerámica multicolor en el ábside mayor y complicada tracería con el escudo de la familia Luna en sus ventanales. La capilla de San Miguel o "parroquieta" es de nave única de dos tramos: el del presbiterio se cubre con una armadura de limas de moamares que pasta de la base cuadrada al octógono medio de cuadrantes; el almizate octogonal es un cúpula de mocárabes. El muro exterior es un gran lienzo, perforado por 4 vanos apuntados, decorado con motivos realizados en ladrillo resaltado como arcos mixtilineos, lazos, rombos, espigas ... combinados con aplicaciones de cerámica, así como con las armas heráldicas de don Lope Fernández de Luna.

El cimborrio actual es octogonal sobre trompas, volteado por medio de cuatro parejas de nervios que se cruzan dejando en el centro un nuevo octógono sobre el que se levanta la linterna. Al interior, el primer cuerpo es ciego y se decora con nichos que alojan imágenes de los evangelistas y los Padres de la iglesia, y el superior va calado con 8 ventanales apuntados con tracería, al igual que en la linterna aunque, en esta, de menor tamaño. Al exterior posee dos cuerpos octogonales y gruesos contrafuertes, abiertos con ventanas y decorado con un friso de rombos en diagonal.
Materiales Empleados: Ladrillo, yeso, ceramica y madera.
Estado de conservación del monumento: En este monumento advocado al Salvador, edificado sobre la antigua mezquita aljama y fruto de muy diversas fases constructivas, destacan varios elementos de estilo mudéjar.
En primer lugar, la capilla funeraria de don Lope Fernández de Luna conocida como La Parroquieta de San Miguel, levantada a finales del siglo XIV y que conserva integro uno de los más bellos lienzos de decoración mudéjar, en el que lo aragonés y lo sevillano se fusionan ricamente.
Además, en el interior cobija una espectacular armadura de limas moamares (variedad de la que sólo existe otra en todo Aragón), conservada en perfecto estado.
Los otros dos elementos se deben al mecenazgo de Benedicto XIII, gran impulsor del arte mudéjar. Se trata en primer lugar del recrecimiento de los ábsides románicos siguiendo el nuevo estilo y rematándolos con almenas típicas del arte almohade. Y, en segundo lugar, se construyó un nuevo cimborrio sobre el anterior, que aunque también desapareció, conservó la parte baja mientras que l aparte alta fue reconstruida en el siglo XVI también en estilo mudéjar, sirviendo de ejemplo a los de otras catedrales como Teruel y Tarazona.
La Seo del Salvador ha sido restaurada desde los años 30; estas intervenciones, con más o menos acierto, la han ido librando de construcciones anejas que impedian su completa visión y disfrute.
asimismo, en los últimos 20 años se ha llevado a cabo una laboriosa restauración de todo el templo tanto del exterior como del interior, que ha permitido devolverle su aspecto original y diferenciar mejor sus etapas constructivas.

6.- ABSIDE, CLAUSTRO Y TORRE de la COLEGIATA de SANTA MARÍA de Calatayud

Estilo Arquitectónico: Mudéjar (Gótico-Renacentista).
Fecha de Construcción: siglos XIV - XVI.
Descripción del bien: De la primitiva construcción mudéjar se conservan el ábside, claustro y la torre.
El ábside poligonal, construido en ladrillo y sin contrafuertes, cuenta con arquerías apuntadas en la parte inferior y de medio punto en la superior. El claustro, del siglo XIV, presenta una estructura mudéjar de planta rectangular, abriéndose la logia a un patio interior mediante arcos apuntados, separados por contrafuertes de sección rectangular. Los tramos se cubren con crucería sencilla, cuyos nervios apoyan en columnitas adosadas en el lado del patio y ménsulas en el muro interior. La sala capitular vieja, en el ángulo suroccidental, posee planta cuadrada y bóveda de crucería sencilla, con acceso a través de arco apuntado con intradós de triple moldura, todo en alabastro; el acceso está flanqueado por dos vanos geminados túmidos. La torre octogonal, de finales del siglo XV, queda corrida por contrafuertes en las aristas; la parte baja aloja una capilla cubierta con crucería, sobre la que se levanta la estructura de alminar almohade, de doble torre, la interior con muros muy delgados, separadas ambas por escaleras abovedadas con ladrillo por aproximación de hiladas. Exteriormente posee abundante decoración en ladrillo formando esquinillas, rombos, cruces y diversos motivos geométricos. Materiales Empleados: Ladrillo, yeso y alabastro.
Estado de conservación del monumento: La Colegiata es desde siempre la iglesia más importante de esta localidad y por ello se han realizado obras de ampliación, reforma y acondifionamiento a los nuevos tiempos, pero en la actualidad aún se conservan tres partes esenciales de lo que fue el edificio mudéjar que sustituyó a la mezquita aljama.
En la última obra, realizada en 1998, se ha restaurado el claustro, para asentar definitivamente la fábrica, y recuperar el mudéjar original, quitándole los añadidos de la restauración de 1967 que modificarón el proyecto original. El ábside nunca ha sufrido reformas destacables, aunque sí algunos trabajos de limpieza y restitución de piezas.
La torre mudéjar nunca ha experimentado cambios en su fabrica y actualmente está siendo restaurada para limpiar y sustituir algunos ladrillos mal conservados por la erosión.

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MORA DE RUBIELOS
LA RUTA DE LA NIEVE

La zona del Maestrazgo es pródiga en parajes pintorescos y pueblos de rancia historia, diseminados entre densos pinares y abruptas barrancadas. Los hay situados en suaves laderas y en altivas cimas. En cada recodo del camino esperamos hallar un nuevo programa, una grata sorpresa para deleite del espíritu, ávido de emociones plácidos.

Entre estos pueblos de acusada fisonomía, destaca Mora de Rubielos, por su alcurnia y abolengo.

Se halla situado a 42 kilómetros de la capital (Teruel) y a 1.035 metros de altitud. El número actual de habitantes de esta villa es de 2.400 aproximadamente. A finales del siglo XVI tenía unos 150 vecinos, que fueron aumentando hasta 700 a finales del XVIII.

Hoy, esta importante villa va adquiriendo un sereno afianzamiento bajo la importancia del turismo de verano y de invierno. Recientemente se inauguró el amplio hotel <<Mora de Aragón>>, en las inmediaciones de la villa, en el declive de un montículo poblado de pinos. Dentro del pueblo hay también otras fondas y restaurantes para atender, cumplidamente, las crecientes necesidades turísticas.

Además de esto, la industria se ve afianzando con sus dos industrias de la madera y la nueva fábrica <<Mora Industrial>> de confecciones.

Esta es, actualmente, la villa de Mora, que tiene las siguientes vías de acceso; por la Tierra Baja y en las inmediaciones del pueblo de Gargallo, un desvío de la carretera general nos lleva a Aliaga, y desde allí, por Camarillas y Alcalá de Mora. Desde Castellón, siguiendo la carretera que pasa por Cortes de Arenoso y Rubielos, se llega a nuestra villa. Otra ruta mas corriente es la carretera de Valencia a Teruel, por un desvío que hay cerca de la estación de Mora. Y, finalmente, por la misma carretera en el recorrido de Teruel a Valencia, pasada la Puebla de Valverde, se toma otro desvío que nos llevará a

LA VILLA DE MORA.

Dejamos atrás una serie pintoresca de modernos chalets, entre pinos y accidentes del terreno.

La pequeña ermita de la Virgen de la Soledad, con atrio porticado, nos da la bienvenida. Desde el contemplamos el caserío que se extiende adaptándose al accidentado terreno y dominado todo él por la robusta silueta pétrea del castillo.

Al fondo, cerros y montes. Y allá lejos, como colgada del cielo, la crestería de los altos de San Rafael, sierra de Gudar altiva y bravía, con bellos matices de azul y violeta, que provocan la lejanía inalcanzable.

Es como un fondo velazqueño de retratos reales ecuestres.

Entrando en la villa atravesaremos un puente. Bajo é discurren breves, silenciosas, las aguas de un pequeño río, del río Mora, afluente del Mijares, que contornea el poblado regando sus pequeños hurtos, que tienden su alfombra esmeralda a los pies del caserío.

La rígida y voluminosa silueta del castillo nos atrae. La calle principal, calle de José Antonio y antigua de las Parras, conduce a la plaza de la iglesia. Antes encontramos, a la derecha, unos viejos soportales, vestigios de lo que debió ser toda la calle. Hoy, a su izquierda, se alzan los viejos caserones de Pilón y Marín.
La plaza de la iglesia es sencillamente encantadora. Toda ella en cuesta hacia el castillo, nos muestra, el fondo, la bella casa del cuarto, de piedra de sillería, con sus arcadas rebajadas bajo el saliente alero y su acrisolado sello renacentista. Junto a ella otra casona de viejos tiempos, hoy disfrazada estúpidamente su fachada y en la que queda, como un agudo grito de protesta, el antiguo portalón apuntado, vestigio del esplendor gótico de la villa.

En esta plaza, frente a la iglesia, otra fachada de sillería, sobria y sin personalidad, recuerda a los del lugar que fue una fachada gótica con ventanas de este estilo y con parteluz, igual que las de la iglesia. Eran como un espejo de aquellas. Desde sus ventanas predicó San Vicente Ferrer. Y en medio de la plaza una cantarina fuente, de cuatro caños, alegre y bulliciosa, ofrece reposo y espera. Su graciosa silueta produce un alocado contraste con la austeridad mística de

LA IGLESIA COLEGIAL.

Desde 1944 es Monumento Nacional.
¿Cómo fue esta iglesia? Habiendo reconquistada la villa en el año 1171, su primitiva iglesia sería de una sencilla estructura románica, como sucedió con las primitivas iglesias de Teruel. Habría al frente de ella un rector o plebano, según nombre que se daba en la época al sacerdote que se hallaba al frente de la parroquia. Y, como todos los demás, se sostendría con los diezmos de tierras y ganados de su término.

Pero surgieron los señores de Mora, pujantes y opulentos. El pueblo se había enriquecido y aumentado su población. Quizá esto y la misma Ambición familiar, hicieron pensar a don Juan Fernández de Heredia el aumentar el número de sacerdotes para su servicio religioso. Así se consiguió, por algunos años, que se estableciera una vicaria y seis raciones.

El segundo señor de Mora, de igual nombre que el primero, forjó la ilusión de convertir la iglesia en colegiata. Se tramitó la consiguiente solicitud al arzobispo de Zaragoza, entonces don Dalmau de Mur y éste, en 1454, concedió la erección de la colegiata bajo el título de Santa María, estableciendo que sus servicios religiosos serían atendidos por ocho canónigos. El Papa español Calixto III, amigo de los Heredia, confirmó la erección de la colegiata en 1458. Categoría que perdió en el concordato en 1851.

Con motivo de ser colegiata y siguiendo ese impulso de ostentación, de inmortalizar el apellido, se acometió la obra de la nueva iglesia. Este espléndido mecenazgo dio como resultado la maravillosa y monumental obra que hoy contemplados.

Se trata de una iglesia gótica del grupo aragonés, de una nave y capillas hornacinas entre los contrafuertes. Este grupo gótico aragonés se suele unir al mudéjar, con sucede en San Pedro de Teruel y en Santiago de Montalbán. Los Heredia, opulentos y señores, o influenciados por aires de fuera, optan por la costosa piedra que les permite realizar una obra audaz y grandiosa. Esta extraordinaria nave mide treinta y seis metros de longitud, veintiuno de altura y diecinueve de ancho, y he aquí la audacia de la obra, su anchura.

Es tres metros menor que la catedral de Gerona, siguiéndole en anchura. Esta catedral de Gerona está conceptuada como la mas ancha de España. Para sostener el brioso empuje de la bóveda de esta amplia nave de la colegias de Mora, recios contrafuertes la atenazan por sus costados, como pétreos dedos, entre los cuales se escapa el débil parpadeo de los óculos flamígeros.

La portada abocinada está compuesta de múltiples jambas escalonadas que rematan en arcos apuntados. Los capiteles tienen interesantes cabezas talladas. Las capillas están iluminadas por ventanas góticas con parteluz.

El fundador, don Juan Fernández de Heredia, está enterrado en la cripta, bajo el coro, en sepulcro con escultura yacente; allí reposa para la eternidad el gran mecenas que dio vida a esta ingente obra.

La reja del coro imita la rejería catalana en la catedral de Barcelona. ¿Por qué este Heredia no pensó en los famosos rejeros turolenses, los Cañamache, que por aquel entonces forjaron la mas bella reja gótica de España... para entonces colegiata de Teruel?

Esta maravillosa obra ha sido recientemente restaurada por la Dirección General de Bellas Artes, a falta de claustro, limpiándola de todos los revestimientos, pero las obras de arte desaparecieron en la pasada contienda.

Como obra de generaciones hay una pequeña variedad de estilo, la cual se acusa mas en el claustro y la torre, que son obras del siglo XVII.

Y ahí está la hermosa y espléndida colegiata, cerrando la bella y evocadora plaza, desde donde iniciamos el recorrido por las
CALLES DE LA TRADICIÓN

Descendiendo hacia la torre llegamos a una recoleta y sosegada plaza, como no, la plaza de las monjas.

Al fondo de ella una de las puertas de la villa marca la antigua ruta ¿de Teruel? A la izquierda un viejo caserón- convento, con una equilibrada y serena fachada, serenidad de almas en oración. A la derecha, la verticalidad aplastante de la torre de la iglesia, fría, seca, con afiladas aristas donde se cortan, con aullidos, los vientos gélidos.

Paseando lentamente con sosiego, con unción, recorremos la calle de las cuatro esquinas, con vetustas casas, destacando por su gracia y sabor la de Cortel de la Fuente del Olmo.

Si seguimos los porches de la calle de Primo de Rivera pasando por un viejo portalón, quizá parte de la primitiva muralla (antes del crecimiento de la villa), llegamos a la Plaza Mayor. el Ayuntamiento se alza sobre un porche con arcada, típica tradición turolense, pero obra de poca importancia. Y ¿Cómo nos acercarnos a contemplar el Portal de Alcalá o Portal del Olmo?

Este portal alza su estructura en la parte baja, casi en el barranco, y extiende sus brazos de muralla agarrándose al castillo y a los fuertes del Calvario, ansioso de su protección.

Esta es Mora. Y no de desnudeces y tules incitantes, de lejano recuerdo. Es Mora de Zarza, dulce y punzante, con fruto sabroso y espinas agazapadas.

Mora pintoresca bulliciosa, que guarda con orgullo en sus fiestas la típica tradición del toro de Fuego, atrayendo multitud de forasteros curiosos de ver y gozar el bello y audaz espectáculo nocturno, cuando la fiera embravecida recorre veloz las vetustas calles huyendo de su propio mal, figurando una estrella fugaz y ardiente en la inquieta oscuridad. Bella y legendaria estampa, reminiscencia del medioevo, cuando el toro de fuego fue utilizado como arma de guerra, incendiando y destruyendo cuanto hallaba a su paso.

Esta es Mora, la altiva y señorial, que vivía laboriosa y tranquila en su recinto amurallado bajo la protección vigilante de
EL CASTILLO

Hagamos un poco de historia sobre esta voluminosa obra, Monumento Nacional desde 1931, y de la villa aneja, que protege.

Los castillos fueron base y defensa de los poblados en aquellos tiempos heroicos. La misma suerte que corría el castillo la corría el pueblo, generalmente. Este es el caso de Mora, que con su castillo pasó de mano en mano, de señor en señor, por conquista, donación o venta. Como un objeto cualquiera. Era el signo de la época. Hasta que cayó, por fortuna, en manos de los Heredia, que le darían lustre y fama.

El hecho empezó así; las huestes cristianas al mando de Alfonso II, van conquistando tierras aragonesas, arrancándolas del poder de los moros, con tesón y bravura. En 1171 es conquista Teruel y el avance sigue en el mismo año hasta Mora, para hacerla frontera con los infieles.

En 1189, Pedro II donó el casillo de Mora a don Pedro Ladrón. Necesitaba asegurar su defensa y repoblación, bajo un patronazgo leal. La pequeña aldea va adquiriendo confianza y desarrollo, a la sombra protectora del castillo, posible reconstrucción de una fortaleza sarracena.

En 1204, los ejércitos de la cruz y la espada, levantan sus fronteras y las adelantan hasta Rubielos. Las lanzas cristianas van apuntando al corazón de Valencia.

Mora ya queda atrás, tranquila y sosegada, siguiendo los avatares de la comunidad de aldeas de Teruel. Sus gentes presienten ya la conquista de Valencia, que a su tiempo celebrarían con grandes fiestas, pues los << serranos >> tomaron parte activa y lúcida en la operación.

Pero a Mora aún le quedaban por pasar muchas inquietudes. Jaime I, en su testamento de 1272, hace donación de Jérica y su baronía, que incluía el castillo y la villa de Mora, a su hijo bastardo, habido con doña Teresa Gil de Vidaurre, y de igual nombre que él. El señor de Jérica casó con doña Alfa, hija de don Álvaro Pérez de Azagra, cuarto señor de Albarracín, el señorío independiente ubicado en los montes Universales.

Cuando la guerra de los reyes de Castilla y Aragón, Pedro I y Pedro IV, la baronía de Jérica y con ella Mora, la había heredado don Pedro, hermano de Jaime (II) de Jérica.

Y fue entonces cuando surgió la traición aragonesa en la persona de un descendiente de rey. En defecto, el señor de Mora se puso de parte del rey de Castilla y las tropas de éste ocuparon la villa y el castillo de Mora para mejor defenderlas. Habiéndola situado el conde de Prades, los sufridos habitantes de Mora organización su << quinta columna >> y abrieron las puertas al sitiador, con lo que pasó de nuevo a la corona de Aragón en 1364.

Parece ser que el señor de Jérica no hizo caso de ellos y vendió la villa de Moro y su castillo a don Hugo, vizconde de Cardona, en 1367 y éste, finalmente, volvió a venderla en el mismo año por 260.000 libras barcelonesas, a don Blasco Fernández de Heredia, señor de Foyos, quien se presionó de ellos en 1369. ¿Habían terminado con esto las transacciones de la paciente villa ¿ Si y no. Si en cuanto quedaba en manos de los definitivos dueños, que volcarían en ella todos sus afanes. No por cuanto que en 1370 hizo donación del castillo de Mora y villa de Valbona a su sobrino don Juan Fernández Heredia, llamado el Noble y el Póstumo, quien definitivamente daría comienzo al gran señorío de los Heredia.

Muchas aldeas de la provincia de Teruel fueron a engrosar, por herencia, el patrimonio de los Heredia.

En 1376 adquirieron, por 11.000 florines de oro de Aragón, Alcalá de la Selva, que durante dos siglos había pertenecido a los religiosos de la Gran Selva.

Afianzados los Heredia en el señorío de Mora, daría comienzo a su gran obra sobre la villa, en primer lugar, debió rehacerse el castillo, que sufriría en la guerra de los Pedros. Y dada la opulencia de los Heredia comenzaron una nueva obra de extraordinaria solidez, que garantizase plenamente

Su defensa. Asimismo, las dos torres que flanquean la puerta principal, tienen una base, según tragaluces que dan al sótano, de seis metros de espesor; toda una montaña de piedra.

La obra debió comenzarla, naturalmente, don Juan Fernández de Heredia llamado el Noble, hacia finales del siglo XIV.

Como ya hemos visto, allí estaría el castillo moro, que después restaurarían los cristianos. Castillos que usaron los señores de Jérica hasta defenderse en él los castellanos, cuando la guerra de Castilla y Aragón.

El castillo, a cuyos pies se extiende el pueblo, es de planta cuadrangular y todo él de piedra de sillería. Las paredes, los muros, tienen un impresionante espesor.

Como centro de esta planta cuadrilátera, hay un amplio patio de la misma forma, con arcadas apuntadas formando claustro. En dos de sus caras, contiguas éstas, hay un segundo cuerpo de galerías con arcadas de medio punto y fustes octogonales. Esta reforma debe corresponder a cuando don Jorge Fernández de Heredia fundó en él, convento de San Francisco, en el año 1614.

Las otras dos caras tienen, en el segundo cuerpo, ventanas góticas con parteluz, si bien algunas muy deformadas, y a las que la restauración va devolviendo su primitiva forma.

En torno a este hermoso pueblo, que tiene, naturalmente, su aljibe, giran las dependencias del castillo.

Bajo los grandes salones que se desarrollan en esta planta, hay dos pisos de sótanos con bóvedas de cañón corrido y en alguno de ellos el piso es de la misma roca. A estos sótanos se desciende por una amplia escalera de caracol, clásica escalera formada por largos peldaños de piedra, de una sola pieza, como es corriente.

Los grandes salones de la planta baja tienen techumbre de madera y en ellos ponen su gracia los amplios ventanales góticos con parteluz y los dos clásicos bancos de piedra a derecha e izquierda y, en este caso amplísimos, por el grosor del muro. Bellos rincones desde los que se contempla un bello panorama y que fueron deleite y ensueño de lindas damas angustiadas por la vuelta del ser querido, o alerta el oído, al meloso canto del juglar.

Pero todo esto ¡ay! Está cambiando, tan deteriorado por el tiempo y mas por los hombres, que ha sido precisamente la intervención de la Dirección General de Bellas Artes para volverlo a su primitivo estado.

Y no es extraña esta situación. La instalación del convento de franciscanos exigió muchas reformas. Una de ellas fue abandonar la iglesia primitiva e instalar otra en otro lugar, descarnado los muros. Luego se hundió la techumbre de la iglesia primera, quizá en el incendio que en 1700 destruyó gran parte del castillo y el importante y rico archivo.

Mas adelante fue cuartel de la Guardia civil. Nuevas e importantes reformas. Total, completamente desconocido.

Pero era demasiada mole de piedra para que se fuera abajo y la restauración llegó a tiempo.

En cada uno de sus cuatro ángulos, un torreón octogonal hace guardia permanente.

Tiene una salida normal, amable, hacia el pueblo, con el que tiene su contacto diario. Y en la parte opuesta, en oriente, la puerta principal.

Esta se abre en un amplio torreón cuadrado y flanqueada por dos de los cuatro torreones octogonales. Y a los pies de la puerta, el foso natural.

De las caras laterales del castillo partía la muralla como un fuerte cinturón apretando amorosamente al pueblo.

Y como punto de apoyo par ala defensa del castillo, al otro lado del barranco, en la cumbre del cerro del Calvario, aún quedan en pie esbeltos torreones, centinelas alertas sobre la amplia panorámica.

Esta hermosa obra, como ya hemos dicho, debió comenzarse a finales del siglo XIV y se debió terminar en el siglo XV.

Cuando esta obra se halle totalmente restaurada, será un bello ejemplar de castillo gótico, muy evocador y digno de ser visitado.

Será una verdadera joya para Mora, la de la excolegiata, que se halla tan cerca del castillo, que entre ambos casi no hay espacio para que pueda huir la carretera, que va hacia.

LA RUTA DE LA NIEVE

La carretera se empina hacia las altas cumbres. El paisaje se va haciendo tupido, hasta que el elemento primordial, el alma del paisaje, es el pino. El pino permanente, audaz. El pino con ramas como brazos de asunción. Entre sus troncos pardos se vislumbran profundidades estremecedoras y cumbres altivas; la esmeralda nos envuelve lujosamente. Llegamos al puerto de Alcalá (1.600 metros). Al fondo la vega, tras un descenso impresionante.

La ermita de la Virgen es de grandes proporciones y mal calculados sus contrarrestos. Hoy los pilares, a los que se pone ya tirantes de hierro, cabecean hacia el exterior bajo el peso de la bóveda. La obra fue levantada en 1715 por el maestro Juan Escuder, según diseño de un padre carmelita. En su interior se venera la Virgen del Espino (hoy la Virgen de la Vega), que fue una bella imagen románica, antes de ser restaurada.
Hay pinturas en el camarín, algo interesantes. Menos lo son las del crucero, realizadas a principios del siglo XIX.

En torno a esta ermita, levantada en una amplia vega rodeada de arriesgados montes cubiertos frondosos pinares, se ha desarrollado un amplio complejo turístico, con pintorescos chalets de variadas estructuras y cómodas fondas para refugio de los practicantes del deporte blanco. O de los no practicantes, que también son muchos los que van a ver y pasar los fines de semana entre esta alegre y bulliciosa multitud. Costosos complejos que tiene dos vertientes fructíferas; el invierno y el verano.

Caminamos hacia Alcalá, distante un kilómetro, por la vega pintoresca. Antes de llegar a él dejamos a la derecha el desvío que conduce allá lejos, a la Gascuña.

Pero sigamos hacia el poblado:
A poco se encuentra el humilladero, que se alza sobrio, acogedor, persuasivo. Es una obra renacentista de piedra de sillería, levantado en 1627 por Juan Palomar y de Torres, hijo del lugar, según señala una lápida en las pistas de nieve, que distan ocho kilómetros.

Alfonso II, preocupado por asegurar las conquistas, donó en 1174 el Castillo, décimas y patronato del pueblo, al monasterio de Selva Mayor.

Es de base cuadrada con cuatro arcos y cúpula, y cuatro hornacinas en el interior de cada ángulo. Lástima que permanezca vacío y que la cruz, ala que servía de dosel, haya desaparecido y no se haya puesto una imitación, al menos, que justifique el por que de esta obra.

Alcalá está ante nosotros. Sobre el poblado la silueta del castillo y como manto condal, colgado en el fondo, el monte sombrío.

Que poco podían hacer por el pueblo, solamente darle el apellido. Y así fue: Alcalá de la Selva.

Pero esto era insostenible, y como hemos vito, dos siglos después, en 1376, fue vendida al Señor de Mora, por once mil florines.

El castillo, de origen árabe, está totalmente ruinosos, situado en la cumbre del cerro, su silueta mutilada nos habla de olvidadas epopeyas.

En la parte alta del pueblo se halla la iglesia.

Es de estilo renacentista y fue inaugurada en 1614.

Su portada es fría, como los vientos de estas alturas y desarticulada con la superposición de varios órdenes. En ella está esculpido el escudo del señor de la Villa, el conde de Fuentes y marqués de Mora. Su interior está muy mixtificado con revocos.

Esta es Alcalá, con sus calles morunas, retorcidas y empinadas. Con sus entes sencillas, de alma serrana.

Alcalá con su Virgen de la Vega y sus complejos turísticos diseminados por sus contornos, es el último punto de apoyo para

EL DEPORTE BLANCO

Un grupo de pueblos tiene su esperanza puesta en el deporte blanco. Las esperanzas puestas en esa nieve, que años atrás, ponía espanto en el alma y los tenía aislados días y días, como en absurdos lazaretos, sin saber de nada ni de nadie, hasta que el tiempo mejoraba, la nieve iba desapareciendo y de nuevo se podía transitar por ellos.

Hoy todo ha cambiado. Las máquinas avientan la nieve de los caminos, cientos de coches se concentran en la inmensa sabana suavemente ondulada, como sostenida por los cuatro puntos cardinales.

Se ha levantado el ánimo de estos pueblos dormidos en el regazo de las altivas montañas.

La alegría juvenil de los deportistas, siembra de rosas la nieve. Y aquellos pueblos olvidados van recobrando su esperanza y su ilusión, al ritmo actual de la vida inquieta del deporte blanco.


Tal día como hoy 21 de enero

1287 Las tropas aragonesas conquistan la isla de Menorca.
1571 El cronista Zurita es nombrado por el rey Maestre Racional de Zaragoza.



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